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La factura de importación de aceites comestibles de India apunta a un récord de 1,75 billones de rupias

Según estimaciones del sector citadas por Business Standard, India gastará cerca de 1,75 billones de rupias en importar aceites comestibles en el año oleícola en curso, un 9 % por encima del récord anterior. La producción interna de oleaginosas crece, pero el consumo avanza más rápido y las importaciones cubren aún más de la mitad de la demanda. El artículo sitúa el obstáculo en la política de precios y compras públicas, no en la tecnología.

La factura de importación de aceites comestibles de India apunta a un récord de 1,75 billones de rupias

La factura de India por importaciones de aceites comestibles se encamina a un récord en el año oleícola en curso, que va de noviembre a octubre. Las estimaciones de la industria de aceites vegetales citadas por Business Standard sitúan el desembolso cerca de 1,75 billones de rupias, la cifra más alta registrada y alrededor de un 9 % por encima del récord anterior de 1,61 billones de rupias del año pasado.

Business Standard señala como causa principal la brecha creciente entre el consumo interno y la producción nacional. Tres factores adicionales encarecieron el aceite importado: los mayores precios internacionales vinculados a la crisis en Asia Occidental, la menor disponibilidad de aceite de palma por el programa de biocombustibles de Indonesia y la depreciación de la rupia. El alza sostenida de las compras externas, sostiene el diario, pone en duda el objetivo de alcanzar la autosuficiencia en aceites comestibles en un plazo cercano.

Más de la mitad del consumo llega del exterior

Más de la mitad de las necesidades del país se sigue cubriendo con importaciones, pese a que la producción interna de oleaginosas continúa creciendo. La demanda se expande más rápido que la oferta y los intentos repetidos de varias décadas por cerrar esa brecha no dieron los resultados esperados. La exposición está concentrada: el aceite de palma y sus derivados representan la mayor parte de las compras y proceden sobre todo de Indonesia y Malasia. Cualquier interrupción de los envíos de esos dos proveedores generaría un problema serio para el mayor importador mundial de aceites comestibles.

Una brecha de rendimiento, no de tecnología

El artículo sostiene que la restricción no está en la ciencia agrícola. Los investigadores indios ya han liberado más de 1.000 variedades mejoradas e híbridos de oleaginosas adaptados a distintas zonas agroclimáticas. El rendimiento medio pasó de 4,8 quintales por hectárea en los años cincuenta a unos 14 quintales en la actualidad. Las variedades más recientes pueden rendir de 20 a 25 quintales por hectárea, de modo que persiste una brecha amplia entre el promedio nacional y el potencial genético demostrado. Cerrarla del todo, o en buena medida, pondría la autosuficiencia al alcance.

La asignación de tierra y agua es parte del problema. Cerca del 75 % de la superficie con oleaginosas sigue sin riego. Las políticas vigentes de precios y compras públicas incentivan a los agricultores a sembrar cultivos alimentarios y comerciales más rentables en las tierras buenas y regadas, y dejan las oleaginosas en parcelas menos fértiles y de secano. Los productores ampliarán la superficie e invertirán en semilla mejorada, riego, fertilizantes y fitosanitarios solo cuando las oleaginosas rindan tanto como las alternativas.

La base de cultivos de India es inusualmente amplia. Junto a nueve oleaginosas principales, entre ellas el maní, la mostaza-colza y la soja, el país cultiva perennes como el cocotero y la palma aceitera, además de oleaginosas arbóreas concentradas en zonas tribales. Business Standard apunta también al margen que ofrecen fuentes no convencionales, como la semilla de algodón y el salvado de arroz, disponibles en grandes volúmenes en el país, y señala que algunos de esos aceites son más saludables que el de palma.

Lo que acertó la Revolución Amarilla

Los esfuerzos organizados comenzaron a mediados de los años ochenta con la Misión Tecnológica de Oleaginosas, creada en 1986. A principios de los noventa la producción interna se acercó a las necesidades nacionales, un periodo conocido como Revolución Amarilla. Según el artículo, el elemento decisivo fue una banda de precios: se permitía que los precios internos se movieran dentro de un rango, lo que protegía a productores y consumidores, y el Gobierno intervenía solo cuando los precios salían de ese rango, por lo general subiendo o bajando los aranceles de importación.

El esquema no duró. La libertad de la misión para decidir sobre precios, importaciones y exportaciones se recortó de forma progresiva y, además, se le asignó la promoción de legumbres y maíz. A mediados de los noventa quedó degradada a un plan amplio que abarcaba oleaginosas, legumbres, palma aceitera y maíz, lo que diluyó la atención sostenida que esos cultivos requerían. Las versiones posteriores de la misión nunca recibieron autonomía ni facultades comparables y no dieron los resultados esperados.

La conclusión es que el problema central del sector está en la política agrícola de precios y compras públicas, no en la disponibilidad de tecnología. Mientras el cultivo de oleaginosas no resulte económicamente atractivo frente a los cultivos competidores, la dependencia india del aceite importado difícilmente bajará.

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