Indonesia estudia convertir carbón en gasolina: la tecnología existe, los costes de producción no cuadran
Indonesia analiza convertir carbón de extracción nacional en gasolina dentro de su agenda de sustitución de importaciones de combustible. Según tirto.id, la tecnología de licuefacción del carbón permite esa conversión, pero el coste de producción todavía no se considera económico. El futuro del proyecto depende de la inversión, la eficiencia de conversión y el acceso a financiación, no de la viabilidad técnica.
Indonesia estudia planes para convertir en gasolina el carbón extraído en el país, un proyecto cuya tecnología de base está probada, pero cuyo coste sigue siendo el obstáculo central, según informó tirto.id.
El medio indonesio señaló que el Gobierno pretende procesar carbón para obtener carburante mediante tecnología de licuefacción del carbón, y que, si bien esa conversión es técnicamente posible, el coste de producir combustible por esa vía todavía no se considera económico. El plan se inscribe en un esfuerzo más amplio por sustituir el combustible importado por alternativas de producción nacional.
Cómo el carbón se convierte en carburante
La producción comercial de combustibles a partir de carbón sigue dos familias de procesos. La licuefacción indirecta gasifica el carbón con oxígeno y vapor para obtener gas de síntesis, una mezcla de monóxido de carbono e hidrógeno. Una vez depurado el gas de compuestos de azufre y partículas, y ajustada la relación entre hidrógeno y carbono, se hace pasar sobre catalizadores. La ruta Fischer-Tropsch produce un crudo sintético que después debe someterse a hidrocraqueo y fraccionarse en gasóleo, nafta y componentes de gasolina. Una segunda vía indirecta transforma el gas de síntesis en metanol y luego hace reaccionar el metanol sobre catalizadores de zeolita para obtener gasolina directamente.
La licuefacción directa sigue otro camino: el carbón se muele, se mezcla con un disolvente de recirculación y reacciona con hidrógeno a alta temperatura y presión, dando un líquido que después se hidrotrata hasta obtener combustibles terminados. Ambas familias exigen gasificadores o reactores de alta presión, una unidad de separación de aire que suministre oxígeno, una fuente de hidrógeno, una depuración de gases exigente y grandes volúmenes de agua. La instalación resultante se parece más a un complejo químico que a una refinería y debe operar cerca de plena capacidad para repartir sus costes fijos. La calidad del carbón también cuenta: humedad, contenido de cenizas y reactividad determinan la elección del gasificador y la energía consumida en el secado y la preparación antes de que el carbón llegue al reactor.
Por qué la economía no sale
La barrera que identifica tirto.id, el coste de producción, es la misma que ha mantenido la licuefacción del carbón como una industria marginal en todo el mundo. Una planta de este tipo gana el diferencial entre el coste del carbón puesto en planta y el valor de los productos refinados que desplaza, y ese valor sigue las cotizaciones internacionales del crudo y de la gasolina. Como el desembolso de capital por barril de capacidad diaria es muy superior al de una refinería convencional, los costes financieros dominan la estructura de gastos. Los intereses se acumulan durante plazos de construcción medidos en años, antes de vender el primer litro, y una caída del crudo tras la puesta en marcha no puede compensarse recortando una factura de materia prima que solo representa una parte del total.
La eficiencia de conversión agrava el problema. Una parte importante del carbono que entra en el proceso sale como dióxido de carbono y no como combustible, lo que reduce la producción vendible por tonelada de carbón y eleva la intensidad de emisiones de la gasolina obtenida por encima de la del combustible refinado a partir de petróleo. Eso expone cualquier proyecto a la tarificación del carbono y a las políticas de exclusión del carbón que ya aplican numerosos prestamistas internacionales y agencias de crédito a la exportación, una restricción financiera distinta y adicional al propio coste de la planta.
Qué está en juego para los mercados de carbón y combustible
Indonesia es el mayor exportador mundial de carbón térmico y, al mismo tiempo, importador neto de gasolina, una combinación que hace políticamente atractivo convertir lo uno en lo otro. Destinar carbón a una planta de conversión nacional reduciría en principio el volumen de combustible importado y añadiría valor a una materia prima que hoy sale del país prácticamente sin procesar, la misma lógica ya aplicada a los minerales metálicos indonesios bajo la política de industrialización aguas abajo.
Para productores y operadores, las preguntas prácticas son la escala y el calendario. Una sola planta consume carbón a un ritmo pequeño frente al programa exportador marítimo de Indonesia, de modo que el efecto inmediato sobre la disponibilidad para exportación sería limitado. Las mineras nacionales ganarían un comprador cautivo, pero solo si el carbón se suministra a un precio lo bastante bajo para hacer viable la planta, lo que traslada parte de la carga al proveedor. Refinadores e importadores de combustible no verán desplazamiento de volúmenes mientras la planta no esté financiada, construida y puesta en servicio.
La decisión es, por tanto, comercial y no técnica. Como informó tirto.id, convertir carbón en gasolina es posible; lo que sigue sin resolverse es si ese combustible puede producirse a un coste que el mercado, o el presupuesto público, estén dispuestos a asumir.