Precios récord en las gasolineras francesas: los conductores se pasan al E85, al GLP y al aceite de colza
El gasóleo promedió el lunes 2,41 euros por litro en Francia y el SP95-E10 alcanzó 2,18 euros, por encima de su máximo de 2022, según Le Journal de Saône-et-Loire. Los conductores se están pasando al Superetanol-E85, a unos 0,85 euros por litro, y al GLP, a 1,06 euros, mientras algunos vierten aceite de colza de supermercado en depósitos diésel pese a la normativa aduanera.
Los conductores franceses están recurriendo a carburantes alternativos después de que los precios en las estaciones de servicio marcaran nuevos récords el lunes, según informó el diario regional Le Journal de Saône-et-Loire. Crece el interés por el Superetanol-E85 y el gas licuado del petróleo (GLP) y, al margen de la normativa aduanera, también por el aceite de colza de supermercado como sustituto del gasóleo.
Precios por encima del máximo de 2022
El gasóleo promedió 2,41 euros por litro, el SP95-E10 2,18 euros y el SP98 2,28 euros. La cifra del SP95-E10 supera su récord anterior, fijado en 2022 tras el inicio de la guerra en Ucrania. Los carburantes alternativos se mantienen muy por debajo de esos niveles.
- Gasóleo: 2,41 euros por litro
- SP95-E10: 2,18 euros por litro
- SP98: 2,28 euros por litro
- Superetanol-E85: alrededor de 0,85 euros por litro
- GLP: alrededor de 1,06 euros por litro
En un repostaje de 40 litros la cuenta es contundente: 34 euros con E85 frente a unos 87 euros con SP95 y 91 euros con SP98. El aceite de colza, a unos 1,47 euros por litro en el lineal, queda casi un euro por debajo del gasóleo.
Aceite de colza: barato en el estante, caro en los inyectores
La diferencia de precio ha reactivado una práctica muy difundida en redes sociales: mezclar aceite de cocina con gasóleo o circular solo con aceite. Algunos motores diésel toleran la mezcla, pero el diario advierte de que el aceite de colza puede obstruir los inyectores y la bomba de inyección, con pérdida de potencia y dificultades de aceleración.
Pierre Chasseray, delegado general de la asociación 40 millions d'automobilistes, fue tajante: «No le doy 10.000 km antes de que los inyectores estén muertos». Dos repostajes probablemente pasen sin daños, señaló, pero el problema es que la tentación de seguir será enorme y las consecuencias, catastróficas.
Existe además una barrera legal: los aceites vegetales no figuran entre los carburantes autorizados por el Código aduanero francés. Hay una excepción para determinados profesionales de la agricultura, la construcción y el transporte que disponen de flota propia. La misma lógica se aplica al GNR, el gasóleo no destinado a carretera, teñido de rojo y con menor carga fiscal. El particular que lo use en su coche se expone a una multa de hasta 135 euros y a la incautación del vehículo.
E85: una brecha fiscal de 55 céntimos
La vía legal que gana terreno es el Superetanol-E85, compuesto mayoritariamente por bioetanol producido a partir de remolacha, trigo o maíz, más una parte de gasolina. Solo sirve para vehículos de gasolina con una caja de conversión homologada, subraya Chasseray, en un momento en que circulan numerosos vídeos de conductores que mezclan ellos mismos gasolina y etanol. Sin la caja, explica, el elevadísimo índice de octano del etanol despega todas las impurezas acumuladas durante años en el fondo del depósito, que se depositan contra el filtro de combustible hasta que la bomba se detiene y el coche se avería.
Instalar una caja homologada cuesta entre 500 y 1.000 euros. «Una vez que se tiene, es un 50 % de ahorro. Es una inversión muy rentable, la caja se amortiza en un año», afirma Chasseray. Buena parte de la ventaja es fiscal: el impuesto TICPE aplicado al bioetanol es de 12 céntimos, frente a 67 céntimos para la gasolina.
GLP e hidrógeno, limitados por la red
El GLP está compuesto de propano y butano y permite que un vehículo adaptado funcione con dos depósitos, uno de gasolina y otro de gas. A unos 1,06 euros por litro sigue siendo atractivo, pero convertir un coche de gasolina cuesta de media 3.000 euros. «Es más caro que el etanol, así que forzosamente mucho menos rentable», precisa Chasseray. El otro límite es la distribución: de las cerca de 10.000 estaciones de servicio que hay en Francia, solo unas 1.500 ofrecen GLP, según France Gaz Liquides.
El hidrógeno exige cambiar de vehículo y sigue siendo muy marginal para los particulares. Sobre el papel acumula ventajas: autonomía comparable a la de los coches térmicos, repostaje rápido y cero emisiones de CO2 por el escape, ya que el vehículo expulsa esencialmente vapor de agua. La red, sin embargo, es mínima: Francia cuenta actualmente con 66 estaciones de repostaje de hidrógeno para unos 1.155 vehículos en circulación. Antes de buscar un ahorro de unas decenas de euros por depósito, advierte el diario, conviene comprobar que la solución es compatible con el vehículo, conforme a la normativa y realmente rentable a largo plazo.
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