Las existencias de vino en Italia alcanzan 42,6 millones de hectolitros y crece la presión por actuar primero en el viñedo
Las bodegas italianas almacenaban 42,6 millones de hectolitros de vino el 31 de julio de 2026, un 6,9 % más que un año antes, según los datos de Cantina Italia del ICQRF. En newsfood.com, el economista agrario y enólogo Giampietro Comolli defiende un Paquete Vid sobre superficies, rendimientos y variedades antes de cualquier nuevo Paquete Vino centrado en existencias, promoción y exportación. Unione Italiana Vini descartó en junio de 2026 el arranque generalizado, pero su presidente, Lamberto Frescobaldi, se ha abierto al arranque selectivo con alternativas.
Italia debería separar el problema del viñedo del problema del mercado y empezar por el viñedo. Es el argumento que expone el economista agrario, agrónomo y enólogo Giampietro Comolli en un comentario publicado por newsfood.com, en el que reclama un Pacchetto Vite —un Paquete Vid sobre superficies, territorios, rendimientos, variedades, clima y agua— antes de cualquier nuevo Pacchetto Vino, un Paquete Vino dedicado a denominaciones, existencias, promoción, exportación, distribución, precios y competitividad. Ambos, escribe, deben formar parte de una estrategia vitícola nacional de largo plazo y no funcionar como medidas de emergencia.
Las existencias en bodega suben un 6,9 %
Según Cantina Italia, el sistema de control de existencias del ICQRF italiano, las bodegas del país guardaban 42,6 millones de hectolitros de vino el 31 de julio de 2026, en torno a un 6,9 % más que en la misma fecha del año anterior. Comolli advierte contra una lectura mecánica de esa cifra: no se pueden sumar sin más las existencias a la producción entrante y hablar de 80 millones de hectolitros sin vender, porque el vino sale de las bodegas de forma continua para ser embotellado, exportado o consumido.
La advertencia va sobre la dirección, no sobre la aritmética. Entra nueva producción mientras las existencias siguen altas y la demanda se frena, de modo que el equilibrio entre oferta y mercado, sostiene, ya no puede aplazarse. Como recoge newsfood.com, el sector venía de un 2025 ya difícil en los mercados exteriores y los primeros meses de 2026 mantuvieron las dificultades, en particular en algunas plazas extraeuropeas.
Dos paquetes y un orden
La propuesta separa la política agraria de la política de mercado. El Paquete Vid aborda la producción en sí: superficies, territorios, rendimientos, variedades, clima, agua, reconversión y futuro de las empresas vitivinícolas. El Paquete Vino aborda el producto y su posición comercial. Cualquier reestructuración, sostiene Comolli, debería arrancar de categorías de viñedo bien identificadas:
- viñedos que no alimentan vinos DOCG ni DOC;
- superficies no reivindicadas desde hace años;
- plantaciones menos especializadas;
- zonas donde producción, condiciones ambientales y mercado muestran desequilibrios evidentes.
Las posiciones del sector se están moviendo. Todavía en junio de 2026, Unione Italiana Vini descartaba planes de arranque generalizado y apostaba por la contención de rendimientos, una parada temporal de las nuevas autorizaciones de plantación, la revisión de los pliegos de producción y un plan estratégico nacional. El presidente de UIV, Lamberto Frescobaldi, se ha abierto desde entonces a la posibilidad de un arranque selectivo, siempre que vaya acompañado de alternativas y no se convierta en una intervención indiscriminada.
Entre esas alternativas, Comolli cita la reconversión varietal, el injerto, variedades más resistentes y resilientes, la reestructuración de las plantaciones, la diversificación agrícola y, donde la norma lo permita, la recolocación de la producción dentro de una estrategia territorial. Señala que el nuevo marco europeo va en la misma línea: contempla reconversión varietal, adaptación climática y relocalización de viñedos, pero fija condiciones precisas a las ayudas para el arranque definitivo.
Clima, competencia de bebidas y límites de la promoción
El cambio climático está modificando temperaturas, disponibilidad de agua y vocación agrícola de territorios enteros, sostiene el comentario. Algunas zonas podrían destinarse a otros cultivos —se citan mango, papaya, dátiles, guayaba, sandías o melones como ejemplos de lo que suelo y clima pueden permitir— mientras que áreas más elevadas podrían resultar interesantes para una nueva viticultura. La pregunta de fondo es qué deberá producir la agricultura italiana en los próximos treinta años, algo que no puede responderse mirando solo a los treinta anteriores.
Por el lado de la demanda, el vino ya no compite solo con otro vino, sino con cócteles, cerveza, bebidas sin alcohol y nuevos estilos de vida. Comolli describe un café-bistrot de Saint-Germain-des-Prés, en París, con una presencia llamativa de Spritz y mucha menos de los grandes espumosos franceses, y lo presenta expresamente como una fotografía y no como una estadística. Bajar el precio en el lineal o en la restauración puede ayudar en algunas situaciones, y los vinos de bajo o nulo contenido alcohólico pueden abrir oportunidades, pero ninguna de esas vías resuelve por sí sola un desequilibrio estructural. Para muchas DOCG y DOC, escribe, el valor está ligado a historia, territorio, variedad, método de producción e identidad.
El texto plantea además una cuestión de gobernanza sobre los Consorzi di tutela: si el peso de las cuotas asociativas y los intereses de los actores económicamente más fuertes pueden condicionar sus decisiones. El orden que propone es explícito: primero salvar y repensar la vid, después ayudar al vino a reencontrar su mercado. Si se producen 100 y el mercado absorbe 50, ninguna promoción explicará por qué los otros 50 no encuentran comprador. El artículo se actualizó el 2 de septiembre de 2026.