El consumo de alcohol en Argentina cae a un mínimo histórico de 15,7 litros y la superficie con vid se reduce
El consumo de alcohol per cápita en Argentina cerró 2025 en 15,7 litros, el nivel más bajo registrado, frente a 16,3 litros del año anterior y unos 90 litros en la década del 70. La superficie implantada con vid bajó a 196.220 hectáreas y las exportaciones de vino cayeron 6,8%, hasta 1,93 millones de hectolitros, el volumen más bajo desde 2004. El sector busca salida en el mosto concentrado y el vino sin alcohol.
El consumo de alcohol en Argentina cerró 2025 en 15,7 litros por habitante, el nivel más bajo del que se tenga registro, frente a los 16,3 litros del año anterior, según Infobae. La distancia con el pasado es todavía mayor: durante la década del 70 el promedio rondaba los 90 litros por persona al año.
De acuerdo con Infobae, la tendencia no responde solamente a la situación económica argentina. En distintos mercados del mundo, especialmente entre los consumidores más jóvenes, el alcohol perdió parte del lugar que ocupaba en la vida social y comenzó a competir con nuevas alternativas vinculadas al bienestar, el ejercicio y el consumo recreativo.
Para Alejandro Vigil, enólogo e ingeniero agrónomo, esa transformación cultural es el componente más profundo de una crisis que también está atravesada por factores económicos. “Creo que es una tormenta perfecta donde se dan ciertas coyunturas económicas del mundo y no solamente económicas propias, sumado a un cambio de hábito, que es lo fundamental y es lo profundo”, explicó en Infobae a la Tarde.
El retroceso del consumo modificó también la manera en que se compra y se consume vino. Según Vigil, quienes continúan tomando alcohol tienden a hacerlo con menor frecuencia, pero destinan una proporción mayor de su presupuesto a productos de calidad. “Se está tomando menos, entonces la inversión es más alta cuando se toma. Se han ido a los segmentos altos y eso es lo que estamos viendo en la tendencia a nivel mundial”, señaló.
Los jóvenes son uno de los principales motores de ese cambio: hace más de una década que las nuevas generaciones reducen el consumo de alcohol y hoy presentan niveles inferiores a los de los adultos de mediana edad y los mayores. Entre quienes todavía beben, la cerveza ocupa el primer lugar y el vino quedó relegado frente a otras bebidas, mientras que la relación con el alcohol está cada vez más condicionada por la salud, la actividad física y los hábitos de vida. Vigil relativizó, sin embargo, la idea de que los jóvenes hayan dejado de consumir vino: “No hay una evidencia clara”, afirmó, y agregó que ve a jóvenes que se juntan a tomar vino de buena calidad y moderadamente. También mencionó el crecimiento del cannabis como alternativa dentro del consumo recreativo, un fenómeno al que la industria vitivinícola debe prestar atención.
La superficie y las exportaciones siguen achicándose
El cambio en la demanda dejó de ser una discusión exclusivamente comercial y empezó a impactar sobre la estructura productiva. La superficie implantada con vid en Argentina cerró 2025 en 196.220 hectáreas, 3.726 menos que el año anterior y 12,4% por debajo de una década atrás. Mendoza perdió 17.903 hectáreas en ese período y San Juan otras 8.830; entre ambas provincias concentran más del 90% de la superficie cultivada del país.
- En los últimos diez años cerraron alrededor de 1.100 viñedos.
- Las exportaciones de vino alcanzaron 1,93 millones de hectolitros en 2025, un 6,8% menos que el año anterior y el volumen más bajo desde 2004.
- La vendimia 2026 no revirtió el escenario: Mendoza registró una caída cercana al 9% y en algunas zonas del sur provincial las heladas tardías y el granizo provocaron pérdidas de hasta 40%, mientras San Juan fue una de las excepciones, con una suba cercana al 3%.
Según el semáforo de economías regionales de CONINAGRO, el sector permaneció durante 41 meses consecutivos en la categoría roja, desde enero de 2023 hasta junio de 2026, el período más extenso en esa condición para una economía regional desde el comienzo de la serie.
Un exceso de oferta que comparten otros productores
El problema no es exclusivamente argentino. Las principales regiones productoras del mundo enfrentan la misma combinación de menor demanda, exceso de oferta y pérdida de rentabilidad, al punto de que algunos países comenzaron a incentivar la reducción de superficie. Francia y España destinaron fondos para la erradicación de viñedos, mientras que en Italia, Australia y Estados Unidos también se produjeron reducciones de áreas. California ofrece uno de los ejemplos más contundentes: el estado, responsable de alrededor del 80% del vino producido en Estados Unidos, redujo durante 2025 cerca del 7% de su superficie plantada y más de medio millón de toneladas de uva quedaron sin cosechar. La caída de la demanda hizo que para algunos productores fuera más conveniente dejar la uva en la planta antes que asumir los costos de la cosecha.
La crisis californiana también muestra cuánto pueden tardar los cambios de gustos en reflejarse sobre la producción. En 2004, la película Sideways, protagonizada por Paul Giamatti, contribuyó a popularizar el pinot noir en Estados Unidos mientras ridiculizaba al merlot. El éxito impulsó las ventas de pinot noir, llevó a los productores a ampliar las plantaciones y provocó una caída en la demanda de merlot. Dos décadas después, parte de aquellas hectáreas enfrenta un mercado diferente, en una industria donde una decisión productiva puede tardar años en dar resultados y las preferencias de los consumidores cambian mucho más rápido que un viñedo.
La búsqueda de nuevos destinos
Argentina también enfrenta el problema de qué hacer con las hectáreas que dejaron de resultar rentables. Mientras algunos países avanzaron con programas de erradicación, dentro del sector local existe resistencia a considerar el arranque de plantas como una solución suficiente, porque el problema no se limita al volumen producido y también está relacionado con la caída de los mercados internacionales. Una de las alternativas es destinar parte de la producción a mosto concentrado, un mercado en el que San Juan tiene larga experiencia y al que actualmente deriva cerca del 60% de su uva. La estrategia permite absorber parte del excedente, aunque no resuelve por sí sola el desafío de fondo: encontrar destinos rentables para una producción diseñada durante décadas para un mercado de mayor consumo.
La transformación de los hábitos también abrió espacio para productos que hasta hace poco ocupaban un lugar marginal. El vino sin alcohol es uno de ellos: Vigil contó que en Catena trabajan desde hace alrededor de dos años con distintas líneas, en un segmento que, según explicó, está creciendo. El dato que más le llamó la atención tiene que ver con el perfil del comprador: “Más del 70% de la gente que bebe esta bebida nunca ha tomado vino”. Para el sector representa una posibilidad distinta a la de recuperar consumidores tradicionales. Vigil considera que el alcohol ya no disputa mercado solo con otras bebidas, sino también con productos y experiencias que ocupan el mismo espacio dentro del presupuesto de ocio, y que la industria debe comprender esa competencia para adaptarse a un consumidor que toma menos pero puede estar dispuesto a pagar más.