Los productores sudafricanos de carne roja y lana deberán acreditar el origen ante mayores exigencias de los compradores
En las asambleas generales anuales conjuntas de la Red Meat Producers’ Organisation y la National Wool Growers’ Association en Cabo Occidental, un panel advirtió que los ganaderos sudafricanos tendrán que demostrar dónde y cómo se produjeron sus productos. El retraso en trazabilidad y las fallas de bioseguridad pueden costar el acceso a mercados de exportación como Egipto y Arabia Saudí.
Los productores sudafricanos de lana y carne roja deberán acreditar cada vez más dónde y cómo se elaboraron sus productos si quieren proteger y ampliar sus mercados. Esa fue la conclusión de un panel celebrado durante las asambleas generales anuales conjuntas de la Red Meat Producers’ Organisation (RPO) y la National Wool Growers’ Association (NWGA) en la provincia de Cabo Occidental. Las reuniones tuvieron lugar en Nampo Cape, en Bredasdorp, según informó Algoa FM.
Saber producir ya no basta para vender
Hendri Truter, director ejecutivo de Deli-Co Meat Wholesalers, señaló ante el panel que la solidez productiva por sí sola no garantiza un mercado. “Los agricultores sudafricanos saben producir, pero tenemos que entender que debemos producir lo que el cliente está buscando”, afirmó.
A partir de la experiencia de la empresa familiar en la producción y comercialización de carne, Truter explicó que acercarse al consumidor dejó en evidencia lo rápido que cambian sus expectativas. Los clientes quieren saber cada vez más de dónde viene su alimento, si es seguro y si su origen puede verificarse a lo largo de la cadena de valor. Las normas fijadas en los eslabones finales, dijo, terminan trasladándose hasta la explotación. “Si quiere comercializar su producto en el futuro, va a tener que cumplir con los estándares.”
Truter instó a los productores a acercarse a sus industrias y a sus mercados: una mejor comunicación y una comprensión más clara de los requisitos permitirían que la cadena avance más rápido. También advirtió que la cadena de valor es tan fuerte como su eslabón más débil, lo que exige una participación amplia en buenas prácticas de producción y bioseguridad.
Trazabilidad: las condiciones las fijan los países importadores
El vicepresidente nacional de la RPO, Angus Williamson, señaló que Sudáfrica tiene oportunidades crecientes de exportación de carne roja en mercados como Egipto y Arabia Saudí, pero que son los países importadores los que determinan las condiciones que debe cumplir el proveedor. “Si esas son las reglas del juego, es a lo que tenemos que adaptarnos”, dijo.
Williamson indicó que Sudáfrica está rezagada frente a algunos otros países africanos en trazabilidad ganadera, mientras que la industria lanera ya demostró que esos sistemas funcionan. Advirtió a los productores contra la idea de que la trazabilidad sirve sobre todo para conseguir un sobreprecio. “No hace falta ir a la opción Rolls-Royce”, dijo, y añadió que un sistema básico de caravanas puede ser suficiente. El riesgo mayor, a su juicio, es que ciertos compradores excluyan cada vez más a los animales que no formen parte de un sistema de trazabilidad.
El gerente general de la NWGA, Dan Kriek, amplió la discusión más allá de la trazabilidad: se espera cada vez más que los sectores agropecuarios puedan demostrar cómo se produjeron sus productos. Los consumidores piden garantías no solo sobre el origen y la calidad, sino también sobre el bienestar animal, el cuidado ambiental y el trato a las personas que participan en la producción. Esas exigencias difícilmente desaparecerán y podrían endurecerse, lo que aumenta el peso de la certificación creíble y de la capacidad de sustentar las declaraciones de sostenibilidad. Kriek considera que la industria lanera está bien posicionada, pero subrayó que las prácticas sostenibles deben extenderse a todo el sector ganadero.
Bioseguridad y preparación sanitaria
Williamson afirmó que las lecciones del brote de fiebre aftosa reforzaron la necesidad de que la bioseguridad forme parte de la gestión diaria del establecimiento y no solo reciba atención durante una crisis. Entre las medidas mencionadas en el panel figuran:
- aislar al ganado recién incorporado;
- asegurar que los empleados comprendan los protocolos necesarios;
- mantenerse atentos a amenazas sanitarias más allá de las que ocupan los titulares.
Las consecuencias van más allá del establecimiento afectado. Los países importadores exigen garantías sobre el estatus sanitario y el origen de los productos ganaderos, y un problema de enfermedad animal puede afectar la capacidad de toda una industria para abastecer determinados mercados.
Kriek se refirió a los preparativos frente a la fiebre del valle del Rift y advirtió contra la complacencia por el hecho de que el último brote importante ocurrió hace muchos años. Recordó las graves consecuencias del brote de 2009 a 2011 y dijo que el sector ya empezó a prepararse ante un posible nuevo episodio tras las señales de alerta del año pasado. Una preocupación central es si podrán producirse y estar disponibles suficientes vacunas antes de que se necesiten. Para Kriek, otro brote no es cuestión de “si”, sino de “cuándo”.
La agricultura organizada como canal de gestión
Kriek explicó que la NWGA y la RPO ya trabajan juntas, junto con otros actores del sector, en problemas que afectan tanto a la lana como a la carne roja. En lugar de duplicar esfuerzos, las organizaciones aprovechan sus respectivas áreas de especialidad: una lidera un tema determinado y la otra da apoyo. La cooperación alcanza asuntos como la depredación, donde los organismos sectoriales trabajan conjuntamente en investigación y recopilación de información.
Kriek criticó la tendencia a trasladar los debates agrícolas complejos a grupos de WhatsApp y redes sociales, donde se pierden con facilidad el contexto y los matices. La agricultura organizada, desde las organizaciones de productos y las estructuras provinciales hasta los órganos nacionales, puede en cambio canalizar los problemas detectados en la base hacia estructuras con la experiencia e influencia necesarias para tratar con el gobierno la legislación, la regulación, la sanidad animal y los asuntos que afectan a cadenas de valor completas. El mensaje general del panel fue que elaborar un buen producto sigue siendo fundamental, pero ya no alcanza por sí solo.