La nueva presión de EE. UU. podría aumentar la dependencia iraní de los automóviles chinos
Las medidas económicas que Estados Unidos amenaza con imponer a Irán podrían elevar el riesgo para los fabricantes y proveedores chinos, dejando a Teherán con menos alternativas. Asb-e Bokhar prevé que China mantenga una cooperación selectiva, con más peso para marcas pequeñas e intermediarios.
La presión se extiende a los socios comerciales de Irán
Las medidas económicas que Estados Unidos amenaza con imponer a Irán podrían volver más selectiva y compleja la actividad automotriz china con Teherán, sin interrumpirla por completo. Según el medio iraní especializado Asb-e Bokhar, el principal efecto quizá no aparezca en la suspensión inmediata de un modelo o una línea de montaje, sino en el cambio de conducta de los socios comerciales iraníes.
La publicación vincula el riesgo con la expresión “Economic D-Day” utilizada por el presidente estadounidense Donald Trump, una referencia al desembarco aliado en Normandía en 1944. Asb-e Bokhar la interpreta como una advertencia de que la presión económica podría entrar en una nueva fase dirigida tanto contra Irán como contra los países, empresas y redes que sostienen su comercio.
China ocupa la posición central en este cálculo. Compra petróleo iraní, es el principal proveedor de vehículos y componentes automotrices de Irán y, al mismo tiempo, compite económicamente con Estados Unidos. Las marcas chinas han cubierto gran parte del espacio dejado por la salida de importantes fabricantes europeos, surcoreanos y japoneses.
El petróleo barato compite con el acceso a Occidente
China tiene un incentivo claro para conservar la relación: el acceso a petróleo iraní con descuento. A medida que aumentan las sanciones, puede debilitarse el poder negociador de Irán como vendedor y crecer los descuentos. Esas condiciones pueden resultar especialmente atractivas para refinerías chinas con poca exposición a los mercados occidentales.
Irán, por su parte, necesita la demanda china y sus bienes manufacturados. El petróleo, los vehículos, las piezas y los equipos industriales pueden formar parte de una red de intercambio más amplia. El mecanismo se vuelve más difícil de mantener cuando las sanciones elevan los costes financieros, jurídicos y reputacionales para las compañías chinas participantes.
Asb-e Bokhar sostiene que los fabricantes chinos no reaccionarán de manera uniforme. Las empresas concentradas en China y en mercados no occidentales podrían aceptar una mayor exposición a Irán. Los grandes grupos con operaciones en Europa o Estados Unidos, inversiones internacionales considerables o dependencia del sistema financiero mundial probablemente limitarán su participación.
Estados Unidos ya ha sancionado a refinerías y compañías chinas relacionadas con la compra de petróleo iraní. Si las nuevas medidas alcanzan a más empresas, el comercio automotor podría convertirse en otro elemento de la confrontación económica entre Estados Unidos y China. Aun así, la publicación considera improbable que Pekín emprenda un conflicto económico a gran escala en defensa de Irán, porque su comercio con Estados Unidos y Europa es mucho mayor que el que mantiene con el país iraní.
Menos marcas y más intermediarios
El mercado automotor iraní ya vivió un cálculo parecido después de que Estados Unidos abandonara el acuerdo nuclear en el año 1397 del calendario iraní. Las grandes compañías europeas se retiraron porque el valor de permanecer en Irán no compensaba el riesgo de sanciones o de perder acceso a mercados occidentales más grandes. El mismo cálculo podría disuadir a las marcas chinas con presencia internacional de entrar en Irán o ampliar sus operaciones.
Asb-e Bokhar plantea tres escenarios. En el primero, China permanece, pero la cooperación queda en manos de marcas con menor exposición. En el segundo, una presión estadounidense más intensa provoca la retirada de grandes empresas chinas, reduce la variedad de marcas y modelos y aumenta la función de pequeños proveedores e intermediarios. En el tercero, Irán se convierte en un campo de prueba dentro de la competencia económica más amplia entre Washington y Pekín.
La publicación considera más probable una vía intermedia: China continúa trabajando con Irán, aunque de manera más selectiva y mediante canales cada vez más indirectos. Esto no implicaría necesariamente la desaparición de los vehículos chinos. Podría profundizar la dependencia iraní de un grupo más reducido de fabricantes, proveedores de piezas e intermediarios dispuestos a asumir el riesgo de las sanciones, mientras los compradores afrontan menos opciones y sistemas de suministro y servicio más complejos.