Indonesia busca la autosuficiencia en ajo ante su elevada dependencia importadora
Indonesia planea ampliar su producción de ajo y reducir la dependencia de las importaciones. En 2022 importó unas 536.000 toneladas, frente a una producción nacional de aproximadamente 18.000 toneladas.
El Gobierno incluye el ajo entre sus prioridades
Indonesia pretende reducir su dependencia del ajo importado mediante una ampliación de la producción nacional. El cultivo figura entre cuatro alimentos estratégicos para los que el Gobierno busca disminuir las compras externas. Según Pantau y la agencia ANTARA, el ministro de Agricultura, Amran Sulaiman, señaló como prioridades el trigo, el maíz, la soja y el ajo.
La iniciativa llega después de la decisión gubernamental de suspender las importaciones de arroz a partir de 2025. Entre los cuatro productos prioritarios, las autoridades consideran que el ajo tiene posibilidades de alcanzar la autosuficiencia. Las fuentes disponibles no especifican una fecha límite ni un objetivo concreto de producción.
La gran brecha de oferta muestra la dificultad
Indonesia importó alrededor de 536.000 toneladas de ajo en 2022, mientras que su producción nacional fue de apenas unas 18.000 toneladas, según ambas publicaciones. Las importaciones fueron así casi 30 veces superiores a la producción local. La comparación no mide todo el consumo nacional, pero muestra la magnitud de la dependencia del suministro extranjero.
El ajo importado se vendió en 2023 por entre 30.000 y 40.000 rupias indonesias por kilogramo. Los precios internos fluctúan según la temporada y la disponibilidad, por lo que el calendario y la gestión de las importaciones resultan importantes para consumidores, comerciantes y agricultores locales.
ANTARA identifica como obstáculos principales la escasez de tierras adecuadas y el clima tropical húmedo de Indonesia. El ajo crece mejor en terrenos fértiles y condiciones relativamente secas, lo que dificulta una expansión a gran escala. La productividad nacional también es inferior a la de varios países debido a la calidad de la semilla, las técnicas de cultivo, las plagas y las enfermedades.
Los costes de producción suponen otra barrera. Los agricultores indonesios afrontan gastos relativamente altos en semillas, fertilizantes y mano de obra, mientras compiten con el producto importado. Restringir rápidamente las importaciones sin un aumento paralelo de la oferta nacional fiable podría reducir la disponibilidad y elevar la volatilidad de los precios.
Semillas, superficie e infraestructura determinarán la viabilidad
El Gobierno ya apoya a los productores con semillas y fertilizantes y trabaja para ampliar la superficie cultivada. ANTARA también menciona variedades mejoradas y resistentes a enfermedades, tecnología agrícola adecuada, capacitación, incentivos y regulación de las importaciones. La inversión en riego y almacenes podría mejorar la eficiencia de las explotaciones y reforzar la cadena de suministro.
La política puede permitir a los productores ampliar superficie y ventas, siempre que eleven el rendimiento y la calidad hasta niveles competitivos. Los importadores y distribuidores afrontan mayor incertidumbre regulatoria ante una posible gestión más estricta de las compras externas. Será esencial avanzar gradualmente: sustituir las 536.000 toneladas importadas frente a una producción nacional de 18.000 toneladas en 2022 exige mejoras sostenidas en superficie, productividad y capacidad poscosecha, no solo una buena campaña.
ANTARA cita a China como uno de los mayores productores mundiales de ajo y señala que Estados Unidos también cultiva el producto a gran escala. Sin embargo, las condiciones de Indonesia son distintas y la agencia sostiene que la autosuficiencia exigirá medidas significativas, integrales y constantes. Hasta que la producción nacional aumente de forma sustancial, el ajo importado seguirá siendo crucial para la disponibilidad y la estabilidad de los precios.