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El tránsito de grano ruso por puertos bálticos alarma al sector lituano

Las empresas cerealistas lituanas advierten de que el grano ruso canalizado por puertos bálticos reduce la competitividad regional y encarece los fletes. La presión coincide con una cosecha lituana estimada inicialmente en unos 7,9 millones de toneladas, cuyo potencial exportador dependerá de la calidad.

El tránsito de grano ruso por puertos bálticos alarma al sector lituano

La ruta báltica crece ante los riesgos del mar Negro

El grano ruso transportado por puertos del Báltico plantea un nuevo problema competitivo y político para los exportadores de Lituania y Letonia, según la Asociación Lituana de Procesadores y Comerciantes de Grano, LGPPA. La entidad sostiene que Rusia ha desviado parte de su comercio cerealista desde el mar Negro hacia el Báltico después de que los repetidos ataques contra buques redujeran la seguridad de la navegación en el mar Negro.

La capacidad de los puertos rusos de Vysotsk y Ust-Luga es limitada, lo que aumenta la importancia comercial de las terminales de otros países de la región. El presidente de LGPPA, Karolis Šimas, afirmó que una empresa de carga de Klaipėda continúa trabajando con grano ruso. Señaló a los puertos letones como el punto más vulnerable: su capacidad teórica de exportación es de unos 7–8 millones de toneladas anuales, aunque en la práctica ronda los 5 millones de toneladas. Es una cantidad aproximadamente equivalente a las exportaciones cerealistas conjuntas de Lituania, Letonia y Estonia.

Los cereales no están sujetos a sanciones internacionales y LGPPA considera que las autoridades lituanas y letonas no han creado medidas eficaces para desincentivar estos flujos. Šimas pidió a los ministerios de Agricultura, aduanas, organismos alimentarios y veterinarios, empresas ferroviarias y operadores portuarios que encuentren vías legales para restar atractivo al tránsito ruso. La asociación también sostiene que la mercancía embarcada en puertos bálticos puede parecer ante los compradores una exportación de la Unión Europea, lo que le otorga mayor legitimidad comercial.

El descuento de precios se traslada a la logística

Según LGPPA, el grano ruso es cerca de un 15 % más barato que la oferta competidora de Lituania y Letonia. La diferencia debilita directamente a los vendedores bálticos en mercados sensibles al precio y puede reducir tanto los ingresos agrícolas como los márgenes exportadores. El efecto va más allá del valor del cereal: la demanda adicional de carga ha intensificado la competencia por los buques y ha encarecido el flete de trigo en 7–8 euros por tonelada durante los últimos días.

La presión resulta especialmente importante para Lituania, que produce más grano del que consume y necesita colocar el excedente en mercados exteriores. Sus exportadores compiten con proveedores de Rusia, Ucrania, Rumanía y Bulgaria. África del Sur y del Norte, Oriente Medio y otros destinos extracomunitarios siguen siendo mercados relevantes. Los precios de la competencia, la demanda importadora, los tipos de cambio, los costes de transporte y la geopolítica determinarán el volumen que Lituania pueda vender fuera.

Una cosecha grande con calidad desigual

La disputa sobre el tránsito llega cuando la cosecha lituana se acerca a su fin. Las estimaciones preliminares sitúan la producción conjunta de cereales, colza y legumbres de 2026 en unos 7,9 millones de toneladas, aproximadamente en línea con el año anterior. La previsión presupone que podrán recogerse los cultivos pendientes en el oeste de Lituania y los campos de judías restantes, por lo que la cifra final podría ser inferior.

La colza recibida por los compradores presenta un contenido medio de aceite superior al 47 %, sin que se haya repetido el problema de germinación del año pasado. La clasificación convencional del trigo también es favorable: el 33 % del volumen recibido es de primera clase, el 43 % de segunda, el 10 % de tercera y el 14 % de cuarta. En total, el 76 % corresponde a las dos primeras categorías.

La seguridad alimentaria podría limitar, sin embargo, su comercialización. La fusariosis ha afectado a los cultivos, especialmente en Kupiškis, Biržai y Pasvalys, mientras que algunas muestras contienen niveles elevados de la micotoxina deoxinivalenol, o DON. Los análisis muestran que los daños visibles por Fusarium no indican de forma fiable la concentración de DON. Los controles de laboratorio y la separación de lotes de distinta calidad son, por tanto, esenciales para cumplir los contratos de exportación.

Durante la cosecha, los precios del trigo y la colza en MATIF se situaron un 20–30 % por encima del mismo periodo del año anterior, aunque mantuvieron una evolución volátil. Una cotización más alta no genera un aumento equivalente de los ingresos agrícolas, porque el precio de compra también depende de la calidad, el momento de entrega y la logística. Con una desventaja de precio del 15 % frente al grano ruso y 7–8 euros adicionales por tonelada de flete, los exportadores bálticos afrontan simultáneamente mayores costes y dificultades de acceso al mercado.

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