La carne de cerdo importada a bajo precio presiona a los productores mexicanos
Las importaciones podrían abastecer entre el 35% y el 38% del consumo mexicano de carne de cerdo, según la Unión de Porcicultores de Tehuacán. Los productores sostienen que la carne extranjera barata frena la inversión sin reducir necesariamente los precios al consumidor.
Las importaciones ganan peso en el consumo mexicano
Los porcicultores mexicanos afrontan una competencia creciente de la carne importada, principalmente de Estados Unidos y Brasil. Jorge García de la Cadena Romero, presidente de la Unión de Porcicultores de Tehuacán, estima que las importaciones podrían representar actualmente entre el 35% y el 38% del consumo nacional de carne de cerdo.
La estimación muestra la magnitud de la oferta extranjera en un mercado donde los productores nacionales buscan ampliar su actividad. Los porcicultores de Tehuacán, Puebla, consideran que las condiciones de entrada dificultan la competencia de las granjas locales, sobre todo cuando la carne extranjera se ofrece por debajo del precio del producto nacional.
El menor precio de importación no siempre llega al consumidor
Según García de la Cadena, un menor precio de compra de la carne importada no se traduce necesariamente en una reducción equivalente en el comercio minorista. El beneficio puede quedarse en el primer comprador o en otros intermediarios de la cadena de comercialización, en lugar de trasladarse a los hogares. Por ello, el aumento de las importaciones no mejora automáticamente el acceso de los consumidores mexicanos a precios más bajos.
La diferencia de precios también condiciona las decisiones productivas. La unión sostiene que la competencia de la carne extranjera más barata desincentiva la construcción de nuevas granjas y limita la ampliación de las instalaciones existentes. Para los porcicultores, el problema no se reduce a las ventas actuales: también afecta la rentabilidad esperada de invertir en infraestructura y aumentar el hato.
La carne de cerdo mantiene una demanda considerable por su precio, su valor alimenticio y el aprovechamiento comercial de casi todo el animal. A la pierna y el lomo se suman la cabeza, las patas y otras partes, lo que permite a procesadores y comerciantes atender distintos segmentos. Sin embargo, una demanda sólida no garantiza una mayor participación nacional cuando la oferta importada está disponible a un precio inicial inferior.
Tehuacán abastece mercados del centro y sureste
Los productores asociados de Tehuacán tienen capacidad para colocar alrededor de 2.500 cerdos diarios en distintas zonas de México, indicó García de la Cadena. Sus principales destinos están en el centro y sureste, incluidos mercados de Puebla, Oaxaca y Veracruz. Tecamachalco, Palmar de Bravo, Ciudad Serdán y San Marcos figuran entre los lugares con una actividad porcícola y comercial relevante.
Las cifras regionales muestran que el debate sobre las importaciones va más allá de las grandes compañías industriales. La cría de cerdos a pequeña escala genera ingresos y carne para autoconsumo en numerosas comunidades rurales. La presión sobre los precios en granja puede afectar tanto a las economías familiares como a los operadores comerciales, procesadores y proveedores de alimento u otros insumos.
García de la Cadena propuso mecanismos de regulación y cupos de importación que mantengan el abasto sin desplazar la producción mexicana. Señaló como referencia al sector mexicano del huevo y su nivel de autosuficiencia. Cualquier medida de este tipo tendría que equilibrar los intereses de los productores nacionales con los de procesadores, comerciantes y consumidores que dependen de un suministro suficiente y precios competitivos. La cuestión central es si México puede elevar la participación de su propia producción y conseguir que los menores costos de compra en la cadena generen un beneficio medible para el consumidor final.