La sequía reduce el área y las exportaciones de maíz de Rumanía pese al repunte
La cosecha rumana de maíz se estima en unos 8 millones de toneladas, más de un 10 % por encima de 2025, pero aún por debajo de la mitad de los volúmenes de 2018 y 2019. Las sequías recurrentes impulsan el cambio hacia cultivos de otoño y girasol, mientras las exportaciones retroceden.
La recuperación sigue lejos de las cosechas anteriores
La producción de maíz de Rumanía se estima en unos 8 millones de toneladas este año, más de un 10 % por encima de 2025, según Newsweek Romania. El país evitó los peores efectos de la sequía europea, pero la cosecha prevista continúa por debajo de la mitad de los volúmenes obtenidos en 2018 y 2019.
La mejora interanual no revierte la contracción prolongada del sector maicero rumano. La superficie sembrada, la producción y el excedente disponible para compradores extranjeros han caído desde sus máximos. La presión es especialmente intensa en el sureste, donde el calor y la falta de agua están modificando las decisiones de siembra.
Las exportaciones rumanas de maíz se situaron entre 2,2 millones y 4,7 millones de toneladas durante 2023-2025, frente a más de 7 millones de toneladas al inicio de la década, según datos de la Comisión Europea citados por Newsweek Romania y Capital. Para comerciantes y compradores que dependían de Rumanía como origen europeo relevante, las cifras revelan una oferta menor y más volátil.
El riesgo hídrico fuerza el cambio de cultivos
Cezar Gheorghe, de la consultora AGRIColumn, señaló al cambio climático como uno de los principales factores de la reducción del área de maíz. Las pérdidas reiteradas desde 2020 han favorecido los cultivos de otoño. Las explotaciones pequeñas sufren especialmente cuando la sequía aparece después de un comienzo normal del ciclo vegetativo.
El agricultor Ștefan Moraru se pasó al girasol, que necesita menos agua que el maíz, tras sufrir pérdidas en todos sus cultivos en 2020. También invirtió en riego, pero el canal que abastecía sus fincas dejó de funcionar a mediados de julio. El caso muestra los límites de invertir en sistemas pivotantes, bombas y tuberías cuando no existe un suministro de agua fiable.
Los datos climáticos refuerzan esa preocupación. Las cifras de Reuters Climate Monitor citadas por Capital muestran que las temperaturas máximas medias del verano rumano durante la última década superaron en 3 grados Celsius los valores históricos de referencia. Según la OCDE, Rumanía y Hungría registran anomalías de humedad del suelo peores que los promedios de la UE y la OCDE, con efectos directos sobre la productividad y la gestión del agua.
La escasez regional puede elevar las importaciones de la UE
Hungría afronta una contracción similar. Su cosecha de maíz se proyecta en 2,5 millones de toneladas, menos de un tercio de la producción de 2018 y 2019, y el Gobierno afirma que el tradicional exportador tendrá que importar este año. Algunas explotaciones familiares han cerrado o buscado ingresos fuera de la agricultura, según Tamas Petohazi, presidente de la Asociación Húngara de Productores de Cereales.
La Comisión Europea pronosticó a finales de agosto una cosecha comunitaria de maíz de 50,1 millones de toneladas. Sería la menor en casi 20 años y aproximadamente un 20 % inferior al promedio de los tres años anteriores. Gabriel Antonio, analista de materias primas de Expana, estimó que las importaciones de maíz de la UE podrían aumentar un 8 %-9 % en la campaña 2026/2027 si los veranos secos siguen reduciendo la superficie o los rendimientos.
Las proyecciones a largo plazo apuntan a una volatilidad persistente. Las perspectivas agrícolas a diez años de la Comisión Europea sitúan la incertidumbre de los rendimientos del maíz en Europa Oriental en un 18,7 % para 2035, el nivel más alto entre las regiones observadas. Para los productores, la elección del cultivo depende cada vez más de un acceso seguro al agua; para procesadores y comerciantes, el menor excedente rumano y húngaro supone más dependencia de las importaciones y una oferta regional irregular.