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Los gasoductos de hidrógeno afrontan dudas por el riesgo de dependencia fósil

Investigadores advierten que las tuberías aprobadas como «hydrogen-ready» podrían seguir transportando gas natural sin plazos vinculantes de conversión. El debate afecta a la red europea de 53.000 kilómetros y a nuevas infraestructuras en Estados Unidos.

Los gasoductos de hidrógeno afrontan dudas por el riesgo de dependencia fósil

Los planes de transporte avanzan más rápido que el mercado

El hidrógeno está llamado a contribuir a la descarbonización donde la electrificación directa resulta difícil, como en la siderurgia, los fertilizantes, la aviación, el transporte marítimo y determinados segmentos del transporte pesado por carretera. También puede utilizarse como materia prima para combustibles sintéticos producidos al combinar hidrógeno con dióxido de carbono. Sin embargo, Il Bo Live señala que el sector todavía no alcanza escala comercial porque la producción, el almacenamiento y el transporte siguen siendo demasiado caros para competir ampliamente con las fuentes de energía establecidas.

Un modelo reduce los desplazamientos al concentrar generación renovable, electrolizadores, almacenamiento y consumidores industriales en valles de hidrógeno locales. El otro pretende crear una red de tuberías comparable a la del gas natural. Esta segunda opción genera dudas porque se plantean grandes inversiones antes de que maduren la oferta y la demanda de hidrógeno de bajas emisiones.

Europa proyecta una red de 53.000 kilómetros

European Hydrogen Backbone, respaldada por unos 30 operadores vinculados principalmente a la industria gasista, aspira a disponer de 53.000 kilómetros de infraestructura en 2040. La italiana SNAM figura entre sus participantes. La inversión anunciada se sitúa entre 80.000 millones de € y 143.000 millones de €. El 40 % de la red correspondería a nuevas tuberías dedicadas al hidrógeno y el 60 % a gasoductos reconvertidos, incluidas las rutas submarinas que actualmente conectan el norte de África con Europa.

Los promotores reconocen que las rutas y el calendario no son definitivos. La configuración dependerá de las condiciones de los mercados del hidrógeno y el gas natural, además de la creación de un marco regulatorio estable. La incertidumbre tiene consecuencias comerciales: las tuberías requieren largos periodos de operación, mientras que el coste de conversión y la disponibilidad futura de hidrógeno de bajas emisiones siguen sin resolverse.

Un proyecto estadounidense revela el riesgo de conversión

Un grupo de investigadores chinos expuso el problema en PNAS mediante un proyecto de Tallgrass Energy en Estados Unidos. En marzo de 2026, el Consejo de la Nación Navajo autorizó de forma condicionada una infraestructura en territorio navajo de Arizona y Nuevo México. El proyecto se presentó inicialmente como una instalación de transporte de hidrógeno, pero ahora se destinará al gas natural, con una posible conversión futura. El promotor atribuyó el cambio a la evolución del mercado, mientras que la Nación Navajo afirmó que no fue consultada sobre la modificación.

Los investigadores denominan esta práctica «transition washing»: los promotores consiguen apoyo al presentar la infraestructura como compatible con un futuro sistema bajo en carbono, aunque mientras tanto puede ampliar el negocio convencional de los combustibles fósiles. Sin definiciones uniformes, verificaciones obligatorias y compromisos vinculantes, los proyectos hydrogen-ready pueden prolongar la dependencia del carbono en lugar de acelerar la descarbonización.

Las diferencias técnicas dificultan reutilizar las redes

No existe una definición común de «hydrogen-ready». La expresión puede describir una tubería capaz de transportar una mezcla de metano e hidrógeno o un gasoducto que quizá lleve hidrógeno en el futuro. A alta presión, el hidrógeno puede reducir la ductilidad y resistencia del acero, generando un riesgo de fractura conocido como fragilización. Su densidad energética volumétrica también equivale aproximadamente a un tercio de la del metano, por lo que exige condiciones distintas de presión y compresión.

Los investigadores no se oponen al uso del hidrógeno. Consideran que puede desempeñar un papel en la siderurgia, el transporte marítimo, los combustibles de aviación y determinadas actividades de transporte pesado. Proponen exigir que cada proyecto indique si admite mezclas o hidrógeno puro y que detalle presión operativa, propiedades del acero, compresores, válvulas, juntas y calendario de conversión. Para productores, operadores de redes y compradores industriales, estos datos determinarán si la capacidad anunciada crea un mercado real de hidrógeno o permanece dentro del sistema gasista.

Análisis completo del mercado

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