La minería de carbón polaca eleva su productividad al reducir plantilla y costes
La pérdida neta del sector polaco de la hulla bajó a 2.540 millones de eslotis en el primer semestre, mientras descendían los costes, el empleo y la deuda. La producción subió a 21,15 millones de toneladas y la productividad alcanzó 301,3 toneladas por empleado.
La caída de los costes reduce la pérdida semestral
El sector polaco de la hulla siguió registrando pérdidas en el primer semestre de 2026, aunque la reducción de costes y plantilla mejoró sus indicadores operativos. Según datos de la Agencia de Desarrollo Industrial recogidos por energia.rp.pl, la industria tuvo una pérdida neta de 2.540 millones de eslotis sobre unos ingresos de 16.700 millones de eslotis durante los primeros seis meses. Los costes totales se acercaron a 19.300 millones de eslotis.
Las cifras mejoraron frente al mismo periodo de 2025, cuando la pérdida neta superó los 4.000 millones de eslotis, los ingresos rondaron los 16.850 millones y los costes se aproximaron a 21.300 millones. La deuda sectorial también bajó ligeramente, desde 3.150 millones de eslotis al cierre de junio de 2025 hasta algo más de 3.000 millones un año después. Los ingresos se mantuvieron prácticamente estables, por lo que el recorte del gasto fue el principal factor detrás de la menor pérdida.
Menos trabajadores y más producción elevan la eficiencia
La productividad laboral pasó de 283,5 toneladas por empleado en el primer semestre de 2025 a 301,3 toneladas en el mismo periodo de 2026. El empleo disminuyó de 72.500 personas en junio de 2025 a 66.400 en junio de 2026, mientras que la producción de hulla aumentó de 20,4 millones a 21,15 millones de toneladas. La combinación de una plantilla menor y un crecimiento moderado de la extracción elevó directamente la producción por trabajador.
Los costes corrientes de producción bajaron de 955 eslotis por tonelada equivalente de carbón en los primeros seis meses de 2025 a 827,6 eslotis en 2026. El coste laboral cayó con mayor intensidad, de 455 a 374 eslotis por tonelada equivalente de carbón. Jastrzębska Spółka Węglowa indicó a energia.rp.pl que la mejora respondió a la reestructuración, los cambios en la organización del trabajo y las medidas operativas aplicadas a la extracción. Południowy Koncern Węglowy también la atribuyó a una mayor producción y un menor empleo medio.
Las compañías preparan nuevas salidas
Jerzy Markowski, ex viceministro de Industria y experto minero, advirtió de que parte del aumento de productividad es matemático: el empleo cayó casi un 10%, mientras la producción solo varió moderadamente. También relacionó la mejora con una posición más contenida de los sindicatos y una menor presión política sobre el gasto minero.
Se esperan nuevas salidas en las dos mayores compañías mineras de Polonia. Polska Grupa Górnicza calcula que reducirá su plantilla en unas 5.000 personas durante 2026. Más de 3.500 se acogerían a programas de salida voluntaria y el resto dejaría la empresa por jubilación u otras vías. En JSW, 3.092 empleados prevén acogerse a permisos para mineros y otros 1.000 saldrían mediante indemnizaciones únicas. El primer grupo, de más de 1.123 personas, abandonó la empresa a principios de julio.
La rentabilidad sigue expuesta al precio del carbón
Los resultados recientes muestran que una mayor eficiencia no garantiza beneficios. La minería polaca de hulla ganó 9.740 millones de eslotis en 2022 y más de 4.800 millones en 2023, cuando la invasión rusa de Ucrania provocó una crisis energética. Tras estabilizarse los mercados de combustibles, carbón y gas, y caer el precio del carbón, el sector perdió más de 13.740 millones de eslotis en 2024. La pérdida se redujo a unos 10.900 millones en 2025.
Los datos semestrales indican que la reestructuración está reduciendo la base de costes y permite elevar la producción con menos empleados. Sin embargo, el sector todavía gastó bastante más de lo que generó en ingresos. Los recortes de plantilla previstos pueden aportar nuevas mejoras de eficiencia, pero los resultados futuros también dependerán de la producción, los precios del carbón y la capacidad empresarial para controlar los costes operativos y laborales.