El clima extremo reduce un 20,9 % la producción italiana de cerezas en dos décadas y los precios siguen altos
La producción italiana de cerezas cayó un 20,9 % entre 2006 y 2025 y el rendimiento retrocedió un 18,5 %, según un informe del Istat publicado el 4 de septiembre de 2026. En Apulia, que concentra cerca del 65 % de la superficie nacional, la cosecha se desplomó un 70 % en 2025. En 2026 bajaron los precios en origen, pero el mayor coste logístico mantuvo el minorista entre 10 y 17 euros por kilo.
La producción italiana de cerezas se contrajo un 20,9 % entre 2006 y 2025, mientras que el rendimiento cayó un 18,5 % en el mismo periodo, según un informe del Istat publicado el 4 de septiembre de 2026. Las cifras, recogidas por quifinanza.it, describen un cultivo cada vez más difícil de planificar y más caro de producir: las heladas tardías, las lluvias prolongadas durante la floración, los cambios bruscos de temperatura y los vientos violentos golpean las plantaciones con creciente frecuencia.
Un sector grande sobre una base productiva inestable
Italia sigue siendo uno de los principales productores europeos. Según las estimaciones más recientes del Ismea, la producción media nacional es de 97.000 toneladas anuales de cereza dulce, equivalente al 17 % de la producción de la Unión Europea y segunda solo por detrás de España, con el 20 %. En superficie, ambos países comparten el liderazgo continental con unas 28.000 hectáreas dedicadas al cerezo cada uno, según Eurostat. El problema no es la ausencia de una cadena relevante, sino la creciente dificultad para mantener estable la producción de una campaña a otra.
El cultivo del cerezo ya es caro antes de considerar el clima. La recolección es en gran medida manual, la fruta es delicada y debe comercializarse con rapidez. La caída de volúmenes no siempre se compensa con mayor productividad por hectárea, y la brecha entre lo que se paga al agricultor y lo que abona el consumidor en el lineal sigue ampliándose. Cuando a esos costes estructurales se suman los daños de los fenómenos meteorológicos extremos, la sostenibilidad económica de toda la cadena queda comprometida.
Apulia concentra la exposición
La concentración regional del sector amplifica cada episodio climático. Según el Ismea, Apulia reúne alrededor del 65 % de la superficie italiana de cerezo y el 35 % de los volúmenes nacionales, lo que la convierte a la vez en el mayor y el más vulnerable polo productivo del país. WWF Italia, en un informe sobre los daños causados por la crisis climática, registró un desplome del 70 % en la cosecha de cerezas de 2025, con picos del 100 % en varias zonas del sudeste de la provincia de Bari. La causa fueron las heladas de marzo y abril, que dañaron la flor en el momento más delicado del ciclo y comprometieron la posterior formación del fruto.
Massimiliano Del Core, presidente de Confagricoltura Bari-Bat, señaló que estos fenómenos llevaron la producción de las zonas apulianas históricamente más rentables por debajo del umbral mínimo de sostenibilidad económica. Bastaron dos heladas nocturnas durante el crecimiento de las yemas, ocho días de lluvia en la fase de floración y, después, fuertes vientos de siroco y mistral durante el crecimiento y la maduración de los frutos.
De la climaflación a los costes del transporte
Como una sola región concentra la mayor parte de las plantaciones, el daño allí tensiona la oferta nacional y empuja los precios al alza. En el mismo periodo de la crisis apuliana, las cerezas se encarecieron en toda Italia: en algunas grandes ciudades alcanzaron los 20 euros por kilo, con una media de entre 10 y 15 euros, mientras que el precio más alto, 23 euros por kilo, se registró en Milán. El mecanismo se denomina climaflación: el encarecimiento de los alimentos vinculado a los efectos del cambio climático sobre la disponibilidad del producto.
La campaña de 2026 invirtió el patrón meteorológico. La ausencia de heladas tardías y unas condiciones favorables permitieron recuperar productividad y bajar los precios. Ese alivio no llegó al consumidor. La guerra en Oriente Medio y la consiguiente crisis de Ormuz elevaron los costes de logística y transporte, y mantuvieron los precios minoristas en mercados urbanos y supermercados entre 10,00 y 17,00 euros por kilo.
Demanda y márgenes bajo presión
El resultado es que la cereza se sigue percibiendo como cara, el consumo de los hogares ha disminuido y, por segundo año y aunque por motivos distintos, recolectar cuesta más de lo que se ingresa. El riesgo que apunta la información es que, de mantenerse esta trayectoria, en los próximos años la cereza italiana deje de llegar a los lineales de los supermercados y la demanda interna deba cubrirse desde otros orígenes.
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