El reciclaje con microalgas podría reducir hasta un 90% el coste del medio para carne cultivada
Investigadores de la Universidad de Queensland utilizaron residuos de la producción de carne cultivada para criar microalgas y recuperar nutrientes destinados a nuevos cultivos celulares. Estiman una reducción del 60% al 90% en el coste del medio de crecimiento, aunque falta demostrar el rendimiento a escala comercial.
Los residuos se convierten en insumo para nuevos cultivos celulares
Investigadores de la Universidad de Queensland desarrollaron un sistema que utiliza microalgas para recuperar nutrientes de los residuos generados por la producción de carne cultivada. Las algas crecen con el material que queda tras el proceso industrial; después, sus nutrientes pueden extraerse y devolverse a los cultivos de células animales. Según Knowridge, los investigadores estiman que este reciclaje podría reducir entre un 60% y un 90% el coste del medio de crecimiento celular.
La carne cultivada se produce haciendo crecer células animales, en lugar de criar y sacrificar un animal completo. La tecnología permite elaborar alimentos similares a la carne de vacuno, pollo, cerdo y cordero, pero la fabricación a gran escala sigue siendo cara. Uno de sus principales costes es el medio de crecimiento, el líquido rico en nutrientes que mantiene vivas las células y permite su multiplicación.
El medio suele contener aminoácidos, factores de crecimiento y otros componentes necesarios para las células animales. En el sistema de la Universidad de Queensland, las microalgas absorben nutrientes que de otro modo permanecerían en la corriente residual. Una vez cultivadas, es posible recuperar componentes útiles y devolverlos al proceso, reduciendo la necesidad de comprar exclusivamente insumos nuevos para cada lote.
El oxígeno y las algas sobrantes aportan valor potencial
Las microalgas podrían cumplir más de una función dentro del circuito propuesto. Producen oxígeno que podría favorecer el crecimiento de las células de carne y, al mismo tiempo, convierten los nutrientes residuales en biomasa reutilizable. El estudio plantea así la posibilidad de conectar el tratamiento de residuos, la recuperación de nutrientes y parte del suministro de oxígeno.
Los experimentos generaron más microalgas de las necesarias para reciclar los nutrientes. Los investigadores señalaron que ese excedente podría destinarse a otros productos y abrir una fuente adicional de ingresos para los fabricantes de carne cultivada. La información disponible no identifica esos productos ni cuantifica los posibles ingresos, por lo que su valor comercial todavía es incierto.
Los resultados se publicaron en Food Research International. El trabajo aborda un reto central del sector: reducir los costes recurrentes sin privar a los cultivos celulares de los nutrientes necesarios para crecer de forma fiable. Un descenso del 60% al 90% en el coste del medio sería considerable, pero no supondría una rebaja equivalente del coste total de la carne, ya que continuarían los gastos de instalaciones, energía, equipos y operaciones.
La integración comercial será la próxima prueba
El equipo de la Universidad de Queensland trabaja con la empresa australiana de carne cultivada Magic Valley, que suministró los residuos utilizados en el estudio. Con el apoyo de una subvención de Australian Economic Accelerator, el proyecto analiza cómo incorporar el sistema de reciclaje a instalaciones de producción mucho mayores.
La escala es la principal cuestión pendiente. El reciclaje de laboratorio debe transformarse en un proceso estable que aporte nutrientes uniformes, sostenga el crecimiento celular y se adapte a los controles de la producción alimentaria. Los fabricantes también deberán determinar cuántas veces pueden circular los nutrientes, cómo procesar las algas sobrantes y si el sistema conserva su rentabilidad en operación continua.
La investigación llega mientras la industria avanza hacia la fabricación comercial. Cinco países han aprobado la venta de carne cultivada, y Australia y Nueva Zelanda figuran entre los últimos que han autorizado determinados productos. Si el método funciona a escala industrial, los productores podrían depender menos de ingredientes nuevos para el medio y reducir sus residuos. Para inversores y empresas alimentarias, la evidencia decisiva deberá proceder de instalaciones mayores que demuestren rendimientos repetibles, un comportamiento celular fiable y ahorros medibles en todo el proceso.
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