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La falta de mano de obra se vuelve crónica en la cadena del cacao de Bahía

Representantes del sector reunidos en la segunda Expocacau, en Ilhéus, calificaron de crónica la escasez de trabajadores. El problema amenaza labores agrícolas intensivas, eleva el riesgo operativo y refuerza la necesidad de mecanización asequible y producción de mayor valor.

La falta de mano de obra se vuelve crónica en la cadena del cacao de Bahía

De riesgo estacional a limitación permanente

La cadena brasileña del cacao afronta una escasez persistente de trabajadores en Bahía, la región productora tradicional del país. Los representantes reunidos en la segunda Expocacau, celebrada en Ilhéus, calificaron el problema de crónico, según Globo Rural. La evaluación indica que agricultores y procesadores ya no pueden tratar las dificultades de contratación como una interrupción temporal vinculada únicamente a una cosecha o a oscilaciones locales del mercado laboral.

La presión es especialmente relevante porque el cultivo del cacao mantiene una fuerte dependencia del trabajo manual. La plantación, la poda, el tratamiento del cultivo, la recolección, la apertura de las mazorcas y la preparación de los granos requieren personal en momentos concretos. Si una finca no reúne cuadrillas a tiempo, puede posponer el mantenimiento y dejar fruta madura sin recoger. Para procesadores y compradores, la ejecución irregular en el campo reduce la previsibilidad del volumen y la calidad.

La estructura del sector dificulta una adaptación rápida. Globo Rural informó en 2024 que los pequeños productores representan el 70 % de la cadena brasileña del cacao. Los equipos disponibles para abrir mazorcas suelen estar diseñados para grandes volúmenes y tienen un coste elevado, por lo que resultan poco adecuados para muchas fincas pequeñas. Así, numerosos productores siguen expuestos a la disponibilidad de personal pese a reconocer la necesidad de automatizar.

Los mayores costes amenazan la inversión y la regularidad del suministro

Informaciones anteriores de Globo Rural muestran la magnitud de la contracción laboral en explotaciones concretas. El grupo de fincas Riachuelo, con 2.000 hectáreas en Ilhéus, empleaba a 400 personas antes de la pandemia, pero tenía menos de 100 en 2022. Su gerente describió el manejo del cacao como caro y totalmente manual. El mismo reportaje situó la productividad media de las zonas tradicionales en unos 300 kilogramos, o 20 arrobas, por hectárea.

Una escasez crónica no implica automáticamente una caída de la producción nacional, pero incrementa el coste y el riesgo de ejecutar cualquier plan productivo. Los agricultores pueden verse obligados a competir más por el personal, reducir la superficie con mantenimiento completo o priorizar las tareas de retorno más rápido. Compradores y procesadores pueden sufrir mayor variación en las entregas si se retrasan la cosecha, la fermentación o el secado. El cacao fino es particularmente vulnerable porque el manejo poscosecha determina su calidad y diferenciación de precio.

Las alternativas incluyen equipos que ahorren trabajo, capacitación, maquinaria compartida y prácticas agronómicas que reduzcan la manipulación manual. Sin embargo, la asequibilidad sigue siendo decisiva para productores pequeños y medianos. Una iniciativa de 2024 citada por Globo Rural ofreció R$100.000 para desarrollar una máquina destinada a abrir mazorcas, reflejo de la búsqueda de tecnología adaptada al perfil productivo del sector. Mientras la mecanización no sea accesible a escala de finca, la falta de trabajadores limitará las mejoras de productividad y la fiabilidad del suministro de Bahía.

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