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La presión comercial de EE. UU. reabre el debate lácteo en Canadá

La inquietud por futuras negociaciones con Estados Unidos vuelve a centrar la atención en el mercado lácteo protegido de Canadá. Sus defensores destacan el apoyo a las granjas regionales, la estabilidad de precios y las normas comunes de calidad, mientras los productores estadounidenses buscan acceso al mercado vecino.

La presión comercial de EE. UU. reabre el debate lácteo en Canadá

El mercado protegido vuelve a la agenda comercial

El fracaso de las últimas negociaciones comerciales con Estados Unidos no ha eliminado el temor a que futuras conversaciones debiliten el sistema canadiense de gestión de la oferta láctea. El modelo reaparece de forma recurrente en las disputas con Washington, donde los productores reclaman mayor acceso al mercado canadiense vecino.

Canadá tiene unas 9.400 granjas lecheras, incluidas 4.134 en Quebec, según Le Quotidien. El sistema se apoya en tres pilares: ajustar la producción aproximadamente a la demanda interna, ofrecer cierta estabilidad de precios a los productores y controlar las importaciones. Las explotaciones también comparten recursos para transporte, logística, comercialización, trazabilidad, investigación y desarrollo.

Para los ganaderos canadienses, el debate supera por tanto la protección fronteriza. La gestión de la oferta determina dónde pueden operar las granjas, cómo se recoge la leche y cómo se aplican las normas comunes. Cualquier concesión sobre producción, precios o importaciones podría cambiar la viabilidad de las explotaciones alejadas de las grandes plantas procesadoras.

Los costes compartidos sostienen la producción regional

Le Quotidien ilustra el sistema con Évelyne Rancourt y Benoît Larochelle, que mantienen 72 vacas Jersey en lactación en Saint-Félix-de-Dalquier, en la región quebequense de Abitibi. En febrero de 2019 abrieron una pequeña quesería, doce kilómetros al norte de Amos, y transforman parte de su leche en queso, yogur y leche pasteurizada sin homogeneizar.

La granja se encuentra a cientos de leguas de los principales centros de transformación láctea de Quebec. Sin embargo, paga el mismo coste de transporte que un productor situado junto a una planta de Saint-Hyacinthe porque los gastos de recogida se comparten. El mecanismo mantiene la producción fuera de los grandes corredores industriales y ofrece a procesadores y consumidores una base regional más amplia.

La tienda de la granja genera actualmente alrededor de un tercio de la facturación. Entre sus clientes hay turistas, miembros de comunidades cree y trabajadores que viajan hacia las minas y la bahía James. El caso muestra cómo la producción primaria protegida puede sostener la transformación y el comercio minorista en zonas remotas, en lugar de limitarse a abastecer grandes plantas centralizadas.

Escala, calidad y competencia estadounidense

La presión estadounidense refleja grandes diferencias en la estructura productiva. El noreste de Estados Unidos aún conserva numerosas granjas familiares que crecieron durante generaciones. En el suroeste, algunas explotaciones alcanzan las 20.000 vacas y obtienen importantes economías de escala incluso en zonas con escasez de agua. Una vaca lechera puede beber unos 200 litros diarios, mientras parte del forraje intensivo en agua debe llegar desde otros estados.

Annie Royer, profesora de economía agroalimentaria en la Universidad Laval, sostiene que las grandes explotaciones del suroeste también presionan a los productores del noreste estadounidense, que buscan una salida en el cercano mercado canadiense. Comparar directamente los costes de la leche resulta difícil porque el sistema de Canadá incorpora exigencias ambientales, de bienestar animal, seguridad alimentaria y calidad.

En Canadá, la leche se analiza en cada recogida. Si se detectan residuos de antibióticos, se rechaza toda la carga del camión cisterna a costa del productor responsable. Elsa Vasseur, profesora asociada de ciencias animales en la Universidad McGill, señala además que las reglas de bienestar animal forman parte de la producción canadiense. Nuevas exigencias aplicables desde 2027 obligarán a algunas granjas a modificar prácticas e instalaciones.

Una mayor apertura a las importaciones ofrecería a procesadores y compradores canadienses más opciones de suministro, pero expondría a las pequeñas granjas nacionales a competidores de una escala radicalmente distinta. Para productores, comerciantes e inversores, la cuestión central será si Canadá puede ampliar el acceso al mercado sin debilitar la logística compartida, la estabilidad de precios y las normas obligatorias que sostienen su red láctea regional.

Análisis completo del mercado

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