Los ganaderos españoles temen la competencia de la carne barata del Mercosur
Los ganaderos extensivos españoles temen que el acuerdo entre la UE y el Mercosur aumente la competencia de la carne más barata de Brasil y Argentina. Un productor del Pirineo señala que la demanda exterior encarece el producto nacional, mientras los márgenes reducidos y la dependencia de las ayudas dejan al sector expuesto.
La demanda exterior transforma el mercado español
Los ganaderos españoles temen que los acuerdos comerciales con el Mercosur los expongan a una competencia más intensa de la carne de vacuno procedente de Brasil y Argentina. Su preocupación inmediata es que entren suministros sudamericanos más baratos mientras las explotaciones nacionales siguen condicionadas por los costes elevados, los márgenes reducidos y la dependencia de las ayudas públicas.
Jorge, ganadero del valle de Hecho, en el Pirineo español, expuso esta inquietud en una entrevista recogida por El Español. Está al frente de una explotación extensiva de 80 vacas y sostiene que el mercado español de vacuno ya no da prioridad al consumo de la producción nacional.
Según su relato, la demanda internacional absorbe buena parte de la carne producida en España. Marruecos se ha convertido en el principal mercado para ganaderos como Jorge, mientras el fuerte consumo de vacuno y pollo en los países musulmanes sostiene la demanda. El productor afirmó que Marruecos había duplicado los precios, aunque la fuente no precisó el periodo de comparación ni una cotización concreta.
El consumidor local afronta precios elevados
La exportación ofrece una salida importante a los productores, pero también complica el equilibrio del mercado interior. Algunos terneros permanecen en España, explicó Jorge, aunque sus precios resultan cada vez más altos para el consumidor nacional. La burocracia, la administración y los costes del sector hacen que la carne producida en España sea más cara que las alternativas importadas.
Esto crea una contradicción para las explotaciones. Los compradores extranjeros sostienen las ventas, mientras el mercado local tiene dificultades para absorber la carne española a los precios actuales. Al mismo tiempo, los ganaderos temen que nuevas importaciones reduzcan su competitividad y les hagan perder todavía más espacio en el comercio minorista y la restauración.
Jorge defiende un modelo más local: consumir primero la producción española, exportar los excedentes e importar cuando la oferta nacional sea insuficiente. Sin embargo, afirma que el mercado actual no funciona de esa manera. Los cambios en los hábitos de consumo y la presión de las importaciones ya han relegado el producto local a un espacio más estrecho.
Una explotación de 80 vacas refleja la presión
Las cuentas de la explotación de Jorge explican la sensibilidad del sector ante la competencia de precios. Según su estimación, una granja con 80 vacas puede facturar entre 30.000 y 35.000 euros al año por la venta de terneros. También situó los ingresos en unos 2.000 euros mensuales, antes de descontar los costes y de valorar la dedicación continua que exige la ganadería extensiva.
Jorge explicó que anteriormente trabajaban con un margen muy pequeño y con el objetivo principal de conseguir terminar el año, aunque recientemente han notado cierto alivio. La actividad continúa sin ofrecer días libres o vacaciones regulares. Muchos ganaderos preferirían no depender de las ayudas estatales, pero él considera poco viable prescindir de ellas porque su eliminación acabaría reflejándose en el precio del producto.
También advirtió de que las cifras publicadas sobre subvenciones no siempre coinciden con el dinero que recibe el productor. Los pagos registrados a través del Fondo Español de Garantía Agraria, FEGA, pueden reducirse por sanciones, agotamiento de fondos o ajustes de disciplina financiera. En ese contexto, la posible llegada de más carne brasileña y argentina no se percibe únicamente como un asunto comercial, sino como otra fuente de presión sobre los ingresos y la continuidad de la ganadería extensiva.