Corea del Sur destruye más de 32.000 toneladas de hortalizas de reserva por un error de previsión de demanda
Datos entregados por la agencia estatal aT al Parlamento muestran que más de 32.000 toneladas de cebolla, rábano y col china en reserva pública fueron destruidas en lugar de venderse, incluidas 20.000 toneladas de cebolla. Más del 80 % de la cebolla comprada el año pasado terminó desechada y la eliminación costó 6.900 millones de wones. El caso cuestiona el volumen y el calendario de compras de la reserva de estabilización de precios.
Más de 32.000 toneladas de hortalizas compradas por el Estado surcoreano para contener los precios al consumo fueron destruidas en lugar de venderse, según los datos que la Corporación de Comercio de Productos Agrícolas, Pesqueros y Alimentarios de Corea (aT) entregó a la oficina del diputado Lee Sung-kwon, del Partido del Poder Popular. La cebolla representó 20.000 toneladas de ese volumen y la eliminación del producto almacenado costó 6.900 millones de wones.
Las cifras, divulgadas el 25 de septiembre, reflejan la situación de la reserva pública a finales del mes pasado y afectan a tres productos básicos de la mesa coreana: cebolla, rábano y col china. Según los datos, las bajas se produjeron tras un fallo en la previsión de los precios de mercado y del equilibrio entre oferta y demanda. Más del 80 % de la cebolla comprada el año pasado acabó desechada en vez de salir al mercado cuyos precios debía moderar.
Qué muestran los datos de aT
- Más de 32.000 toneladas de producto almacenado destruidas a finales del mes pasado.
- 20.000 toneladas de cebolla dentro de ese volumen.
- Más del 80 % de la cebolla comprada el año pasado desechada.
- 6.900 millones de wones gastados en la eliminación de la reserva.
- Afectadas cebolla, rábano y col china.
Cómo una reserva se convierte en pérdida
La mecánica no perdona. aT compra cuando las cosechas son abundantes y los precios en campo están bajos, almacena el producto y lo libera cuando la escasez empuja el precio minorista. La compra sostiene al productor; la liberación debe poner techo al precio al consumo y recuperar parte del desembolso. La cebolla, el rábano y la col son perecederos y el frío solo retrasa el deterioro, así que la ventana en la que la reserva sigue siendo vendible se mide en meses, no en años.
Cuando la escasez prevista no llega, la agencia se queda sin opciones buenas. Volcar la reserva en un mercado ya bien abastecido hunde los precios por debajo del coste de producción y perjudica a los mismos productores que el programa quiere proteger. Mantener el stock implica pagar almacenamiento hasta que el producto ya no se pueda vender. El tercer desenlace es el que recogen los datos de aT: la destrucción, con el precio de compra perdido y una factura de eliminación encima.
Preguntas para la política de estabilización de precios
La magnitud de la pérdida en cebolla —más del 80 % de las compras de un solo año— pone bajo examen el tamaño de la reserva y no solo su calendario. Los volúmenes de compra se fijan frente a un déficit proyectado; si la proyección falla, el Estado termina como mayor tenedor de una mercancía que nadie necesita. Para los productores de cebolla, rábano y col eso tiene consecuencias comerciales directas: un organismo que acaba de asumir 32.000 toneladas de pérdidas compra con más cautela la temporada siguiente, lo que retira parte del suelo de los precios en campo cuando la cosecha es grande.
También importa en el lado comprador. Las liberaciones de reserva son el principal instrumento que limita los precios internos de estas hortalizas en Corea durante una escasez, y procesadores, fabricantes de kimchi, cadenas minoristas e importadores que cubren los huecos de la oferta local incorporan esa intervención a sus cálculos. Una reserva que ha errado el momento de sus compras ancla peor esas expectativas.
Los datos de eliminación reavivan además una vieja pregunta: qué hacer con el excedente público antes de que se convierta en residuo. Procesarlo en congelado, deshidratado o pasta, canalizarlo a ayuda alimentaria o enviarlo al exterior alargan la vida útil de un producto que el mercado interno en fresco no puede absorber. Nada de eso se aplicó a las 32.000 toneladas destruidas a finales del mes pasado, y los 6.900 millones de wones gastados en deshacerse de ellas miden ese desfase.