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Agricultores tailandeses rechazan la reforma de la ley de protección de variedades vegetales

La Thai Farmers and Agriculturists Association se opone a la reforma de la ley tailandesa de protección de variedades vegetales B.E. 2542, vigente desde 1999. La organización teme que el cambio debilite el derecho de los productores a guardar semilla de su propia cosecha y volver a sembrarla. En paralelo reclama una nueva ronda de pagos estatales calculados por rai sembrado.

Agricultores tailandeses rechazan la reforma de la ley de protección de variedades vegetales

La Thai Farmers and Agriculturists Association ha manifestado su oposición a la reforma de la ley tailandesa de protección de variedades vegetales B.E. 2542, la norma que regula desde 1999 el registro y la protección de variedades en el país. Su principal preocupación, según informa el diario económico tailandés Prachachat Turakij, es que la nueva redacción debilite el derecho de los productores a guardar semilla de su propia cosecha y volver a sembrarla en la campaña siguiente.

Ese derecho está en el centro del cultivo de arroz tailandés. Quien resiembra su propia semilla compra menos semilla certificada en cada ciclo y necesita menos caja antes de que el cultivo esté en el suelo. Cualquier cambio legal que restrinja la práctica traslada parte de ese coste desde la explotación hacia la cadena comercial de semillas, y lo hace campaña tras campaña, no una sola vez.

«Qué gana el agricultor y qué pierde»

La asociación exige que el Gobierno responda directamente a esa pregunta. Según Prachachat Turakij, la organización quiere que las autoridades expongan con claridad qué ganarían y qué perderían los arroceros con la ley reformada antes de que el texto avance. El planteamiento es significativo: se trata de una demanda de transparencia y justificación, no de un rechazo frontal a modernizar una norma que no se ha tocado en más de dos décadas.

Las objeciones que recoge Prachachat Turakij se sitúan en el plano de los principios y no en artículos concretos. La asociación ha convertido el derecho a resembrar en el criterio con el que juzgará la reforma, lo que fija un marco claro para el Gobierno: sea cual sea el resto del contenido del borrador, la posición pública del sector agrario dependerá del tratamiento de ese derecho. Al ministerio redactor le queda poco margen de negociación en el punto de mayor peso político.

Una demanda paralela: pagos por rai

La misma asociación impulsa a la vez una segunda demanda: una nueva ronda de ayudas estatales calculadas por rai de superficie sembrada. El rai es la medida agraria habitual en Tailandia y equivale a 1.600 metros cuadrados, es decir 0,16 hectáreas. Los esquemas por rai son la vía consolidada para las transferencias presupuestarias directas a los arroceros tailandeses, de modo que esa unidad marca la escala de cualquier paquete que llegue a aprobarse.

La asociación enlaza ambas demandas en un mismo argumento:

  • La semilla es un gasto de caja recurrente que los productores cubren en parte con grano de su propia cosecha.
  • Las ayudas son una transferencia puntual que no altera esa estructura de costes.
  • Una reforma que empuje a comprar semilla certificada cada campaña juega en contra del alivio solicitado.
  • Por eso la asociación quiere resolver juntas la cuestión de las compensaciones y la de la ley, antes de que la reforma siga adelante.

Qué está en juego para los obtentores y el comercio arrocero

La protección de variedades es la base legal sobre la que los obtentores comerciales recuperan la inversión en material nuevo. Una protección más fuerte eleva el incentivo para desarrollar y licenciar semilla mejorada, incluidas líneas de arroz más productivas y resistentes a enfermedades; una protección más débil mantiene barato el coste de siembra, pero reduce el retorno de la labor de mejora y los argumentos para introducir material obtenido en el exterior. Tailandia es uno de los mayores exportadores mundiales de arroz, y las variedades que se siembran dentro del país determinan directamente las categorías de calidad —arroz aromático, blanco y glutinoso, entre otras— sobre las que se sostiene su posición exportadora.

Por ahora la disputa es procedimental. La reforma no está aprobada y la posición de la asociación es que el Gobierno debe justificar el cambio ante quienes siembran, antes de que se convierta en ley. La respuesta oficial —un borrador publicado, una consulta formal o un paquete de ayudas revisado— decidirá si la oposición se endurece hasta convertirse en una campaña más amplia o se resuelve en la fase de redacción. Las empresas de semillas, los molinos y los exportadores tienen el mismo interés en ver el texto: el tratamiento del derecho a resembrar condicionará tanto el coste de la siembra como el valor comercial de las variedades protegidas en uno de los orígenes arroceros clave de Asia.

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