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Moldavia pierde 10.000 hectáreas de viñedo al retirar plantaciones no rentables

La superficie de viñedo de Moldavia cayó 10.000 hectáreas en cinco años y ahora supera ligeramente las 100.000 hectáreas, de las cuales 93.000 están en producción. Las autoridades presentan el descenso como una reestructuración basada en retirar viñedos viejos, poco productivos y con variedades de menor demanda.

Moldavia pierde 10.000 hectáreas de viñedo al retirar plantaciones no rentables

La superficie vitícola continúa descendiendo

La superficie de viñedo de Moldavia se redujo en 10.000 hectáreas durante los últimos cinco años y ahora se sitúa ligeramente por encima de 100.000 hectáreas, según datos del Ministerio de Agricultura e Industria Alimentaria publicados por Noi.md. Solo 93.000 hectáreas corresponden a viñedos en producción, que aportan uva a las bodegas y a otros procesadores.

El arranque de plantaciones avanza mucho más rápido que la creación de nuevos viñedos. Ștefan Iamandi, director de la Oficina Nacional de la Vid y el Vino, señaló que durante los últimos ocho años se eliminaron unas siete hectáreas por cada hectárea nueva. La inversión en nuevas plantaciones no está compensando, por tanto, la salida de las existentes.

Las autoridades sostienen que el descenso debe interpretarse como una reestructuración del sector, no como un simple declive. Una parte importante de los viñedos retirados era vieja, tenía bajos rendimientos o estaba plantada con variedades cuya demanda había disminuido, explicó Iamandi. El proceso está modificando tanto la superficie total como la composición varietal de la viticultura moldava.

Los bajos rendimientos erosionan la rentabilidad

La productividad es una causa central de los arranques. Un rendimiento de cuatro a cinco toneladas de uva por hectárea ya no permite cubrir los costes en muchos casos, afirmó Iamandi. El promedio mundial ronda las diez toneladas por hectárea, por lo que numerosas parcelas moldavas producen aproximadamente la mitad de esa referencia o menos.

Mantener un viñedo envejecido resulta especialmente difícil cuando también cae la demanda de su variedad. Los ingresos por hectárea disminuyen, mientras permanecen los gastos de cultivo, protección vegetal y vendimia. La replantación puede elevar el rendimiento y adaptar la oferta al mercado, pero la relación entre nuevas plantaciones y arranques muestra que la renovación avanza con lentitud.

La contracción afecta directamente a bodegas y compradores de uva. Una menor superficie productiva puede restringir la oferta local, aunque el impacto final sobre el volumen de vino dependerá también del rendimiento de los viñedos restantes. Las plantaciones nuevas y más productivas podrían compensar parte de la pérdida de superficie, pero las cifras difundidas por Noi.md no indican si esa compensación ya se ha producido.

Los viñedos abandonados elevan el riesgo sanitario

Los viñedos abandonados plantean otro problema. Iamandi indicó que deben arrancarse porque pueden convertirse en focos de enfermedades para las plantaciones vecinas. Esto puede obligar a los productores activos a gastar más en tratamientos, trasladando parte del coste económico de la tierra improductiva a otras explotaciones.

La orientación declarada es replantar los viñedos que han dejado de ser rentables y sustituir las variedades cuyo cultivo ya no resulta viable. Para productores, viveros y bodegas, la cuestión principal es si la plantación podrá acelerarse lo suficiente para modernizar el sector sin reducir la disponibilidad de uva durante un periodo prolongado. El resultado dependerá de la productividad, la salud y la demanda comercial de las 93.000 hectáreas que siguen produciendo.

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