La expansión de los biocombustibles presiona el mercado mundial del maíz: el IGC y el USDA recortan sus previsiones para 2026/27
Un estudio de Chatham House y el Forest Stewardship Council prevé que la producción mundial de biocombustibles crezca casi un 70% hasta 2030 frente a 2025. El IGC rebajó la cosecha mundial de maíz 2026/27 a 1.301 millones de toneladas y el USDA la sitúa en 1.290 millones. Brasil se encamina a una cosecha récord de 148 millones de toneladas, pero el etanol de maíz absorbe una parte creciente.
El mercado mundial del maíz entra en un período de presión a medida que la producción de biocombustibles se amplía en las principales economías, informa Capital.ro. La demanda de maíz aumentará en 2026 y 2027, lo que convierte a Brasil, Estados Unidos y la Unión Europea en piezas decisivas del equilibrio global.
El cambio no afecta solo a la oferta. Un estudio de Chatham House y el Forest Stewardship Council estima que la producción mundial de biocombustibles podría crecer casi un 70% hasta 2030 frente a 2025. Esa expansión elevaría con fuerza la demanda de maíz, caña de azúcar, aceites vegetales y otras materias primas agrícolas, justo cuando el USDA calcula la mayor brecha entre producción y consumo mundial de maíz en 33 años.
Los mandatos de mezcla crean una segunda curva de demanda
El impulso procede de los mandatos de mezcla introducidos o propuestos en Estados Unidos, Brasil, China, India, Indonesia y la Unión Europea. Los precios más altos de los combustibles fósiles refuerzan la tendencia al mejorar la competitividad del etanol y el biodiésel. Si todos los mandatos propuestos se aplicaran por completo, la superficie necesaria para cultivar materias primas destinadas a biocombustibles podría más que duplicarse hasta 2030 frente a 2023, con una necesidad de unos 36 millones de hectáreas adicionales.
El crecimiento de la demanda se concentra en las materias primas tradicionales: maíz, caña de azúcar y otros cultivos alimentarios y forrajeros. Eso intensifica la rivalidad entre el uso energético y el uso alimentario y forrajero de una misma cosecha y sostiene los precios en ambos mercados. En plena crisis energética, el precio del crudo ha subido casi un 40% desde finales de febrero, mientras que el maíz ha avanzado alrededor de un 20%.
Previsiones recortadas en septiembre
Al mismo tiempo, las perspectivas de producción han empeorado. El Consejo Internacional de Cereales (IGC) recortó en septiembre su estimación de producción mundial de maíz para 2026/27 en 4 millones de toneladas, hasta 1.301 millones de toneladas, por unas perspectivas más débiles en Estados Unidos, la Unión Europea e India.
- Estados Unidos: el IGC prevé 401,3 millones de toneladas, frente a 406,7 millones en su previsión anterior y 432,2 millones en 2025/26.
- Unión Europea: la estimación del IGC se redujo de 48,5 millones de toneladas a 46,4 millones de toneladas.
- Ucrania: el USDA calcula una producción de 31,8 millones de toneladas y exportaciones de 22 millones de toneladas.
El USDA es aún más prudente. En su informe WASDE de septiembre sitúa la producción mundial de maíz de 2026/27 en 1.290 millones de toneladas, 8 millones por debajo de la previsión de agosto, con existencias finales de 272,1 millones de toneladas frente a los 274,66 millones anteriores. Para la Unión Europea, el USDA estima una producción de 50,6 millones de toneladas e importaciones de 23,5 millones de toneladas, una cosecha superior a los 46,4 millones que calcula el IGC.
Brasil: cosecha récord, menor excedente exportable
La CONAB prevé que la superficie brasileña de maíz alcance 23,7 millones de hectáreas en 2026/27, un 4,9% más, con una producción total que subiría un 2,8%, hasta 148 millones de toneladas, pese a un rendimiento medio algo inferior, de 6,24 toneladas por hectárea.
Para los compradores internacionales, una cosecha récord no significa automáticamente más maíz disponible para la exportación. El consumo interno brasileño se estima en 104,8 millones de toneladas, un 6,7% más, sobre todo por la expansión del etanol de maíz. Esa industria es relativamente joven, pero ha crecido con rapidez junto al etanol tradicional de caña de azúcar y absorbe una parte cada vez mayor de la cosecha antes de que llegue a las terminales de exportación. Unido a unos mandatos globales de biocombustibles cada vez más estrictos, esto podría limitar de forma estructural los volúmenes disponibles para la exportación brasileña en los próximos años, incluso en campañas de cosechas muy buenas.
Qué vigilar de cara a 2027
La competencia por la tierra agrícola puede intensificarse en 2027. Si unos mejores precios del trigo llevan a los agricultores estadounidenses a ampliar la superficie de ese cereal, mantener una superficie muy elevada de maíz resultará más difícil.
El mercado todavía no se encuentra en una situación comparable al fuerte déficit de 2012: Estados Unidos conserva una reserva relativamente cómoda, Brasil puede seguir obteniendo cosechas muy grandes y el trigo se recolecta en momentos distintos en el hemisferio norte y en el sur. Aun así, las existencias mundiales son menores que hace un año y el balance de 2026/27 deja mucho menos margen para pérdidas adicionales de producción. La variable clave ya no es el tamaño de la cosecha mundial, sino cuánta parte se queda en origen, algo que depende de unas pocas regiones clave, del clima en América del Sur y del ritmo al que las plantas de biocombustibles absorban el grano que en otras condiciones habría llegado a los mercados internacionales.