La uva de mesa italiana afronta precios bajos, calor extremo y competencia exterior
El sector italiano de la uva de mesa sufre precios más bajos, demanda estancada y la coincidencia de suministros de Egipto, Grecia y España. La expansión de variedades sin semilla, el calor extremo y el coste energético pueden concentrar la oferta italiana en octubre y noviembre.
La oferta exterior reduce la ventana comercial italiana
El sector italiano de la uva de mesa, especialmente en Apulia, entra en una fase difícil. La debilidad de la demanda, el descenso de los precios y una competencia exterior más prolongada reducen el espacio comercial de los productores nacionales. Según FreshPlaza, los precios de venta son sensiblemente inferiores a los del año pasado y la recuperación de la demanda esperada después de Ferragosto no se produjo. Francesco Ciavarella, director general de la organización de productores Terra di Bari, prevé que el estancamiento podría mantenerse al menos hasta finales de septiembre.
La uva egipcia permaneció en el mercado europeo durante un periodo inusualmente largo, hasta agosto, y coincidió con el inicio de la campaña española, de acuerdo con Ciavarella. Egipto y Grecia cubrieron buena parte de julio y agosto, mientras los proveedores españoles alargaron una temporada que antes terminaba durante los primeros diez días de septiembre. Ciavarella considera a España el principal formador de precios en los mercados europeos, lo que obliga a los operadores italianos a ajustarse a las cotizaciones españolas para seguir compitiendo. Como resultado, la ventana italiana se estrecha y una mayor parte de las ventas se desplaza a octubre y noviembre.
La reconversión varietal concentra la oferta
Los productores italianos han respondido a los cambios en las preferencias del consumidor mediante una amplia reconversión hacia uvas sin semilla. Más del 70% de la superficie productiva ya completó ese proceso, según FreshPlaza. Autumncrisp mantiene una buena aceptación entre los consumidores, pero las numerosas plantaciones han eliminado gran parte de su antigua exclusividad y están reduciendo el valor de otras variedades cosechadas en las mismas fechas. La abundancia se convierte así en un problema comercial incluso para las uvas que conservan demanda.
El calor extremo del verano añade presión. Las altas temperaturas impidieron la diferencia térmica entre el día y la noche necesaria para que las uvas rojas desarrollen color, retrasando su maduración. Esta situación puede concentrar un volumen excesivo entre finales de septiembre y octubre y alterar la programación habitual de la cosecha y el envasado. Productores y centrales tendrán que gestionar más fruta en menos tiempo, mientras la demanda sigue apagada y otros países de origen continúan abasteciendo a los compradores europeos.
La energía y el riego reducen la rentabilidad
La economía de la producción también se ha deteriorado. Ciavarella afirma que el precio de la electricidad por kilovatio-hora casi se ha duplicado frente al año pasado, mientras la energía cuesta en España aproximadamente la mitad que en Italia. La diferencia afecta especialmente al riego. El calor intenso elevó las necesidades hídricas del cultivo, por lo que los productores apenas pueden reducir el consumo eléctrico sin poner en riesgo la producción.
Los agricultores reciben entre 0,60 € y 0,70 € por kilogramo, un nivel que, según Ciavarella, está por debajo de los costes reales de producción y amenaza la viabilidad de las explotaciones. La caída de los precios de venta coincide así con un mayor gasto en agua y energía. Mantener instalaciones y mano de obra para una ventana comercial cada vez más concentrada en octubre y noviembre plantea otra dificultad, sobre todo para las empresas que no pueden repartir sus costes fijos durante una campaña más larga.
La fragmentación resta poder de negociación
Ciavarella sostiene que el problema de Italia no es la calidad de la uva, sino la organización de la oferta. Los productores españoles acuerdan volúmenes y precios con la gran distribución europea mucho antes del inicio de la campaña y cubren todo el calendario varietal. En Italia, la producción sigue repartida entre numerosas agencias y operadores. Esa fragmentación transmite al mercado la impresión de que los proveedores necesitan vender cuanto antes y permite a los compradores elegir la oferta más barata.
Ya existen organizaciones de productores y asociaciones de estas entidades, pero Ciavarella considera insuficiente la coordinación de los volúmenes de venta. Una estrategia comercial común podría reforzar la negociación con las grandes cadenas y reducir la competencia interna por precio. Sin una mayor coordinación, la uva italiana corre el riesgo de quedar aún más relegada al final de la temporada europea. Allí coincidirían una oferta nacional concentrada, el retraso de las variedades rojas y la competencia exterior, dejando poco margen para recuperar los mayores costes.