El déficit de trigo y maíz eleva la dependencia de Bolivia de Argentina
Bolivia produce apenas entre el 10% y el 12% del trigo que consume y el 37,5% del maíz que demanda, dejando amplias brechas para molinos, ganaderos y empresas alimentarias. Argentina aporta la mayor parte de las compras formales de trigo y también cubre parte del déficit de maíz mediante flujos informales.
Las cosechas nacionales cubren una fracción del consumo
Las cosechas bolivianas de trigo y maíz siguen muy por debajo de las necesidades internas, lo que incrementa la dependencia de las importaciones formales y del suministro informal, principalmente desde Argentina. Según América Económica, la producción nacional cubre apenas alrededor del 10%-12% del consumo de trigo y el 37,5% de la demanda de maíz.
La escasez afecta a varios eslabones de la cadena alimentaria. La industria molinera depende en gran medida del grano y la harina extranjeros, mientras los sectores avícola, porcino, ganadero y alimentario afrontan una oferta nacional insuficiente de maíz, uno de los principales ingredientes de los piensos. Jaime Hernández, gerente general de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo, Anapo, afirmó el 27 de julio que Bolivia había perdido soberanía alimentaria en ambos cultivos y debía recuperar superficie sembrada y productividad.
El área de trigo cae a un mínimo de tres décadas
Bolivia consume unas 850.000 toneladas de trigo al año, pero su cosecha de 2025 alcanzó solo 92.010 toneladas, aproximadamente el 11% de la demanda. Las importaciones de trigo y harina sumaron 79,3 millones de dólares ese año y Argentina concentró el 92% de las compras, informó América Económica. Esta concentración expone a los compradores bolivianos a la disponibilidad de divisas, los precios internacionales y las condiciones comerciales del país vecino.
El panorama empeoró en la campaña de invierno de 2026. La siembra de trigo en Santa Cruz descendió hasta unas 57.210 hectáreas, su nivel más bajo en tres décadas, frente a cerca de 150.000 hectáreas en 2015. El departamento aporta alrededor del 69% de la producción nacional. Anapo atribuye la contracción a las pérdidas por sequía, el encarecimiento de los insumos, la incertidumbre económica y las dificultades de acceso al diésel agrícola.
El déficit de maíz presiona a la ganadería
Bolivia era autosuficiente en maíz hasta 2012 e incluso generaba excedentes para exportar, recordó Hernández. Anapo sostiene que años de restricciones a las exportaciones redujeron los incentivos para ampliar el área cultivada e invertir. Las sequías, las plagas, la falta de combustible y el aumento de los costes añadieron más presión.
La producción actual de maíz se estima en unas 450.000 toneladas frente a una demanda de 1,2 millones de toneladas, dejando una brecha aproximada de 750.000 toneladas. El balance de Anapo para 2025 había calculado una producción de 543.619 toneladas tras un crecimiento anual del 73%, por lo que la estimación más reciente apunta a una nueva contracción de la oferta disponible. Las importaciones y el maíz que entra informalmente desde Argentina cubren parte del déficit. Hernández señaló que buena parte de ese grano procede de cultivos con semillas biotecnológicas, herramientas a las que los agricultores bolivianos han tenido históricamente un acceso más limitado.
El plan de recuperación combina tecnología y apoyo agrícola
Los productores y el Gobierno boliviano preparan un plan nacional triguero para ampliar la siembra, mejorar los rendimientos y reducir gradualmente la dependencia de las importaciones. Las medidas propuestas incluyen investigación, asistencia técnica, financiación, seguros agrícolas, precios de referencia, abastecimiento de combustible y acceso a nuevas tecnologías. Anapo considera que será necesario aplicarlas de manera coordinada durante varias campañas para ofrecer mayor certidumbre a los agricultores.
La variedad de trigo Génesis, creada para elevar el potencial productivo, fue presentada durante el Día Nacional del Trigo de 2026. El sector también recibió favorablemente la aprobación del evento HB4 tolerante a la sequía para trigo, aunque incorporarlo a variedades adaptadas a los suelos y al clima bolivianos podría llevar entre cuatro y cinco años. La autorización concedida en marzo para utilizar HB4 en la producción de soja mostró una mayor apertura gubernamental a la tecnología agrícola. Sin embargo, su uso en trigo y maíz todavía exigirá investigación, desarrollo de semillas, controles de bioseguridad y una distribución efectiva entre los productores. Mientras no mejoren el combustible, la financiación, los precios y la estabilidad de las políticas, Bolivia seguirá dependiendo del suministro externo de trigo, harina y maíz.