La sequía y los costes reducen el hato lechero de Túnez
El número de vacas lecheras de Túnez cayó alrededor de un 26% entre 2013 y 2025 por la sequía, el encarecimiento de los piensos y la pérdida de rentabilidad. El sector propone un índice de alerta, explotaciones de bajo consumo de agua y una estrategia nacional hasta 2030.
El antiguo modelo de autosuficiencia pierde solidez
La industria láctea de Túnez afronta una reducción prolongada de su base productiva después de que las sequías recurrentes, el aumento de los insumos y el acceso limitado al crédito debilitaran la rentabilidad ganadera. El sector produce más de 1.400 millones de litros de leche al año y reúne a cerca de 100.000 ganaderos, decenas de plantas lácteas y una extensa red de distribución. Túnez demostró anteriormente que podía alcanzar la autosuficiencia, pero mantener esa posición resulta cada vez más incierto.
Los datos citados en un informe publicado por AllAfrica indican que el número de vacas lecheras descendió de 458.000 en 2013 a unas 339.000 en 2025, una contracción del 26%. El Ministerio de Agricultura, Recursos Hidráulicos y Pesca de Túnez también confirmó que el hato bovino nacional se redujo cerca de un 26% en 2025. Las pequeñas explotaciones sufrieron especialmente porque los déficits reiterados de lluvia limitaron los pastos y forrajes, mientras los piensos y otros insumos agrícolas se encarecían.
La rentabilidad amenaza la disponibilidad de leche
Los profesionales del sector afirman que el precio pagado al ganadero por litro de leche continúa por debajo del coste real de producción. La pérdida de poder adquisitivo y las restricciones crediticias han agravado la presión, llevando a algunos productores a vender ganado o enviar animales al matadero antes de tiempo. La contracción del hato ha reducido la producción local y elevado el riesgo de escasez. Sin embargo, los representantes de la industria consideran que la mayor amenaza es la erosión gradual de la capacidad productiva, no una interrupción repentina.
Las existencias de regulación siguen siendo un amortiguador importante entre los periodos de alta y baja lactación. Túnez fijó en 19,7 millones de litros su reserva de leche fresca esterilizada para 2025, con el fin de absorber variaciones estacionales, sostener los precios al productor y limitar las pérdidas causadas por excedentes temporales. Estas reservas también ayudan a reducir la dependencia de productos lácteos importados. No obstante, el almacenamiento no puede compensar indefinidamente la reducción del hato, la menor productividad animal y el mayor coste del agua y los piensos.
Alertas tempranas y menor consumo de agua
Los participantes del sector han propuesto un índice nacional de alerta láctea, actualizado semanalmente, que combinaría cuatro indicadores: disponibilidad de leche cruda, situación del hato, inventarios industriales y previsiones climáticas. Si dos o tres indicadores entraran en zona de alerta, los procesadores, distribuidores y organismos públicos recibirían una señal temprana. La iniciativa busca evitar que las medidas se retrasen hasta que empiece a faltar producto en las tiendas.
La segunda propuesta es un programa de explotaciones lecheras eficientes en el uso del agua. Las granjas seleccionadas recibirían apoyo para producir más leche con menos agua y menos piensos importados. Las medidas podrían incluir sistemas de abrevado eficientes, recuperación y reutilización técnicamente viable de agua agrícola, forrajes que requieran menos agua, aprovechamiento de residuos de cereales y olivos, y sensores para controlar el consumo de agua y el estado de los animales. El rendimiento no se mediría solo por la leche obtenida por vaca, sino también por los litros producidos por metro cúbico de agua.
Los objetivos de 2030 exigen inversión y coordinación
Una estrategia prospectiva hasta 2030 pretende recuperar la viabilidad económica, mejorar la competitividad y desarrollar la producción hacia la autosuficiencia. Las propuestas incluyen precios de la leche vinculados a la calidad, incentivos en toda la cadena y medidas destinadas a limitar los costes de productividad al 10%. El plan contempla además un crecimiento estable del hato del 0,6% durante la década 2020–2030.
El estudio proyecta un aumento del 86% en la tasa de recogida para 2030 y una tasa de transformación industrial del 97%, con el objetivo de reducir los canales paralelos. Las exportaciones de leche deberían crecer un 14%, mientras que el consumo anual per cápita de leche industrial y derivados aumentaría un 3,8%. Alcanzar estas metas dependerá de conservar el hato restante, recuperar la rentabilidad de las explotaciones y coordinar la gestión del agua, la recogida, la transformación y la demanda antes de que la presión sobre la oferta provoque una alteración más amplia del mercado.