Afganistán inicia la exportación de carne ovina de Balj a Uzbekistán y Tayikistán
La administración talibán ha comenzado a exportar carne de ovino desde la provincia de Balj a Uzbekistán y Tayikistán. El matadero de Balj afirma que envía mensualmente la carne de entre 20.000 y 30.000 cabezas de ovino, sobre todo por el paso de Hairatan. Los carniceros de Mazar-i-Sharif señalan subidas de hasta 1.500 afganis por cordero desde el inicio de las exportaciones.
Afganistán ha iniciado la exportación comercial de carne de ovino desde la provincia septentrional de Balj hacia Uzbekistán y Tayikistán, un comercio que la administración talibán presenta como prueba del crecimiento de las exportaciones del país. Según el diario kabulí Etilaatroz, el matadero estatal de Balj comenzó los envíos en el mes de Yauza del año en curso, la primera vez que carne ovina sale de esas instalaciones hacia los dos mercados centroasiáticos.
La mayor parte del volumen cruza por Hairatan, el principal paso por carretera y ferrocarril entre el norte de Afganistán y Uzbekistán. Responsables del matadero dijeron a Etilaatroz que cada mes se exporta a ambos países la carne de entre 20.000 y 30.000 cabezas de ovino tras el sacrificio, aunque no precisaron el periodo al que corresponde la cifra.
El matadero asegura que se protege el ganado reproductor
Abdul Qahar Ahmadi, responsable del matadero de Balj, afirmó que los animales se sacrifican respetando las normas sanitarias antes de enviar la carne, un control destinado a evitar que salga producto de baja calidad con el nombre de Afganistán. Según explicó, el trabajo sigue los estándares del Ministerio de Agricultura y un memorando de entendimiento firmado entre Afganistán y Uzbekistán y Tayikistán.
«Conforme a los estándares del Ministerio de Agricultura y al memorando de entendimiento firmado entre Afganistán y los países de Uzbekistán y Tayikistán, no sacrificamos ovejas hembras, que son decisivas para aumentar el rebaño», dijo Ahmadi, y añadió que también se procura que los animales sacrificados tengan un peso adecuado. Sostiene asimismo que las razas ovinas en peligro de extinción quedan excluidas del sacrificio para exportación, con el fin de no dañar la ganadería.
Los precios internos van en contra del comprador
Los carniceros de Mazar-i-Sharif describen otro efecto sobre el terreno. Nematullah, carnicero de la ciudad, dijo a Etilaatroz que el precio de un cordero ha subido hasta 1.500 afganis por cabeza desde que empezaron las exportaciones, y que el encarecimiento de la carne ha reducido su clientela.
«La mayor parte de nuestras ventas es carne de cordero. Antes no pagábamos más de cuatro mil afganis por un cordero, pero ahora tenemos que pagar hasta cinco mil afganis», señaló. «Cuando empezaron las exportaciones, los precios del ganado subieron y encontrar ovejas adecuadas para el mercado interno también se volvió más difícil». A su juicio, sin las exportaciones de carne el precio minorista del cordero podría bajar hasta unos 370 afganis por kilogramo; con los envíos en marcha, no espera esa caída.
Hamidullah, otro carnicero de Mazar-i-Sharif, dijo que los animales más cebados y con mejor carne se compran sobre todo para exportación, y que en el mercado local quedan las ovejas flacas. «Antes comprábamos una oveja por cinco o seis mil afganis, pero ahora la más barata cuesta seis mil quinientos o siete mil afganis», afirmó, y añadió que los animales bien alimentados se llevan al matadero estatal para exportar su carne a Uzbekistán, mientras que en el mercado de ganado se ofrecen sobre todo ovejas delgadas.
Los vecinos sitúan el precio minorista del cordero en Mazar-i-Sharif entre 450 y 500 afganis por kilogramo. Qurbanshah, que lustra zapatos en un cruce de la ciudad y gana hasta 250 afganis en un buen día, dijo que su familia lleva seis meses sin comprar carne. Atiqullah, maestro de una escuela pública en Balj con un sueldo de 8.000 afganis al mes, tampoco ha podido comprar carne de ovino ni de vacuno desde hace más de medio año.
Capacidad del rebaño y sequía
Etilaatroz informó de que las exportaciones han arrancado cuando Afganistán aún no ha alcanzado la autosuficiencia en producción de carne de ovino y vacuno, y cuando sequías sucesivas han debilitado la ganadería y reducido el número de animales. Los críticos citados por el diario afirman que no está claro en qué medida se evaluaron la demanda del mercado interno y la capacidad productiva de la ganadería afgana antes de abrir este comercio.
Un especialista ambiental de Balj, identificado con el seudónimo de Azizullah, dijo que la caída de las precipitaciones, la menor nieve y el descenso del nivel de las aguas subterráneas han dificultado el acceso al forraje. «Nuestros estudios muestran que la natalidad del ganado ha caído y que reconstruir los rebaños es cada año más difícil», señaló, y advirtió de que el aumento de la demanda exportadora puede empujar a más ganaderos a vender animales que constituyen su capital principal. Pidió al gobierno que determine el número de ovejas, las tasas de natalidad, las pérdidas anuales y la demanda interna antes de fijar cualquier excedente exportable.
Un segundo especialista ganadero en Balj, que usa el seudónimo de Ajmal, advirtió de que sacrificar hembras o animales reproductores para exportación reduciría el número de cabezas a corto plazo y recortaría la capacidad de producción de carne en los años siguientes. Los especialistas citados por Etilaatroz recomiendan un techo anual de exportación, la prohibición de sacrificar hembras y reproductores, un censo ganadero preciso, una revisión anual de nacimientos y pérdidas, apoyo a los ganaderos en agua y forraje y la recuperación de los pastos degradados.