La agricultura de Líbano cifra en más de 1.000 millones de dólares las pérdidas por la guerra
El sector agrícola libanés acumula más de 1.000 millones de dólares en pérdidas por los ataques israelíes durante 2024 y 2025, con unas 56.000 hectáreas dañadas, según el diario beirutí An-Nahar. El periódico cita a Hani, que afirma que se refuerza el control del sector para recuperar la confianza de los mercados exteriores en la producción libanesa.
El sector agrícola de Líbano acumula más de 1.000 millones de dólares en pérdidas por los ataques israelíes contra el país durante 2024 y 2025, con unas 56.000 hectáreas dañadas, según informó el diario beirutí An-Nahar. El periódico cita a Hani, que señala que las autoridades están reforzando el control del sector para recuperar la confianza de los mercados exteriores en la producción agrícola libanesa.
Los daños en cifras
An-Nahar sitúa la factura del sector por encima de los 1.000 millones de dólares en términos acumulados, sumando los dos años de conflicto y no una sola campaña. La superficie dañada se cifra en unas 56.000 hectáreas, una proporción que el diario establece en el 22,5 %.
- Pérdidas acumuladas desde 2024 y 2025: más de 1.000 millones de dólares.
- Superficie agrícola afectada: unas 56.000 hectáreas.
- Proporción de la superficie considerada: 22,5 %, según An-Nahar.
La información no incluye desglose por cultivos, regiones ni tipos de daño, y presenta las cifras de forma agregada para el bienio. La distinción importa para cualquier previsión de recuperación: una pérdida acumulada mezcla activos destruidos, cosechas perdidas e ingresos no percibidos en un único titular, y esos tres componentes se recuperan a ritmos muy distintos.
Capacidad perdida, no solo una campaña
Para la oferta, la cifra determinante es la de las 56.000 hectáreas. La tierra que sale de producción por ataques e incendios no vuelve con la siguiente siembra. Los sistemas de riego, los invernaderos, la capacidad de almacenamiento y transformación, la maquinaria y los caminos de acceso deben repararse o sustituirse antes de que la superficie pueda cultivarse con la intensidad anterior, y las plantaciones frutales y otros cultivos perennes necesitan varios años desde la replantación hasta la plena producción.
Para los compradores, la consecuencia práctica es riesgo de volumen más que un episodio puntual de precios. Un sector con una base productiva menor tiene menos que colocar en los mercados de exportación y menos margen ante una campaña mala. Eso se aprecia primero en el tamaño de los contratos y en la fiabilidad de los calendarios de entrega, no en las cotizaciones.
El control como palanca para recuperar la confianza exportadora
La respuesta descrita a An-Nahar se centra en el control y no en las compensaciones. Reforzar la supervisión en el comercio agrícola suele traducirse en inspección en producción y envasado, certificación fitosanitaria, análisis de residuos y trazabilidad documental, es decir, los papeles y los resultados de laboratorio que las autoridades importadoras revisan en frontera.
La prioridad es coherente para un país productor que intenta preservar el acceso a los mercados tras un periodo de destrucción. La guerra debilita la supervisión: el personal se desplaza, los laboratorios y los puestos de inspección funcionan de forma irregular y las partidas circulan fuera de los canales habituales. Cuando los mercados importadores pierden la confianza en la certificación de un país, el coste recae sobre exportadores que nunca estuvieron implicados: análisis adicionales en destino, despachos más lentos o suspensión de determinadas líneas de producto. Reconstruir el sistema de control cuesta poco frente a una pérdida de 1.000 millones de dólares y es la parte del problema que un gobierno puede abordar sin esperar financiación para la reconstrucción.
Lo que las cifras no resuelven
El informe no explica cómo se calcularon los 1.000 millones de dólares, si incluyen pérdidas indirectas como tierras abandonadas o cuota de mercado perdida, ni qué parte del daño ha sido compensada. Tampoco identifica qué destinos han restringido los productos agrícolas libaneses ni cuáles eran la producción y los envíos del sector antes de los ataques. Esas lagunas limitan las conclusiones sobre el ritmo de recuperación. Lo que las cifras sí fijan es el orden de magnitud: una pérdida de diez dígitos y más de una quinta parte de la superficie considerada afectada, referencia con la que se medirá cualquier programa de restauración.