Malasia vigila el riesgo de El Niño para su producción de aceite de palma en 2027
Malasia sigue la evolución de las lluvias después de que la probabilidad de un súper El Niño entre octubre y diciembre superara el 90 %. El MPOC considera que el monzón de diciembre podría aliviar la sequía, mientras que el efecto productivo suele aparecer con un desfase de entre nueve y 12 meses.
Las lluvias definirán el riesgo productivo de 2027
La industria palmera de Malasia vigila la posible llegada de un El Niño muy fuerte, cuya probabilidad de desarrollo entre octubre y diciembre ha superado el 90 %. La cuestión central es si el periodo seco durará lo suficiente para afectar la fisiología de las palmas y reducir la producción de racimos de fruta fresca y aceite de palma crudo en 2027.
InfoSAWIT Sumatera, que citó a Bernama, informó que Belvinder Sron, directora ejecutiva del Malaysian Palm Oil Council, espera que el monzón previsto para diciembre ayude a reducir la presión de la sequía. Aun así, las precipitaciones entre septiembre y noviembre serán el principal indicador para evaluar la posible pérdida de producción del próximo año.
La sequedad todavía no ha alcanzado una fase crítica en Malasia, aunque las temperaturas muestran una tendencia ascendente. Además, el tiempo seco de 2026 se está desarrollando con mayor lentitud que durante el episodio de 2015. Indonesia registra condiciones más secas desde finales de junio, sobre todo en Sumatra y Kalimantan, lo que amplía el riesgo a las dos principales zonas productoras.
El anterior El Niño restó 2,6 millones de toneladas
El episodio de 2015 constituye la principal referencia para el mercado. Aquel El Niño afectó la producción malasia al año siguiente, cuando el volumen cayó cerca de un 13 %, equivalente a 2,6 millones de toneladas. Según el MPOC, el impacto sobre la producción de aceite de palma suele hacerse visible después de un desfase aproximado de entre nueve y 12 meses.
Un periodo seco breve puede beneficiar inicialmente a las plantaciones. Mejora el acceso a las fincas, facilita la cosecha y reduce las interrupciones en el traslado de los racimos a las plantas de procesamiento. El riesgo aumenta cuando la sequía dura más de tres meses consecutivos. Las escasas lluvias, las altas temperaturas y la pérdida de humedad del suelo pueden reducir el rendimiento, aunque la caída de la producción solo se materialice varios meses después.
El monzón de diciembre podría limitar los daños si repone la humedad antes de que se desarrolle un estrés hídrico prolongado. Si las lluvias son insuficientes y baja la producción de racimos mientras la demanda sigue firme, las existencias de aceite de palma podrían disminuir y el balance de oferta se ajustaría.
Los futuros ya incorporan la preocupación por la oferta
El riesgo meteorológico sostiene un mercado de aceite de palma crudo que ya se encontraba firme. InfoSAWIT Sumatera señaló que los futuros de Bursa Malaysia Derivatives llegaron a superar los 4.900 ringgits por tonelada a mediados de agosto. Los contratos con entrega en 2027 cotizaron por encima de 5.000 ringgits por tonelada. Las previsiones apuntaban a que el precio podría mantenerse por encima de 4.600 ringgits por tonelada en septiembre y conservar ese nivel hasta finales de año.
El mercado también evalúa las tensiones geopolíticas que repercuten sobre los aceites vegetales y la energía, junto con el aumento de las necesidades internas de Indonesia para su programa de biodiésel B50. La mayor demanda de biocombustibles y la incertidumbre productiva de 2027 han elevado la atención sobre el volumen que quedará disponible para exportación.
El máximo estacional dará nuevas señales
Malasia suele alcanzar su máximo estacional de producción en septiembre u octubre, antes de que el volumen disminuya en el cuarto trimestre. Los próximos meses serán, por tanto, decisivos para las empresas de plantaciones, procesadores, comerciantes y compradores que planifican el abastecimiento de 2027.
Las condiciones actuales no confirman que vaya a producirse una caída. La duración del periodo seco, las lluvias anteriores al monzón y la intensidad de las precipitaciones de diciembre determinarán si el riesgo meteorológico se convierte en una perturbación real de la oferta. Hasta que esas señales sean más claras, los futuros de mayor plazo probablemente conservarán una prima climática.