El delta del Mekong amplía las zonas frutícolas codificadas para exportación
El delta del Mekong cuenta con casi 6.000 códigos de zonas de cultivo mientras los mercados importadores endurecen las reglas de trazabilidad, sanidad vegetal y seguridad alimentaria. El sistema facilita las exportaciones y exige mayor control a agricultores, cooperativas y plantas de envasado.
La trazabilidad se convierte en condición de acceso
El delta del Mekong, en Vietnam, dispone de casi 6.000 códigos registrados de zonas de cultivo mientras sus provincias buscan proteger y ampliar las ventas de fruta en el exterior. Phụ Nữ Việt Nam informa de que China, Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Australia y la Unión Europea están endureciendo los requisitos de trazabilidad, cuarentena vegetal y seguridad alimentaria. Los códigos identifican áreas de producción autorizadas y permiten a autoridades, exportadores y compradores rastrear los cultivos hasta su origen.
El sistema cobra importancia para el durián, mango, yaca, coco, longán, pomelo, pitahaya, piña y otros cultivos destinados al mercado interno, la transformación o la exportación. También obliga a los productores a cumplir las normas de cada destino y mantener registros productivos. Por ello, las autoridades combinan las nuevas altas con inspecciones, formación y una supervisión más estricta de los códigos ya concedidos.
La gran base frutícola impulsa el registro
En Đồng Tháp, la superficie frutícola se estimaba en unos 135.331 hectáreas al cierre de junio de 2026. El durián ocupaba aproximadamente 33.600 hectáreas; la yaca, 26.265; el coco, 24.912; y el mango, 16.845. La piña cubría 14.781 hectáreas, los cítricos 14.180, la pitahaya 8.500 y el longán 5.640. La producción total de fruta superaba los 1,313 millones de toneladas, incluidas más de 268.000 toneladas de durián.
Cần Thơ ha recibido 657 códigos de cultivo que abarcan más de 11.012 hectáreas y 9.412 hogares agrícolas. Los cultivos codificados incluyen longán, durián, caimito, mango, pomelo y yaca para mercados como Estados Unidos, Australia, Japón, China, Tailandia y la UE. La ciudad cuenta además con 45 códigos de instalaciones de envasado pertenecientes a 17 empresas en 14 comunas y distritos. Varias plantas pueden exportar a Estados Unidos, Nueva Zelanda, la UE y el Reino Unido.
Vĩnh Long dispone de más de 223.000 hectáreas de cultivos perennes. Más de 21.700 hectáreas tienen códigos de cultivo y más de 30.700 cuentan con certificación ecológica. La provincia ha recibido más de 1.000 códigos para zonas productoras e instalaciones de envasado vinculadas a la exportación de durián, coco, pomelo, rambután, longán y batata.
Persisten brechas de control en el durián
La campaña de registro también revela las debilidades de una producción fragmentada. Según Phụ Nữ Việt Nam, el durián ha afrontado problemas de contaminación por auramina O y cadmio que perjudican su valor y reputación. Las áreas pequeñas y poco coordinadas dificultan controlar los insumos, verificar las prácticas agrícolas y responder cuando un mercado importador detecta un incumplimiento.
An Giang tiene unas 1.595,2 hectáreas de durián, principalmente en suelos aluviales junto al río Hậu. Los modelos de floración fuera de temporada aplicados en Châu Phú y Long Kiến rinden 13–18 toneladas por hectárea, con más del 70 % de fruta de categoría A. Los ingresos pueden alcanzar 2.000–3.000 millones de VND por hectárea y el beneficio después de costes puede acercarse a 1.000 millones de VND por hectárea al año. Esta rentabilidad eleva el coste comercial de perder el acceso a un mercado por incumplimiento.
Los códigos conectan fincas, envasadores y empleo rural
En el distrito de Cao Lãnh, el mango ocupa 2.809 hectáreas, de las cuales 2.475,50 están codificadas para exportación. Autoridades y productores citados por Phụ Nữ Việt Nam señalan que los huertos codificados y las empresas transformadoras han creado empleo local, incluidas oportunidades para mujeres rurales en el cuidado de las plantaciones, la conservación y la elaboración de productos de mayor valor.
Las autoridades prevén revisar y actualizar los registros, formar a agricultores, cooperativas y empresas, y utilizar herramientas digitales para conectar las explotaciones con los compradores. La prioridad no consiste solo en emitir más códigos, sino en mantener áreas auditables y zonas de suministro estandarizadas. Para exportadores e importadores, la credibilidad de cada código determinará si ofrece un acceso duradero al mercado o queda reducido a una etiqueta administrativa.