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La superficie de remolacha azucarera del Véneto cae un 42% y la mira se pone en la siembra de 2027

La superficie de remolacha azucarera en el Véneto ha caído un 42%, según PadovaOggi. El retroceso motivó una reunión en Borgo Veneto promovida por Coldiretti Padova y el productor de azúcar Coprob Italia Zuccheri para abordar estrategias productivas y un plan de relanzamiento. La siembra de 2027 queda fijada como referencia para recuperar hectáreas.

La superficie de remolacha azucarera del Véneto cae un 42% y la mira se pone en la siembra de 2027

Un 42% menos en un solo ciclo

La superficie de remolacha azucarera en el Véneto ha caído un 42%, según PadovaOggi, lo que sitúa a una de las zonas remolacheras del norte de Italia en el centro del debate sobre el futuro de la cadena azucarera nacional. Más de cuatro hectáreas de cada diez han abandonado el cultivo. Una caída de esa magnitud en un único ciclo de planificación no se absorbe con mejores rendimientos ni con una fábrica más eficiente: se traslada directamente al volumen de remolacha disponible para transformación y, desde ahí, a todos los eslabones siguientes.

Ese dato fue el telón de fondo de una reunión celebrada en Borgo Veneto, promovida por la organización agraria Coldiretti Padova junto con el productor de azúcar Coprob Italia Zuccheri. PadovaOggi informó de que el encuentro se convocó para tratar el futuro del sector, las estrategias productivas y un plan de relanzamiento, con la campaña de siembra de 2027 señalada como horizonte para recuperar superficie.

La reunión de Borgo Veneto fija la agenda

Según el relato publicado por PadovaOggi, el debate abarcó tres cuestiones conectadas y no una única medida de urgencia:

  • el futuro del sector remolachero y azucarero en la provincia y en la región;
  • estrategias productivas capaces de mantener la remolacha en la rotación;
  • un plan de relanzamiento del cultivo.

La elección de 2027 como referencia es en sí misma reveladora. La remolacha es un cultivo de contrato y las decisiones que determinan cuántas hectáreas se siembran se toman meses antes del trabajo de campo, cuando el agricultor reparte la tierra entre cultivos herbáceos que compiten entre sí y la industria fija las condiciones que puede ofrecer. Un plan de relanzamiento que llegue después de esas decisiones no cambia nada en el campo. Apuntar a la siembra de 2027 significa trabajar sobre la primera campaña en la que todavía se puede influir.

La economía de la fábrica sigue a las hectáreas

La transformación de remolacha es un negocio de volumen. Una azucarera soporta costes fijos elevados, se abastece en un radio de transporte limitado porque la raíz es voluminosa y se deteriora tras el arranque, y necesita una campaña suficientemente larga para repartir esos costes entre bastantes toneladas. Cuando la superficie de la zona de influencia se reduce, la campaña se acorta y el coste de transformación por tonelada sube. Eso limita a su vez el precio que la industria puede pagar por la remolacha y debilita la posición del cultivo en la rotación siguiente. El bucle se retroalimenta y es el mecanismo que históricamente ha decidido qué azucareras siguen abiertas.

Las cuentas del agricultor antes de 2027

Para la explotación individual, la remolacha compite por las mismas parcelas que otros cultivos herbáceos. La comparación depende del margen esperado por hectárea, de los costes de insumos y maquinaria, de las necesidades de mano de obra y del riesgo agronómico propio de una raíz: presión de plagas y enfermedades, meteorología durante el arranque y coste de entrega a la fábrica. Una contracción del 42% indica que en buena parte de las explotaciones del Véneto esa comparación ha ido en contra de la remolacha. Revertirlo exige o bien un precio de contrato que cierre la brecha, o bien medidas que reduzcan el coste y el riesgo del cultivo.

Para el resto de la cadena, las preguntas son ahora prácticas: si las condiciones que se presenten a los agricultores antes de la campaña de 2027 bastan para recuperar hectáreas; si el descenso se estabiliza o continúa en la temporada intermedia; y si el plan de relanzamiento debatido en Borgo Veneto viene respaldado por apoyo agronómico y seguridad contractual y no solo por intenciones. Una cosecha nacional menor implica que una parte mayor del azúcar consumido en Italia deberá adquirirse fuera, y deja a la capacidad de transformación restante trabajando con una base de suministro más estrecha que aquella para la que fue diseñada.

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