Ocean Sugar lleva su endulzante de algas de Brasil a los mercados globales
La foodtech brasileña Ocean Sugar empezó a vender un endulzante sin calorías derivado de algas tras recibir R$25 millones de Maias Partners. La empresa apunta al consumidor y a la industria alimentaria, con planes de expansión en Emiratos Árabes Unidos, Nigeria, Europa y Estados Unidos.
De la investigación a la producción comercial
La foodtech brasileña Ocean Sugar comenzó a vender una alternativa al azúcar convencional obtenida de algas marinas. La empresa busca colocar el ingrediente tanto en el mercado minorista como en la fabricación industrial de alimentos. Según Startups, fue fundada en mayo de 2026 e inició sus ventas comerciales en Brasil en septiembre. Su fábrica está en Belém, capital del estado norteño de Pará.
La compañía afirma que el ingrediente endulza hasta 100 veces más que el azúcar de caña y no contiene calorías. La tecnología se basa en EPS Algalyte, una molécula natural extraída de algas marinas y patentada en exclusiva por la marca. El compuesto pertenece a la clase de los exopolisacáridos, cadenas de azúcares producidas por microorganismos y liberadas al entorno. Ocean Sugar también sostiene que el producto contiene magnesio, calcio, zinc, hierro y cobre.
El científico Edson Paiva desarrolló la tecnología tras más de dos décadas de investigación. De acuerdo con el director ejecutivo Marcelo Callegari, Paiva conoció un producto dulce derivado de algas durante un viaje de trabajo a China hace unos 20 años. Después estudió su composición, ensayó métodos de extracción y aplicó ingeniería inversa hasta aislar el exopolisacárido que utiliza Ocean Sugar.
R$25 millones para abordar el comercio minorista y la industria
Ocean Sugar recibió R$25 millones de Maias Partners, una firma estadounidense de capital de riesgo fundada por Callegari, quien también dirige la foodtech. El ejecutivo dijo a Startups que el negocio facturó R$600.000 durante su primer mes de operación comercial. Antes del lanzamiento formal de Ocean Sugar, la compañía desarrolló la línea Non Sugar con una red de más de 300 nutricionistas del nordeste de Brasil.
La primera fase comercial se centra en la venta directa mediante la web de la empresa. Más adelante, Ocean Sugar pretende llegar a supermercados y tiendas especializadas en productos naturales. El envase de 40 gramos costará alrededor de R$42, mientras que una caja con 100 sobres individuales se venderá por unos R$38. Callegari señaló que los precios fueron convertidos desde dólares estadounidenses y podrían variar con el tipo de cambio.
Para los fabricantes de alimentos y bebidas, Ocean Sugar ofrece un ingrediente destinado a sustituir una parte o la totalidad del azúcar convencional en las fórmulas. La empresa cita como posibles aplicaciones el chocolate, los helados, las bebidas y los productos lácteos. También busca entrar en la industria farmacéutica, que utiliza azúcar en jarabes y comprimidos. Además del producto principal sin calorías, la startup desarrolló Smart Sugar, una mezcla compuesta por 90% de Ocean Sugar y 10% de otros azúcares. La compañía asegura que su ingrediente no deja el regusto amargo asociado con algunos endulzantes, aunque el artículo no aporta pruebas independientes.
Capacidad orientada a la exportación y expansión exterior
Ocean Sugar eligió Belém por la disponibilidad de materias primas y por la posibilidad de convertir la planta en un centro productivo orientado a la exportación. También proyecta fábricas en el estado de São Paulo y en West Palm Beach, Florida. La empresa no comunicó la capacidad, el calendario de construcción ni la inversión adicional necesaria para esas instalaciones.
Callegari indicó que la foodtech ya inició conversaciones comerciales con posibles socios en Emiratos Árabes Unidos y Nigeria, y que también quiere avanzar en Europa. Su expansión internacional dependerá de que esas conversaciones se conviertan en acuerdos de distribución o producción y de que el ingrediente cumpla las normas aplicables a nuevos alimentos en cada mercado. Para los fabricantes, la prueba comercial será determinar si la elevada intensidad del dulzor compensa el precio y permite reformular a escala sin perjudicar el sabor ni el desempeño del producto.
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