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Putin califica de temporal la tensión en el mercado ruso de combustibles mientras los vetos golpean al diésel y la gasolina

El presidente Vladímir Putin calificó de temporales las dificultades del mercado ruso de combustibles. El Gobierno prohibió las exportaciones de gasolina desde el 2 de abril y de diésel desde el 8 de julio. El embargo al diésel elevó los precios mundiales a máximos de varios años y golpea a importadores como Brasil y Turquía; una red de minirrefinerías podría tardar de tres a cinco años.

Putin califica de temporal la tensión en el mercado ruso de combustibles mientras los vetos golpean al diésel y la gasolina

El Kremlin presenta la tensión como temporal

Las actuales dificultades del mercado de combustibles son temporales, afirmó el presidente Vladímir Putin en una reunión con miembros del Gobierno, según vz.ru. Vinculó la tensión, en parte, con intentos de sabotear la temporada de vacaciones de los rusos. El viceprimer ministro Alexánder Novak informó de que el Gobierno elevó al máximo la carga de las plantas en funcionamiento, envió al mercado volúmenes de combustible acumulados previamente, acortó las reparaciones en curso de las refinerías y aplazó los mantenimientos programados. También se impuso una prohibición total de exportar gasolina y queroseno de aviación y se recurrió a la capacidad de las refinerías medianas y pequeñas.

Los vetos reconfiguran los flujos comerciales

El Gobierno prohibió las exportaciones de gasolina desde el 2 de abril y extendió el veto al diésel desde el 8 de julio, informó vz.ru. Se introdujeron cambios legislativos para incentivar a las petroleras a importar combustible para el consumidor interno sin subir los precios internos. En el diésel, el veto a la exportación basta para normalizar el suministro, dijo Serguéi Kaufman, analista de Finam, porque Rusia produce notablemente más diésel del que consume; la prohibición rige solo hasta finales de julio y el mercado interno debería saturarse en pocas semanas.

Las consecuencias recaen en el mercado mundial. Rusia ocupaba el segundo lugar mundial en exportaciones de diésel tras Estados Unidos, con cerca del 11% del suministro mundial, según datos de Vortexa citados por vz.ru. El embargo llevó los precios mundiales del diésel a máximos de varios años. Rusia exporta normalmente unos 800.000 barriles diarios de diésel, aunque esa cifra se ha reducido casi a la mitad últimamente por el menor procesamiento, señaló Kaufman. Los más expuestos son los compradores de diésel ruso — Brasil, Turquía y varios países africanos.

Déficit de gasolina y la solución de importar

La gasolina es el problema más difícil, por lo que su veto a la exportación rige desde abril. La producción cayó más que los volúmenes que Rusia exportaba antes y, sin contar las importaciones, el déficit es de 10.000 a 25.000 toneladas diarias, estimó Kaufman. Las fuentes de importación actuales son Bielorrusia e India, y podrían sumarse otras exrepúblicas soviéticas y China. El mercado mundial de gasolina aún no se ha recuperado del efecto del conflicto en Oriente Próximo, lo que complica las importaciones. Para hacer viables las importaciones, el Estado extendió los pagos del mecanismo de amortiguación (damper) a la gasolina importada, cubriendo con el presupuesto la diferencia entre los precios externos más altos y los internos más bajos, explicó Ígor Yushkov, del Fondo de Seguridad Energética Nacional.

Se propone crear minirrefinerías

El gobernador de la región de Zabaikalie, Alexánder Osípov, propuso construir una red nacional de pequeñas refinerías, al argumentar que las grandes plantas son vulnerables a ataques repetidos, mientras que las minirrefinerías son más difíciles de alcanzar. Putin sugirió estudiar la idea e incorporar a la pequeña y mediana empresa al refino. Los analistas se mostraron escépticos sobre los plazos. Construir incluso una minirrefinería lleva al menos de un año y medio a dos años, dijo Kaufman, mientras que Rusia necesita gasolina ya; la propuesta solo tiene sentido si las refinerías afrontan amenazas en un horizonte de dos años o más. Natalia Milchakova, de Freedom Global, situó una sola minirrefinería en un mínimo de medio año con diseños modulares listos, o alrededor de un año sin ellos, y una red nacional completa en tres a cinco años.

El principal obstáculo es la financiación. Una red de minirrefinerías con una capacidad de hasta 1 millón de toneladas anuales podría costar al menos entre 150.000 y 300.000 millones de rublos, a razón de 3.000 a 6.000 millones de rublos por planta, estimó Milchakova; con el tipo de interés de referencia del banco central aún alto y el crédito bancario caro, el Estado tendría que aportar probablemente el grueso de la financiación, quizá mediante una emisión especial de bonos. Aun así, respaldó la idea y citó a economías en desarrollo del G7 y el G20 que apuestan por muchas plantas pequeñas para abastecer regiones concretas, facilitar la logística como el suministro al norte, bajar precios y desmonopolizar mercados regionales. Se espera que el consumo baje por motivos estacionales desde septiembre, lo que permitiría retirar algunas medidas e incluso las importaciones.

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