El vino italiano afronta excedentes ante el cambio en los hábitos de consumo
La industria vinícola italiana acumula excedentes mientras los precios más altos y los nuevos hábitos reducen la demanda. El cocinero y asesor alimentario Guido Mori propone convertir el vino no vendido en vinagre para usos técnicos, químicos y farmacéuticos.
Las existencias revelan una brecha creciente entre oferta y demanda
El sector vinícola italiano afronta un fuerte desajuste entre producción y consumo. MOW informa de que hay más de 7.000 millones de botellas sin vender y describe la situación como una crisis de sobreproducción sin precedentes. El medio atribuye la acumulación a la subida de los precios minoristas, los cambios en los hábitos de consumo y una cadena productiva que siguió elaborando vino sin adaptarse suficientemente a nuevos mercados, formatos de envase o formas de comunicación.
El problema no se plantea como una cuestión de calidad. El informe apunta a un modelo comercial basado en la idea de que la reputación del vino italiano seguiría sosteniendo mayores volúmenes y precios prémium. Según MOW, Europa estudia arrancar viñedos excedentarios, señal de que los responsables políticos también evalúan medidas sobre la oferta.
Los precios prémium chocan con el relevo generacional
Guido Mori, cocinero, químico y asesor de la industria alimentaria, además de fundador y director de la Universidad de la Cocina Italiana, sostiene que los productores convirtieron progresivamente un alimento cotidiano en un bien de lujo. Según su estimación, la gestión del viñedo, la vendimia, la fermentación y la bodega cuestan como máximo entre 2,50 y 3 € por litro. La botella, la etiqueta y otros elementos comerciales añaden unos 2 €, por lo que incluso un vino costoso de producir alcanzaría un coste total de elaboración y envasado de aproximadamente 4-5 € por litro.
Mori contrapone esas cifras a un modelo en el que la botella más barata puede llegar a 50 € en el comercio minorista. Cuestiona que las bodegas sigan utilizando botellas costosas en lugar de formatos sencillos, como garrafas o damajuanas, que, según él, reducirían el coste a 2,50-3 € por litro. Son estimaciones, no promedios sectoriales auditados, pero sitúan el debate en torno a si el posicionamiento prémium ha restado accesibilidad al vino cuando los presupuestos familiares están bajo presión.
La demanda también está cambiando entre generaciones. MOW señala que los consumidores jóvenes prefieren cada vez más la cerveza artesanal y los combinados a los grandes tintos tradicionales. Mori añade que una mayor conciencia sobre los riesgos del alcohol para la salud impulsa a los jóvenes a beber menos. Estas tendencias desafían a productores cuyas gamas, envases y precios fueron concebidos para un público más amplio y habituado al consumo frecuente de vino.
El vinagre surge como salida para el vino excedentario
Mori identifica tres fuerzas detrás de la presión actual: el cambio generacional, la falta de adaptación de los productores y un entorno económico más débil en los mercados tradicionales. También critica los incentivos que permitieron elevar la producción por encima del volumen que podían absorber los consumidores. A su juicio, ni el Estado ni la Unión Europea deberían apoyar una oferta adicional sin un destino comercial creíble.
Para el vino ya almacenado, Mori propone transformarlo en vinagre destinado a aplicaciones técnicas, químicas y farmacéuticas. Afirma que el volumen actual podría aportar materia prima para esos usos durante un máximo de 150 años. La propuesta abriría una salida para las existencias que no pueden venderse como vino embotellado, aunque la fuente no ofrece estimaciones de capacidad de transformación, demanda industrial, costes de proceso ni precios para los productores.
Para bodegas, cooperativas y distribuidores, la cuestión inmediata no es solo liquidar las existencias actuales, sino evitar que sigan creciendo. Envases más baratos, precios accesibles y productos adaptados a los jóvenes permitirían comprobar la demanda sin depender exclusivamente de botellas prémium. El arranque de viñedos y la transformación industrial actuarían sobre la oferta, pero el equilibrio a largo plazo dependerá de ajustar los volúmenes y las estrategias comerciales a una base de consumidores más pequeña y cambiante.