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Turquía: albaricoques importados se mezclan con fruta de Malatya y se reexportan por zonas francas

Albaricoques comprados en Uzbekistán e Irán por unos 2 dólares se mezclan con fruta de Malatya y salen de las zonas francas de Esmirna y Mersin como albaricoques de Malatya a 8-10 dólares, según declaró a Aydinlik el presidente del consejo de coordinación de cámaras agrarias de Malatya. Las exportaciones de agosto cayeron a 3.000 toneladas frente a 9.000 del año anterior.

Turquía: albaricoques importados se mezclan con fruta de Malatya y se reexportan por zonas francas

Albaricoques importados de Uzbekistán e Irán por unos 2 dólares se mezclan con fruta de Malatya y salen de las zonas francas turcas como «albaricoques de Malatya» a un precio de 8 a 10 dólares, según declaró Yunus Kılınç, presidente del consejo provincial de coordinación de las cámaras agrarias de Malatya y de la cámara agraria de Yazıhan, en declaraciones publicadas por el diario turco Aydınlık.

Kılınç señaló que Turquía es el primer productor mundial de albaricoque con 750.000 toneladas, la mayor parte cultivada en Malatya y su entorno, cuyo nombre se ha convertido en la identidad comercial del cultivo. La operación de mezcla, indicó, se canaliza por las zonas francas de Esmirna y Mersin, donde los exportadores pueden introducir fruta extranjera y reexpedirla a terceros países.

Cómo funciona la cadena de reexportación

«El producto que compran fuera lo exportan a otros países a través de Turquía», dijo Kılınç a Aydınlık. «El exportador puede llevar albaricoque de fuera a las zonas francas de Esmirna y Mersin. El albaricoque que llega a Turquía se mezcla con el de Malatya y recibe el emblema de albaricoque de Malatya».

Afirmó que planteó el asunto al ministro de Agricultura y que le respondieron que no hay importaciones, mientras que, según su relato, el Ministerio de Comercio «trabaja por completo a favor del exportador». Aydınlık sitúa el coste de la fruta importada en 2 dólares frente a un precio de exportación de 8 a 10 dólares para las partidas mezcladas; el titular del diario cita el nivel de 10 dólares.

Diferencia de calidad y caída de los envíos

Kılınç describió la diferencia entre ambos orígenes en términos de procesado. El albaricoque de Malatya, dijo, tiene alto aroma y contenido de azúcar, mientras que los demás resultan más ácidos; la fruta local sin injertar de ese tipo solo se destina a compota. El indicador más claro para el industrial es el rendimiento de secado, es decir, cuánta fruta fresca hace falta por kilo de producto seco.

  • Fruta de Malatya: 4 kilos de fresco dan 1 kilo de seco, según Kılınç
  • Fruta uzbeka: hacen falta 8 kilos de fresco para 1 kilo de seco
  • Exportaciones de agosto: 3.000 toneladas este año frente a 9.000 toneladas en el mismo mes del año pasado

Según Kılınç, los compradores europeos han detectado la sustitución y se retiran de las compras. «Europa ahora se abstiene de comprar albaricoque. Lo han entendido y dicen: ‘¡Esto es albaricoque uzbeko!’. Al bajar la calidad, también perdimos el mercado», afirmó, y añadió que el productor no ha perdido solo los ingresos de una campaña, sino su salida comercial.

Cuello de botella en el almacenamiento

La fruta sin vender se queda en manos de los agricultores y la capacidad de almacenamiento autorizado en Malatya resulta muy insuficiente, según Kılınç. La provincia cuenta con un almacén licenciado de 6.000 toneladas frente a una cosecha de orejones de 67.000 toneladas este año, de modo que solo podría almacenarse en torno a una décima parte.

El almacén se ha cedido a la bolsa de productos, dijo, y puso en duda que se acepten las partidas de los agricultores mientras haya mercancía de exportadores. Como motivo de rechazo se alegó un nivel alto de humedad, señaló, y los productores ya han dejado de llevar producto. «Los albaricoques que vienen de fuera tienen que agotarse para que le llegue el turno al de Malatya», afirmó.

Costes de producción y acceso al mercado

Kılınç vinculó la situación con la economía del cultivo y sostuvo que primero deben bajar los precios del gasóleo y del fertilizante. Citó cifras de 90 liras para el gasóleo y 2.500 liras para el fertilizante que paga el productor. El aumento de los insumos y el efecto de la guerra sobre los costes pueden superarse, dijo, pero el problema de mercado no se resuelve sin actuación estatal.

Los productores de frutas y hortalizas afrontan la misma presión: la exportación se ha detenido, la mercancía que antes iba a Rusia y a otros muchos países ya no llega, y el tomate se entrega en el campo a 2 o 3 liras. El Ministerio ha aplicado planificación productiva a 13 productos y Kılınç defendió incluir frutas y hortalizas, ajustando el volumen a lo que se pueda vender. La ley de mercados mayoristas que se debatió nunca llegó a aprobarse, señaló.

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