Vietnam aspira a una economía de baja altitud de $10.000 millones para 2035
La economía de baja altitud de Vietnam podría alcanzar unos $10.000 millones y crear cerca de un millón de empleos para 2035 si avanzan conjuntamente la tecnología, la regulación y la demanda. La agricultura ofrece la vía más rápida de comercialización, mientras la logística y la inspección requieren centros de prueba, conectividad fiable y gestión del tráfico en tiempo real.
Un mercado que va más allá de vender drones
La economía de baja altitud de Vietnam podría alcanzar unos $10.000 millones y crear cerca de un millón de empleos para 2035, siempre que la demanda comercial, la tecnología nacional y un marco jurídico eficaz avancen a la vez. El concepto abarca actividades realizadas principalmente por debajo de 1.000 metros mediante vehículos aéreos no tripulados, otras aeronaves pequeñas, redes de comunicación, plataformas de datos y sistemas de gestión del tráfico aéreo.
El mercado vietnamita de drones en sentido estricto podría crecer desde unos $140 millones en 2025 hasta más de $445 millones en 2034. La diferencia frente a la proyección amplia de $10.000 millones corresponde al ecosistema que rodea a cada aeronave: baterías, sensores, cámaras, programas de control, mapas digitales, mantenimiento, formación, seguros, telecomunicaciones, centros de operaciones y servicios de vuelo.
La agricultura encabeza el despliegue comercial
La agricultura presenta la ruta más rápida hacia una escala comercial. Los drones pueden fumigar, aplicar fertilizante, sembrar, fotografiar cultivos y recopilar datos en grandes superficies. Estas tareas adquieren importancia ante la escasez creciente de mano de obra rural y la necesidad de usar los productos fitosanitarios con mayor precisión. Las explotaciones pueden contratar la fumigación por hectárea sin comprar equipos, lo que reduce la inversión inicial y genera ingresos recurrentes para los operadores.
Otros sectores pueden adoptar un modelo de servicios similar. Las empresas eléctricas y de telecomunicaciones pueden contratar inspecciones de líneas, torres e instalaciones de difícil acceso, pagando por kilómetro. En las ciudades, los usos incluyen levantamientos de obras, cartografía, vigilancia ambiental y observación del tráfico. Los servicios de emergencia también pueden enviar cámaras térmicas a zonas peligrosas antes de que entre el personal.
La logística ofrece otra oportunidad, especialmente donde los ríos, los cruces marítimos, las montañas o el terreno complejo ralentizan el transporte terrestre. En febrero de 2026, un dron postal autónomo recorrió más de 12 kilómetros entre Cần Giờ y Vũng Tàu en unos 15 minutos. Un programa controlado en Điện Biên contempla alrededor de 6.000 vuelos para agricultura, transporte de carga, atención sanitaria y servicios en zonas remotas.
El valor nacional depende del control tecnológico
La cuestión comercial no es solo cuántos drones utilizará Vietnam, sino cuánto valor podrán retener sus empresas. La dependencia de motores, sensores, chips, cámaras, sistemas operativos de vuelo y plataformas de datos importados limitaría el valor añadido local. El dominio nacional del diseño, el software, la inteligencia artificial, los equipos de comunicación y determinados componentes podría crear demanda para las industrias vietnamitas de electrónica, semiconductores y tecnología digital. Los UAV ya figuran entre los productos tecnológicos estratégicos del país.
Las empresas vietnamitas pueden investigar y fabricar varios componentes, pero pasar de un prototipo de laboratorio a una aeronave autorizada para uso comercial sigue siendo costoso. Los productos deben probarse ante pérdida de señal, viento fuerte, lluvia, batería baja, fallos de motor, ausencia de GPS, cambios de altitud, vuelos fuera de la línea visual y obstáculos imprevistos. Centros compartidos con radar, telecomunicaciones, posicionamiento y vigilancia de seguridad podrían reducir de años a meses el desarrollo y evitar que cada empresa emergente construya sus propias instalaciones.
La regulación debe crecer al ritmo del tráfico
El crecimiento comercial exige más que permisos individuales. Miles de vuelos urbanos simultáneos necesitarían frecuencias asignadas, protección contra interferencias, conexión continua, identidad electrónica y rutas registradas. También habrá que definir altitudes, corredores de reparto, zonas prohibidas, responsabilidades de los operadores, seguros, responsabilidad por colisiones o daños, protección de imágenes de viviendas y protocolos ante el secuestro remoto de una aeronave.
Vietnam ya ha introducido normas para investigación, fabricación, pruebas, registro y operación de UAV, mientras algunas autoridades locales han comenzado a utilizar entornos regulatorios de prueba. A mayor escala, el país podría necesitar una red automatizada de gestión del tráfico no tripulado en tiempo real que localice cada aparato, siga su dirección y detecte conflictos. La oportunidad de $10.000 millones depende, por tanto, de convertir el espacio aéreo bajo en una infraestructura gestionable, segura y disponible para operaciones recurrentes.