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Los precios de la carne ovina en Marruecos marcan récords mientras los ganaderos retienen corderas para recomponer el rebaño

Los precios de la carne ovina en el mercado marroquí han alcanzado máximos históricos porque los ganaderos retienen hasta el 60 % o 70 % de sus corderas para recomponer el rebaño tras la sequía de 2020 a 2023. La cabaña bovina cayó un 34 %, de 3,2 a 2,1 millones de cabezas, y los carniceros se vuelcan en el ovino. La alimentación supone entre el 70 % y el 80 % del coste de producir un ovino.

Los precios de la carne ovina en Marruecos marcan récords mientras los ganaderos retienen corderas para recomponer el rebaño

Los precios de la carne ovina en el mercado marroquí han alcanzado máximos históricos y la causa principal es una decisión deliberada de los ganaderos: retirar animales del circuito de sacrificio. Le Site Info y Le360, que citan a Saïd Chatibi, presidente de la Asociación Nacional Ovina y Caprina (ANOC), identifican tres factores que se suman: la retención estratégica de hembras, el hundimiento histórico de la cabaña bovina y la inflación importada en los costes. Le360 precisa que el análisis fue publicado por el diario Les Inspirations Eco el 15 de septiembre.

Recomposición tras los años de sequía

Entre 2020 y 2023, la sequía persistente, la escasez de pastos y unos precios de venta muy bajos obligaron a los ganaderos marroquíes a descapitalizarse. Para sostener las explotaciones se desprendieron de buena parte de su ganado productivo. Hoy la tendencia se ha invertido. Las precipitaciones registradas en 2025 y una buena campaña agrícola en 2026 han recuperado los pastos y reactivado la producción forrajera nacional. Con precios en vivo muy atractivos y las ayudas públicas desplegadas en 2025, los ganaderos hacen la operación contraria y reconstruyen su base reproductora. Las hembras se conservan para la reproducción, lo que retira de forma mecánica una parte importante de la oferta potencial de los circuitos comerciales y mantiene los precios al consumidor en niveles inéditos, con un efecto directo sobre el poder adquisitivo de los hogares.

La tensión está en las corderas, no en las ovejas reproductoras

La ANOC subraya que la escasez no procede del sacrificio de ovejas reproductoras. Sus precios mayoristas oscilan ahora entre 3.500 y 4.500 dírhams por cabeza, un nivel al que la cuenta ya no sale para un carnicero que solo obtendría de 18 a 20 kilos de carne de calidad estándar. El verdadero cuello de botella está en las corderas de seis a nueve meses.

  • En la gestión habitual de un rebaño de 200 cabezas, el ganadero conserva entre el 30 % y el 40 % de las hembras jóvenes para la reposición.
  • El 60 % o 70 % restante se destina al sacrificio para asegurar tesorería corriente.
  • Esa proporción se ha invertido: hoy se retiene hasta el 60 % e incluso el 70 % de las corderas.

El ganadero acepta así un sacrificio financiero inmediato, renuncia a una entrada de caja y apuesta por la rentabilidad futura. Los volúmenes que normalmente iban a la carnicería se agotan y el mercado queda bajo una presión muy fuerte.

El desplome del vacuno se traslada al ovino

Esta contracción voluntaria de la oferta ovina choca con una crisis estructural más profunda, la del vacuno. El mercado de carnes rojas en Marruecos funciona como un sistema de vasos comunicantes. El censo agrícola de septiembre de 2025 reveló una caída sin precedentes de la cabaña bovina nacional, del 34 %, de 3,2 a 2,1 millones de cabezas en muy poco tiempo. «El vacuno aportaba el 80 % de la carne consumida en las carnicerías marroquíes. Hemos perdido un tercio de ese 80 %», advirtió Chatibi. Pese a las facilidades de importación concedidas por el Estado para la carne de vacuno, tanto en animales vivos como en canales, los mayoristas y carniceros se vuelcan masivamente en el ovino. Esa demanda de sustitución impacta en una oferta ya debilitada por la retención y altera los equilibrios tradicionales de consumo.

La alimentación y la logística fijan el suelo de costes

La escalada no se explica solo por la oferta y la demanda. La estructura de costes de producción se ha disparado por la coyuntura internacional. La alimentación del ganado depende en gran medida de la importación de concentrados como el maíz, la harina de soja y la cebada, y absorbe de lleno la inflación mundial. Según datos de la ANOC, la alimentación representa entre el 70 % y el 80 % del coste de producir un ovino. A ello se suman el encarecimiento del transporte y la logística al ritmo de los hidrocarburos y la multiplicación de intermediarios en la cadena de valor, que acumulan márgenes antes de que la carne llegue al consumidor final.

La ANOC sostiene que el nivel actual de precios, por duro que resulte para el consumidor, es la condición para recuperar una oferta propia. La asociación insiste en que un aumento puramente cuantitativo de la cabaña no resolverá la vulnerabilidad climática recurrente. El futuro del sector pasa por mejorar la productividad numérica de los rebaños, modernizar el manejo ganadero y reforzar el apoyo a las razas locales, más resistentes a los choques climáticos, con un acompañamiento riguroso del Estado.

Análisis completo del mercado

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