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Portugal detecta aflatoxinas en higos secos de España y la UE emite una alerta «grave»

La Comisión Europea ha notificado a través del sistema RASFF una alerta alimentaria «grave» después de que Portugal detectara altos niveles de aflatoxinas en higos secos llegados de España en abril. La aflatoxina B1 alcanzó unos 46 microgramos por kilo frente a un máximo de 6, y otras variantes llegaron a 124 frente a un límite de 10. La mercancía ha sido destruida.

Portugal detecta aflatoxinas en higos secos de España y la UE emite una alerta «grave»

La Comisión Europea ha notificado, a través de su sistema de alertas rápidas RASFF, una alerta alimentaria «grave» por altos niveles de toxinas cancerígenas en higos recogidos en España, según informa El Correo. El país que dio el aviso fue Portugal, cuyos últimos análisis detectaron que los higos secos llegados desde España en abril contenían niveles elevados de aflatoxinas. Las autoridades lusas ya han destruido la mercancía.

Valores de laboratorio muy por encima del máximo legal

La notificación se registró el martes. Las muestras analizadas en laboratorio arrojaron valores disparados de aflatoxinas, en particular del tipo B1, una sustancia tóxica y cancerígena muy potente que afecta fundamentalmente al hígado. En el mismo material se hallaron también otras variantes de esta toxina.

  • Aflatoxina B1: aproximadamente 46 microgramos por kilo, frente a un máximo permitido de 6 microgramos por kilo.
  • Otras variantes de aflatoxinas: 124 microgramos por kilo, frente a un máximo permitido de 10 microgramos por kilo.

Con los valores notificados por la Comisión Europea, el resultado de B1 equivale a unas 7,5 veces el límite legal y el valor conjunto supera en más de 12 veces su propio máximo. La aflatoxina B1 se regula por separado del contenido total, de modo que a una misma muestra se le aplican dos límites, y aquí se incumplieron los dos. La magnitud importa en términos comerciales: los límites europeos para aflatoxinas están fijados en concentraciones traza, así que un resultado de este tamaño no admite una discusión sobre incertidumbre de medida. La partida fue interceptada en Portugal y destruida, por lo que no llegó al consumidor, pero la contaminación se produjo antes de cruzar la frontera.

Un riesgo fúngico ligado al clima y al almacenamiento

Las aflatoxinas son micotoxinas producidas por dos especies de Aspergillus, un hongo presente sobre todo en zonas de clima cálido y húmedo, según detalla la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Puesto que se sabe que son genotóxicas y carcinógenas, la EFSA sostiene que la exposición a través de los alimentos debe mantenerse lo más baja posible. No existe una ingesta considerada segura, y de ahí que los máximos legales se sitúen en microgramos de un solo dígito.

La contaminación puede producirse antes y después de la cosecha, lo que coloca el secado, el almacenamiento y el transporte al mismo nivel que las condiciones de campo. Las toxinas pueden estar presentes en cacahuetes, frutos secos, maíz, arroz, higos y otros alimentos secos, así como en especias, aceites vegetales crudos y granos de cacao. El higo seco se sitúa en la parte más expuesta de esa lista: una fruta rica en azúcares secada al aire cálido y húmedo ofrece un sustrato favorable al moho si la humedad no se controla con rigor, y la contaminación suele ser desigual dentro del lote, lo que complica un muestreo representativo.

Qué implica la alerta para los operadores

La clasificación «grave» en el RASFF indica que las autoridades implicadas consideran el riesgo sustancial y no meramente formal. La consecuencia práctica para la cadena que hay detrás del envío es documental: los compradores de otros Estados miembros suelen responder a estas notificaciones endureciendo los requisitos de análisis por lote y revisando las homologaciones de proveedores. Cuando el producto notificado sigue en el mercado, un registro en el RASFF puede desencadenar retiradas simultáneas en varios países; en este caso la mercancía se destruyó en Portugal y ese coste lo asumen las partes comerciales, no el regulador.

Dos elementos del caso interesan especialmente a los exportadores. El primero son los plazos: los higos salieron de España en abril y la notificación se registró solo esta semana, unos cinco meses entre el envío y la alerta formal, periodo en el que material comparable pudo circular por los mismos canales. El segundo es la trazabilidad: los detalles publicados de la notificación no identifican a las empresas implicadas, de modo que otros compradores de higo seco español no pueden comprobar directamente su exposición y quedan remitidos a sus propios programas de muestreo. Para transformadores y envasadores la conclusión operativa es estrecha y bien conocida: el control de aflatoxinas se decide en el secado y el almacenamiento, y ni el escogido ni el reprocesado recuperan un lote ya contaminado.

Análisis completo del mercado

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