La sequía amenaza 6,9 millones de quintales de cultivos básicos en El Salvador
Unos 6,9 millones de quintales de maíz, frijol y sorgo están en riesgo en El Salvador por la sequía asociada a El Niño. Según el presidente de CAMPO, Luis Treminio, el volumen equivale al 100 % de la siembra prevista para agosto y septiembre.
En riesgo toda la siembra de agosto y septiembre
Unos 6,9 millones de quintales de maíz, frijol y sorgo podrían estar en riesgo en El Salvador por la sequía asociada al fenómeno de El Niño. El volumen representa el 100 % de los cultivos que debían sembrarse durante agosto y septiembre, declaró a EFE Luis Treminio, presidente de la Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios, CAMPO, en una entrevista publicada por ABC.
La estimación agrupa tres cultivos básicos, pero las cifras disponibles no desglosan el volumen por producto. Tampoco establecen cuánto se ha sembrado ya ni qué cantidad acabará perdiéndose. La advertencia mide, por tanto, la exposición al riesgo y no una merma de cosecha confirmada. Las lluvias durante el periodo de siembra restante y la capacidad de los agricultores para establecer los cultivos determinarán qué parte de ese riesgo se convierte en una pérdida real de oferta.
Los pequeños productores arriesgan alimentos e ingresos
La sequía tiene especial relevancia para los pequeños y medianos productores porque sus cosechas sostienen tanto el consumo familiar como los ingresos agrícolas. La Prensa Gráfica informó que las condiciones secas amenazan la alimentación de pequeños agricultores y sus familias en el oriente de El Salvador, donde los hogares dependen de su propia producción. Una temporada de siembra fallida o reducida afectaría, por ello, a más que el volumen destinado al mercado comercial.
El cálculo de 6,9 millones de quintales reúne maíz, frijol y sorgo, de modo que las consecuencias para productores y compradores variarán según el cultivo que sufra más daños. Los agricultores que no puedan sembrar dentro del plazo previsto podrían perder producción esperada, mientras que los campos ya sembrados siguen expuestos a la evolución del clima. Para procesadores y comerciantes, el problema inmediato no es una escasez documentada, sino la posibilidad de que disminuya la disponibilidad nacional después de la cosecha.
Las importaciones dependerán del déficit final
Las fuentes no ofrecen previsiones de precios, inventarios ni necesidades adicionales de importación. El efecto sobre el comercio dependerá de la diferencia entre la cosecha finalmente recogida y la demanda interna. Si la sequía reduce de manera sustancial la producción, los compradores podrían buscar más suministro fuera de El Salvador o competir con mayor intensidad por el volumen local disponible. Las cifras publicadas aún no permiten calcular el tamaño ni el calendario de esas compras.
La exposición del 100 % señalada por Treminio convierte la siembra de agosto y septiembre en el principal indicador para el mercado. Productores, compradores de granos y empresas alimentarias tendrán que vigilar si las lluvias permiten una siembra tardía y si los campos sembrados siguen siendo viables. Hasta disponer de evaluaciones por cultivo sobre superficie, rendimiento y pérdidas, los 6,9 millones de quintales deben considerarse volumen en riesgo, no una pérdida definitiva de producción. La diferencia es clave para planificar importaciones y formar expectativas de precios: una siembra amenazada todavía puede recuperarse, mientras que un déficit de cosecha verificado genera una necesidad cuantificable de suministro.