La asociación energética rumana alerta de la dependencia de importaciones en horas pico y fija metas para 2030
Un plan publicado el 24 de septiembre por la Asociación Energía Inteligente advierte de que Rumanía puede sumar capacidad y aun así carecer de electricidad disponible en las horas de máxima demanda. Fija diez decisiones y metas para 2030, entre ellas 3.500 a 4.500 MW de potencia gestionable por 5.000 a 7.000 millones de euros y 15 a 20 GWh de almacenamiento.
Rumanía corre el riesgo de quedarse sin electricidad disponible en las horas de máxima demanda pese al aumento continuo de la potencia instalada, según un plan publicado el 24 de septiembre por Dumitru Chisăliță, presidente de la Asociación Energía Inteligente (Asociația Energia Inteligentă, AEI), y recogido por ziare.com. El documento, titulado Plan Energético para Rumanía 2030, establece diez decisiones, plazos y metas destinados a reducir la dependencia de las importaciones en las horas críticas.
El punto de partida, sostiene Chisăliță, es que Rumanía dispone de gas natural, hidroelectricidad, dos reactores nucleares, refinerías y un parque renovable en crecimiento, pero esos recursos no siempre están disponibles en el mismo momento ni en el lugar donde aparece la demanda.
Potencia sobre el papel, déficit al anochecer
Hasta agosto de 2026 se habían conectado unos 2.514 MW de nueva capacidad, de los cuales 1.331 MW fotovoltaicos, 496 MW eólicos y 663 MW de almacenamiento, según el plan de la AEI. Buena parte de esa nueva generación depende del clima, mientras que las centrales capaces de operar a demanda han avanzado más despacio. En una tarde sin generación solar, con viento escaso y consumo elevado, la potencia registrada en las estadísticas no puede tratarse como energía disponible de forma simultánea.
La asociación identifica 40 riesgos para el periodo hasta 2030 si persisten los problemas de coordinación y los retrasos en las inversiones. Rumanía entra en el periodo 2027-2030 con recursos energéticos importantes pero con un sistema insuficientemente coordinado, escribe Chisăliță en la presentación del estudio. El cierre del carbón antes de terminar las centrales de gas, los retrasos nucleares e hidroeléctricos y el desarrollo de las renovables sin redes, flexibilidad ni almacenamiento adecuado mantendrán la dependencia de las importaciones en las horas críticas. Los precios pueden volverse más volátiles, la industria menos competitiva y el número de consumidores vulnerables puede aumentar, señala.
Cerrar solo después de reemplazar
Los retrasos de las centrales de gas que deberían sustituir parte de la generación con carbón explican buena parte del problema, según Chisăliță. Los proyectos de Turceni e Ișalnița sumarían unos 1.325 MW, mientras que la finalización de la central de Iernut ha superado el calendario inicial. La primera regla propuesta por la AEI es cerrar solo después de reemplazar: una capacidad necesaria para la seguridad del sistema se retiraría de forma definitiva únicamente cuando su sustituta esté construida, conectada, probada y en condiciones de entregar energía.
El principal problema es el orden equivocado de las decisiones, afirma el presidente de la AEI: Rumanía cierra capacidades antes de construir sus sustitutas, desarrolla renovables antes que redes y almacenamiento, prepara la producción de gas sin una estrategia industrial y grava la energía como fuente de ingresos presupuestarios en lugar de tratarla como infraestructura de competitividad.
Para 2030 la asociación fija una meta de 3.500 a 4.500 MW de potencia gestionable nueva o modernizada y un mínimo de 500 MW procedentes de proyectos hidroeléctricos. La síntesis estima una necesidad de 5.000 a 7.000 millones de euros para ese programa, que se cubriría con inversiones de las empresas, capital privado, fondos europeos y otros instrumentos de financiación.
Gas del mar Negro, almacenamiento y demanda flexible
Para el gas del mar Negro, el plan propone desarrollar el consumo productivo dentro de Rumanía: centrales flexibles, industria, agricultura y calefacción urbana. La AEI busca una valorización anual en el mercado interno de 2.000 a 3.000 millones de metros cúbicos para 2030, mediante inversiones y contratos transparentes a largo plazo, sin bloquear las exportaciones. La meta depende tanto de la producción futura como de la ejecución de los proyectos industriales que podrían usar ese gas.
En el caso de la electricidad eólica y fotovoltaica, Chisăliță pide que la expansión de la generación vaya acompañada de redes, almacenamiento y consumo flexible. Las baterías pueden desplazar parte de la energía producida al mediodía hacia el pico de la tarde, pero su duración de funcionamiento varía, y los episodios de varios días con baja producción renovable exigen otras soluciones: bombeo hidroeléctrico, almacenamiento térmico y consumidores capaces de mover parte de su actividad fuera de las horas punta. Las metas de la AEI para finales de 2030 son 15 a 20 GWh de energía almacenada y 1.000 MW de consumo flexible. El documento también propone modernizar las redes eléctricas, de gas y de calefacción urbana, así como la medición inteligente para el 80 % de los consumidores.
Nuclear, contratos y protección del consumidor
Sobre las unidades 3 y 4 de Cernavodă y el proyecto de reactores modulares pequeños (SMR), la AEI propone asegurar la financiación y alcanzar un avance físico de al menos el 30 % antes de finales de 2030. En el caso de los SMR, Chisăliță pide evaluar el coste completo, la financiación y la madurez de la tecnología antes de una decisión definitiva de construir, redimensionar o aplazar.
- ampliar los contratos a medio y largo plazo para que cubran entre el 75 % y el 80 % del consumo en 2030;
- protección focalizada para los hogares de bajos ingresos en lugar de topes de precios generalizados;
- contratos que ofrezcan a la industria mayor previsibilidad de costes.
Estos cambios requerirían decisiones regulatorias y mecanismos de aplicación que la publicación del plan no instituye por sí sola. Lo que está en juego, dice Chisăliță, es que la evaluación de la política energética pase de los proyectos anunciados a los resultados verificables: el éxito no debe medirse por estrategias aprobadas, financiaciones anunciadas o capacidades inscritas en permisos, sino por inversiones efectivamente puestas en funcionamiento, energía disponible en las horas críticas, importaciones evitadas, facturas más estables y empleos creados en Rumanía.