La sequía vuelve antieconómica la cosecha de remolacha en partes de Francia
La sequía, el calor, las plagas y una enfermedad fúngica han dejado invendible parte de la remolacha azucarera francesa de 2026. La producción se estima en 25,4 millones de toneladas, un 29 % menos interanual y el nivel más bajo desde al menos 1980.
Los daños superan el límite aceptado por los compradores
Algunos productores franceses de remolacha azucarera se preparan para dejar campos enteros sin cosechar después de que la sequía y el calor extremo dañaran las raíces hasta hacerlas invendibles. En Maison-Rouge, en el departamento de Sena y Marne, la remolacha se pudre en el suelo antes de secarse, según un reportaje de AFP publicado por Boursorama. Las explotaciones afectadas se encuentran en la principal zona remolachera de Francia, al norte del Loira.
El agricultor Alexis Garnot sembró 70 hectáreas de remolacha azucarera en 2026. En una de sus parcelas calcula que entre el 40 % y el 50 % de las raíces no son comercializables. Las cooperativas azucareras rechazan una parcela cuando la proporción de remolacha dañada supera el 20 %, ya que no es posible separar las raíces sanas de las estropeadas después de cosecharlas y amontonarlas. Sin comprador, extraer la remolacha cuesta más que dejarla en el terreno. Garnot prevé enterrarla tras la evaluación del seguro, sembrar trigo para la cosecha de 2027 y no volver a cultivar remolacha en esa parcela durante cinco años, conforme a su rotación.
La sequía agrava las plagas y las enfermedades
La falta de agua y las altas temperaturas frenaron el crecimiento y debilitaron la resistencia de las plantas frente a los gorgojos y el rhizopus, una enfermedad fúngica. Las hojas aparecieron manchadas y marchitas, mientras las raíces afectadas quedaron reducidas a muñones secos y deformados. Las pérdidas varían considerablemente según la zona, pero la remolacha azucarera figura, junto con el maíz y la patata, entre los grandes cultivos franceses más perjudicados por la sequía.
Cyrille Milard, presidente de la sección de Isla de Francia de la Confederación General de Cultivadores de Remolacha, CGB, plantó 20 hectáreas este año. Según explicó, incluso durante la sequía de 1976 su familia consiguió cosechar 30 toneladas. Tanto Milard como Garnot calculan pérdidas de varias decenas de miles de euros después de las ayudas. Milard recurrirá a sus ahorros por tercer año consecutivo y advierte de que la situación es especialmente difícil para quienes acaban de incorporarse al sector.
La producción nacional cae a un mínimo de varias décadas
La CGB estima en 1.000 millones de euros las pérdidas totales del sector remolachero francés. Agreste, el servicio estadístico del Ministerio de Agricultura de Francia, prevé una cosecha de 25,4 millones de toneladas, la más baja desde al menos 1980. La cifra supone un descenso interanual del 29 %, debido a una caída del rendimiento del 24 % y a una reducción del 6 % en la superficie cultivada.
La menor cosecha limitará el suministro para una red industrial que ya se ha reducido. Francia, primer productor europeo de azúcar, cuenta con 19 azucareras operadas por dos grupos cooperativos y un grupo industrial. Seis fábricas han cerrado desde 2019 y la superficie de remolacha continúa disminuyendo. Las plantas suelen estar situadas en un radio de 30 kilómetros de las explotaciones proveedoras, por lo que las pérdidas locales tienen un efecto directo. La azucarera cercana de Nangis debía abrir pocos días después del reportaje, pero los agricultores dudaban de que hubiera suficiente remolacha para mantener una operación eficiente.
El impacto se extiende más allá del azúcar alimentario
La remolacha francesa abastece a varios mercados industriales. Además de azúcar alimentario, los procesadores producen alcohol destinado a bebidas espirituosas y usos farmacéuticos, incluidos los geles desinfectantes, así como bioetanol. La caída de la cosecha afecta por tanto a agricultores y azucareras, pero también a compradores de las cadenas de combustibles, bebidas y productos sanitarios.
La principal incógnita es qué parte de la superficie sembrada podrán aceptar los procesadores durante la campaña de septiembre a diciembre. Cuando los daños superan el límite de las cooperativas, la superficie declarada no se convierte en suministro real para las fábricas. Esa diferencia eleva el riesgo de una menor utilización de las plantas cercanas y aumenta la presión financiera sobre explotaciones que ya soportan pérdidas en otros cultivos afectados por la sequía.
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