San Juan apuesta por nuevas variedades para recuperar la exportación argentina de uva
Productores y autoridades de San Juan buscan incorporar variedades licenciadas de uva de mesa ante el envejecimiento de los viñedos y la baja demanda internacional de la oferta actual. Aunque el material vegetal llegara a fines de 2027, las nuevas plantas necesitarían alrededor de dos años y medio para empezar a producir.
San Juan perdió terreno en los mercados externos
La provincia argentina de San Juan busca reconstruir una actividad de uva de mesa que llegó a ser uno de sus principales negocios agroexportadores. La iniciativa surge después de años de menor competitividad, envejecimiento de los viñedos y permanencia de variedades que ya no responden a la demanda de los mercados internacionales.
Diario de Cuyo señala que estas presiones redujeron progresivamente la presencia de San Juan en el exterior. Argentina pasó así a ser un mercado que consume más uva de la que produce para el mundo, una señal de cuánto se contrajo la antigua posición exportadora de la provincia.
Las variedades licenciadas son el eje de la reconversión
Productores, cámaras empresarias y el Gobierno provincial trabajan para incorporar nuevas variedades licenciadas de uva de mesa. Las gestiones con compañías internacionales, la Secretaría de Agricultura de Argentina y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, SENASA, buscan asegurar el material vegetal necesario para reemplazar los viñedos obsoletos.
San Juan ya incorporó variedades destinadas a la producción de pasas, lo que ofrece un antecedente reciente para este tipo de renovación. La uva de mesa de exportación plantea, sin embargo, un reto comercial más amplio. Los productores deben cultivar las variedades que buscan los compradores y cumplir al mismo tiempo con sus exigencias de calidad, presentación, rendimiento y momento de llegada al mercado.
La brecha de precios en el mercado mayorista argentino muestra la dimensión del problema. Según Diario de Cuyo, la uva de mesa de San Juan puede venderse en el Mercado Central de Buenos Aires a aproximadamente la mitad del precio de la fruta procedente de Brasil o Chile. La diferencia refleja presión sobre los precios, pero también debilidades en toda la cadena de producción y comercialización.
El material vegetal es solo una de las restricciones
Los participantes del sector sostienen que la renovación varietal exige más que inversiones individuales de los productores. Entre las prioridades figuran la seguridad jurídica para el ingreso de plantas, la asistencia técnica, el financiamiento, condiciones operativas previsibles y una estrategia comercial que abarque desde la implantación del viñedo hasta la venta en los mercados internacionales.
El calendario obliga a actuar con rapidez. Si el material vegetal está disponible a fines de 2027, las nuevas plantas todavía necesitarán alrededor de dos años y medio para comenzar a producir. La recuperación comercial llegaría, por tanto, bastante después del ingreso de las primeras plantas a la provincia, mientras cada temporada perdida alejaría aún más el retorno a los mercados externos.
San Juan conserva experiencia productiva, conocimientos técnicos y condiciones naturales favorables para la uva de mesa. El desafío consiste en convertir esas ventajas en variedades y especificaciones aceptadas por los compradores actuales. Sin ese cambio, la provincia corre el riesgo de seguir ofreciendo fruta con pocas perspectivas exportadoras y un descuento considerable en su propio mercado mayorista. La reconversión abre una vía de regreso a las góndolas internacionales, pero dependerá de decisiones coordinadas sobre acceso a plantas, inversión en viñedos y desarrollo comercial.