La logística y el procesamiento frenan la biomasa de palma en Indonesia
Indonesia genera grandes volúmenes de residuos de palma aceitera, pero los costes de recolección, las exigencias de procesamiento y la incertidumbre comercial limitan su aprovechamiento. Los especialistas piden integrar tecnología, logística, disponibilidad real y sostenibilidad desde la plantación hasta el comprador.
Un recurso abundante no garantiza una oferta comercial
La industria indonesia del aceite de palma genera suficientes residuos agrícolas y de fábrica para sostener un sector relevante de biomasa, pero gran parte del material todavía no puede convertirse en una materia prima fiable y de mayor valor. Especialistas citados por ANTARA identificaron los costes, la logística, la operación de las plantas y las garantías de sostenibilidad como las principales barreras entre el volumen teórico y la oferta comercial.
M. Windrawan Inantha, director ejecutivo de UN Global Compact Network Indonesia, señaló que los residuos deben recuperarse con tecnología adecuada, recogerse y transportarse a un coste razonable y suministrarse sin comprometer las necesidades de las plantaciones ni la protección ambiental. Inantha abordó el asunto en una sesión sobre la bioeconomía circular de la biomasa de palma durante Palmex Medan 2026.
Según las cifras presentadas por Inantha, Indonesia produce cada año entre 48,2 y 55,4 millones de toneladas de racimos de fruta vacíos, entre 24,1 y 36,1 millones de toneladas de fibra de mesocarpio y entre 11,4 y 16,9 millones de toneladas de cáscara de palmiste. Las hojas de palma alcanzan entre 175 y 242 millones de toneladas anuales de materia seca, mientras que los efluentes de las plantas de aceite de palma, conocidos como POME, suman entre 120 y 181 millones de metros cúbicos.
El transporte puede superar el precio del residuo
Esos volúmenes no forman una reserva uniforme y disponible de inmediato. Cada flujo presenta propiedades físicas, usos actuales y necesidades de procesamiento diferentes. Los racimos vacíos, por ejemplo, pueden devolverse a las plantaciones como materia orgánica, transformarse en ceniza para fertilizantes o venderse para otros fines. Desviarlos hacia la energía o la industria puede privar a las plantaciones de un uso que ya aporta valor.
La profesora Diana Chalil, del Consortium Studies on Smallholder Palm Oil de la Universitas Sumatera Utara, ofreció otra estimación de 46,16 millones de toneladas para la producción nacional de racimos vacíos. Tras descontar los usos existentes, calculó que podrían quedar disponibles unos 23,08 millones de toneladas. La diferencia muestra por qué la generación total no equivale al volumen que un nuevo proyecto puede recuperar.
La distancia, el estado de las carreteras y la capacidad de los camiones influyen en el coste de entrega. Chalil indicó que, en la producción de etanol a partir de racimos vacíos, el transporte representa un componente del coste de la materia prima muy superior al precio del propio residuo. La ubicación de la planta y el diseño logístico son, por tanto, decisiones esenciales para un material voluminoso y de escaso valor antes de su transformación.
Tecnología, compradores y sostenibilidad deben coincidir
Los proyectos comerciales necesitan verificar los volúmenes recuperables, calcular los gastos de recolección y transporte y elegir una tecnología capaz de cumplir las especificaciones de los compradores. También deben evitar daños a la función agrícola de los residuos o a los compromisos de sostenibilidad del área de suministro. Sin esa coordinación, las grandes estimaciones nacionales difícilmente se convertirán en capacidad financiable y entregas constantes.
El reto ambiental es especialmente visible en Riau, provincia que aporta alrededor del 20 % de la producción indonesia de aceite de palma. Jimmy Wilopo, de Daemeter Consulting, afirmó que los bosques ocupan el 35 % del paisaje de Siak y Pelalawan, incluidos los depósitos de turba que aún quedan en Sumatra. El Siak Pelalawan Landscape Programme reúne a nueve empresas de las fases iniciales y finales de la cadena de la palma y fomenta la protección de bosques y turberas, la vigilancia de la deforestación, la trazabilidad, el apoyo a pequeños productores y aldeas, el diálogo social y la cooperación con las autoridades locales. El desarrollo de biomasa se evaluará así tanto por sus costes y producción como por el efecto de la obtención de residuos sobre las plantaciones y los ecosistemas sensibles.