Europa avanza a dos velocidades en el coche eléctrico: Italia se queda en el 6,4 % de las matriculaciones
Los datos de matriculaciones de ACEA muestran que los coches eléctricos supusieron el 6,4 % de las matriculaciones de turismos en Italia durante el verano, uno de los porcentajes más bajos de Europa. La brecha entre mercados rápidos y lentos se amplía bajo un marco regulatorio único, con efectos sobre el reparto de volúmenes, la capacidad de los proveedores y el comercio de vehículos.
La adopción del coche eléctrico en Europa está separando a los mercados nacionales en dos grupos, e Italia se sitúa con claridad en el más lento. Los vehículos de batería representaron el 6,4 % de las matriculaciones de turismos nuevos en el país, según los datos de matriculación que recopila ACEA, la asociación europea de fabricantes de automóviles, correspondientes a los meses de verano recién terminados.
Italia, en la cola del pelotón europeo
Una cuota del 6,4 % significa que menos de uno de cada quince turismos matriculados en Italia es eléctrico. Italia es uno de los mercados de turismos más grandes de la Unión Europea por volumen, de modo que una cuota tan baja no es un artefacto estadístico de una muestra pequeña: refleja el comportamiento de los compradores en un mercado relevante para las cifras europeas. Para los fabricantes implica además que la cartera de pedidos italiana sigue dominada por motorizaciones de combustión e híbridas justo cuando otros mercados europeos avanzan bastante más rápido.
La serie mensual de ACEA es el conjunto de datos de referencia del sector del automóvil europeo. La asociación agrega las matriculaciones de vehículos nuevos que comunican las autoridades nacionales de registro y las desglosa por tipo de motorización. Las matriculaciones son la mejor aproximación disponible a las ventas y, al tratarse de registros administrativos y no de cifras declaradas por los fabricantes, son las que utilizan analistas, proveedores y reguladores para medir la velocidad real del cambio de motorización.
Un solo reglamento, dos velocidades
La divergencia importa porque el marco regulatorio no varía por país. A los fabricantes que venden en la Unión Europea se les mide por las emisiones del conjunto de su flota en el bloque, no mercado por mercado, así que una demanda eléctrica débil en un país debe compensarse con una demanda más fuerte en otro. La brecha nacional se convierte entonces en un problema comercial de asignación de volúmenes. Los factores que suelen explicar estas diferencias son nacionales, no europeos:
- el importe y la estabilidad de las ayudas a la compra, que se fijan a escala nacional y cambian con frecuencia;
- la densidad de la infraestructura de recarga, sobre todo fuera de los grandes núcleos urbanos;
- el peso del canal de empresa y flotas, que adelanta la electrificación en mercados donde el coche de compañía supone una parte elevada de las matriculaciones.
Qué supone la brecha para la cadena de suministro
Para los proveedores de componentes la cuestión práctica es dónde instalar capacidad. Las celdas de batería, la electrónica de potencia, los sistemas de gestión térmica y el equipamiento de recarga siguen al volumen de matriculaciones, y con un 6,4 % Italia genera una fracción del contenido eléctrico por vehículo nuevo que aportan los mercados más rápidos. La misma lógica se aplica a las redes de concesionarios, el utillaje de taller y la formación de técnicos, que se financian contra volúmenes esperados y no contra objetivos anunciados.
La brecha también condiciona el comercio de vehículos terminados. Los modelos eléctricos se fabrican en un número relativamente reducido de plantas y se envían hacia los mercados que los absorben; un mercado al 6,4 % atrae proporcionalmente menos. El efecto es el contrario para la producción de combustión e híbridos, que conserva en Italia una salida doméstica mayor de lo que sugiere la tendencia europea. Que eso se mantenga dependerá de si la demanda italiana converge con la de los mercados líderes o de si el patrón de dos velocidades visible en los datos del verano se consolida como rasgo estructural del mercado europeo.