El retroceso agrícola de Italia aumenta su dependencia de cereales y aceite importados
La producción italiana de maíz, trigo, peras, melocotones y aceite de oliva cayó entre 2006 y 2025, según datos de Istat publicados por La Discussione. Las importaciones ya superan a la producción nacional de trigo y maíz, mientras que las compras de aceite de oliva equivalen a alrededor de una vez y media la producción del país.
Se reduce la superficie cerealista y crece la demanda importadora
La agricultura italiana ha cambiado de forma notable durante dos décadas y ha reducido el suministro nacional de varios cultivos esenciales para las industrias alimentaria y ganadera. El informe de Istat sobre las producciones agrícolas y ganaderas de 2025, recogido por La Discussione, compara la situación de 2006 con la de 2025. Los datos muestran fuertes descensos en maíz, trigo, peras, melocotones y aceite de oliva, junto con avances en soja, determinados forrajes, manzanas, kiwis y clementinas.
El maíz registró uno de los mayores retrocesos. Su superficie cultivada disminuyó un 51,2% entre 2006 y 2025, mientras que la producción cayó un 42,7%. El rendimiento aumentó un 17,4%, desde 86,8 hasta 101,9 quintales por hectárea, señal de que el cultivo se concentró en zonas más productivas y mejoró su eficiencia técnica. Esa ganancia no compensó la pérdida de superficie. En 2006, Italia producía casi 96 millones de quintales de maíz e importaba menos de 20 millones. En 2025, la producción bajó de 55 millones de quintales y las importaciones alcanzaron 70 millones, unas cuatro veces el volumen de 2006 y por encima de la cosecha nacional.
Los procesadores de trigo recurren cada vez más al exterior
El trigo duro todavía ocupaba más de 1,1 millones de hectáreas en 2025, pero la superficie había disminuido un 15,5% frente a 2006 y la producción, un 9,3%. El aumento del rendimiento del 7,4% limitó el descenso. El trigo blando evolucionó peor: la producción cayó un 21,4%, la superficie se contrajo un 12,3% y el rendimiento disminuyó un 10,4%.
Estos cambios han alterado el balance de suministro de molinos, fabricantes de pasta y otros transformadores. Las importaciones de trigo alcanzaron aproximadamente 97 millones de quintales en 2025, frente a una producción nacional de unos 59,5 millones. Las compras externas superan a la producción italiana todos los años desde 2014 y la brecha se amplió desde 2022. La mayor dependencia del grano importado expone más a los compradores a la disponibilidad internacional, los costes de transporte y las oscilaciones de precios, aunque Italia mantiene una posición destacada en el trigo duro europeo.
La fruta y el aceite de oliva muestran resultados desiguales
La producción disminuyó en 11 de las 14 principales especies frutales examinadas por Istat. La cosecha de peras cayó un 60,6% y su superficie, un 52,8%. La producción de nectarinas descendió un 43,5%; la de melocotones, un 31,9%; y la de avellanas, un 30,3%. Las clementinas, los kiwis y las manzanas evolucionaron en sentido contrario, con incrementos del 20,3%, 17,8% y 13,2%, respectivamente. La superficie de manzanos se redujo un 10,6%, pero el aumento del rendimiento del 26,7% compensó con creces esa pérdida.
La producción de vino mostró mayor resistencia y bajó un 3,6%, desde 49,6 millones de hectolitros en 2006 hasta 47,8 millones en 2025. La producción de aceite de oliva descendió mucho más: un 37,6%, desde 603,3 millones hasta 378,6 millones de litros. En 2025, Italia exportó 298 millones de litros de una producción nacional cercana a 379 millones y destinó 81 millones al mercado interno. Las importaciones alcanzaron 565 millones de litros, alrededor de una vez y media toda la producción nacional y siete veces el volumen nacional no exportado. El sector combina así una sólida posición exportadora para el aceite de origen italiano con una amplia dependencia de suministros extranjeros para el consumo y la transformación.
Italia conserva cuotas importantes en la UE pese a la contracción
El retroceso no afecta a toda la agricultura. La producción de soja casi se duplicó, con un crecimiento del 94,6%, mientras que la superficie aumentó un 69,1%. La producción de cultivos forrajeros monófitos avanzó un 97,1%; la de maíz para ensilado, un 46%; y la de legumbres, un 34,7%. Italia continuó siendo un productor relevante de la UE en 2025: concentró el 75,2% de las avellanas, el 52,8% del arroz, el 43,2% del trigo duro, el 42,1% del tomate al aire libre y el 37,9% de la soja del bloque.
La evolución ganadera añade otra dimensión a la resistencia del sector alimentario. El censo bovino descendió desde 6,1 millones de cabezas en 2006 hasta 5,4 millones en 2025; el ovino cayó un 28,1% y el porcino, un 15,6%. En cambio, aumentó el sacrificio de aves. La recogida de leche creció un 27,2%, hasta 138,4 millones de quintales en 2024, último año disponible, y la producción de queso aumentó un 17,7%. Italia sigue siendo un productor agrícola grande y diversificado, pero los transformadores y consumidores dependen cada vez más de suministros extranjeros en varias categorías estratégicas.
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