Francia recorta en 4,1 millones de toneladas su previsión de cereales por el calor
Francia concentra casi la mitad de las pérdidas de cereales estimadas en la UE y el Reino Unido tras cuatro semanas de calor. Su previsión bajó 4,1 millones de toneladas, con un recorte de 3,4 millones en maíz.
El calor elimina casi 9 millones de toneladas de la previsión
Una ola de calor de cuatro semanas ha reducido en casi 9 millones de toneladas la cosecha de cereales prevista para la Unión Europea y el Reino Unido, según el último análisis de Coceral, la asociación europea de comerciantes de grano. Jutarnji list señala que la pérdida de producción de trigo, cebada, maíz y otros cereales alcanza un valor aproximado de 2.100 millones de euros a precios agrícolas nacionales. La cifra equivale a alrededor del 5 % del valor de producción proyectado para el sector en 2025.
Las altas temperaturas afectaron al trigo durante la fase crítica de llenado del grano en el centro y sur de Francia, el sur de Alemania, Austria, Polonia y Hungría. El impacto en la cebada varía según la variedad, porque las más tempranas ya se habían desarrollado en gran medida antes del aumento térmico. Europa occidental registró temperaturas unos 3°C superiores a la media de 1991–2020, con máximas de 43°C en Francia y 40°C en Hungría.
Benoît Merlo, agricultor que cultiva cereales y cría ganado en el este de Francia, declaró al Financial Times que esperaba una pérdida de rendimiento de al menos el 50 %. Durante 10 años había intentado adaptar su explotación a unas condiciones más cálidas y secas, pero afirmó que esas medidas dejaban de funcionar cuando las temperaturas superaban 38°C durante semanas.
Francia y Hungría registran los mayores daños
Francia representa casi la mitad del daño estimado para los cereales europeos. La previsión nacional se redujo en 4,1 millones de toneladas, por un valor aproximado de 891 millones de euros a precios actuales. La mayor parte del recorte corresponde al maíz: ahora se esperan 9,4 millones de toneladas, 3,4 millones menos que en la estimación anterior y por debajo del nivel posterior a la grave sequía de 2022.
Hungría sufrió la segunda mayor revisión, con una reducción de 2,4 millones de toneladas valorada en unos 444 millones de euros. España perdió 1,4 millones de toneladas, equivalentes a 276 millones de euros, mientras que el descenso previsto por los agricultores alemanes se sitúa aproximadamente en el mismo nivel. Los productores húngaros afrontan además unos precios de compra que ya habían bajado antes de la cosecha por la presión de importaciones más baratas de la región del mar Negro.
Presión sobre el comercio y los piensos
En los años de menor rendimiento, la UE se convierte en importadora neta de cultivos herbáceos. El déficit podría elevar la demanda de suministros procedentes de países como Ucrania y Brasil. La menor cosecha francesa de trigo también puede limitar el volumen disponible para exportar al norte y oeste de África, mercados donde el cereal francés es una fuente habitual de abastecimiento.
La menor disponibilidad de cereal elevará previsiblemente los costes de alimentación animal durante los próximos meses. Los precios más altos pueden compensar en parte la menor producción de los agricultores franceses, pero encarecerán los insumos de las explotaciones ganaderas y de los compradores de grano. El resultado dependerá de las necesidades reales de importación y de la disponibilidad de cosechas competitivas del mar Negro y Brasil.
Croacia refleja un desplazamiento productivo duradero
Los agricultores croatas llevan 5 años afrontando altas temperaturas y cambios meteorológicos bruscos. Petar Pranjić, presidente del comité de cultivos herbáceos de la Cámara Croata de Agricultura, afirma que el maíz rinde ahora mejor más al norte que en sus antiguos centros de producción de Eslavonia y Baranja. Estima que los rendimientos actuales del maíz en el norte duplican los del este de Croacia.
El trigo, la cebada, la avena y el centeno sembrados en otoño todavía pueden lograr buenos rendimientos, pero los bajos precios de compra suelen hacerlos poco rentables. Los cultivos de primavera, como la remolacha azucarera y la soja, sufren más las condiciones adversas y aparecen cada vez menos en los campos croatas. El riego no es una solución universal porque algunas zonas carecen de suficiente agua subterránea. Los productores europeos deben gestionar así un mayor riesgo de cosecha junto con precios volátiles y nuevas necesidades comerciales.