El mercado alemán de nicotina oral sigue sin regular con una tasa de tabaquismo cercana al 33%
Los productos de nicotina oral se venden y consumen en Alemania pese a carecer de autorización ordinaria. Un estudio financiado por la industria señala carencias informativas y canales sin control, mientras la tasa de tabaquismo rondaba el 33% en agosto de 2026.
Una demanda consolidada sin mercado autorizado
Alemania afronta un nuevo debate sobre la regulación de los productos de nicotina oral. El tabaquismo sigue extendido y las bolsas de nicotina llegan a los consumidores pese a no contar con autorización ordinaria de comercialización. El estudio DEBRA situó en torno al 33% la proporción de población fumadora en agosto de 2026. Según un comunicado de Philip Morris GmbH publicado por Gesundheit Adhoc, los datos no muestran una reducción sostenida desde el inicio de las encuestas DEBRA en 2016.
Los productos orales incluyen el snus con tabaco y las bolsas de nicotina sin tabaco. La venta de snus está prohibida en toda la Unión Europea salvo en Suecia. Algunos países europeos permiten las bolsas sin tabaco bajo regulación, pero ninguna de las dos categorías puede comercializarse normalmente en Alemania. Eso no ha eliminado la demanda. El Instituto Federal de Evaluación de Riesgos informó de que alrededor del 2% de la población alemana consumía bolsas de nicotina en 2022 y otro 14% las había probado.
Un análisis nacional del comercio minorista realizado por Ipsos para Philip Morris International en 2025 encontró bolsas de nicotina en el 15,8% de los establecimientos examinados. Un tercio de los productos sometidos a análisis forense era falsificado. Los resultados indican que parte del mercado se abastece mediante canales no regulados o ilegales, sin los controles de calidad y seguridad que acompañarían a un régimen formal.
Grandes diferencias en la percepción del riesgo
El estudio anual de Philip Morris GmbH “Barreras para dejar de fumar” encuestó a 1.000 fumadores adultos de al menos 19 años que consumían cigarrillos a diario y no utilizaban cigarrillos electrónicos ni productos de tabaco calentado. Una muestra adicional incluyó a 201 usuarios adultos de esas alternativas. El estudio financiado por la empresa analizó la motivación para abandonar el tabaco, los hábitos de consumo, las ayudas utilizadas y la percepción del riesgo relativo de varios productos de nicotina.
Solo el 20% de los fumadores encuestados consideraba que los productos orales eran menos perjudiciales que los cigarrillos. Entre los usuarios de cigarrillos electrónicos y tabaco calentado, la proporción alcanzó el 42%. Los motivos de uso incluían la expectativa de un menor riesgo para la salud, citada por el 38%; el consumo discreto donde no se desean otros productos, por el 31%; la protección de los no fumadores, por otro 31%; evitar volver al cigarrillo, por el 28%; y dejar de fumar a largo plazo, por el 24%.
Los resultados proceden de una investigación encargada por una tabacalera y deben valorarse en ese contexto. Philip Morris sostiene que un marco legal basado en el riesgo mejoraría la seguridad del producto, la protección de los menores y la información al consumidor. La empresa también reconoce que los productos sin humo no son tratamientos para dejar de fumar, no están libres de riesgo y suelen contener nicotina adictiva. Abandonar completamente el tabaco sigue siendo la mejor opción para reducir los daños asociados.
Suecia ofrece una comparación, no un modelo directo
Los datos de salud pública suecos citados en el comunicado muestran que la prevalencia del consumo diario de tabaco cayó del 15% en 2008 al 5,6% en 2024. Los productos de nicotina oral llevan años disponibles en Suecia, a diferencia de Alemania. La comparación ocupa un lugar central en el argumento de la industria a favor de una regulación diferenciada, aunque las cifras por sí solas no demuestran que esa disponibilidad causara el descenso.
Para fabricantes y minoristas, un marco alemán podría sustituir la inseguridad jurídica por normas sobre acceso al mercado, composición, etiquetado y distribución. Para los reguladores, el reto consiste en controlar un mercado existente sin presentar productos adictivos como inocuos ni fomentar el inicio del consumo de nicotina. La realidad comercial es clara: la falta de autorización no ha impedido las ventas, los productos ya están en tiendas, las falsificaciones han entrado en la cadena de suministro y la información sobre riesgos relativos es desigual. Con cerca de un tercio de la población fumando, el debate se centrará en si un acceso controlado ofrece más protección que el actual mercado gris.