La falta de competencia amenaza el ahorro de 22.270 millones en biosimilares en España
Los biosimilares podrían ahorrar 22.270 millones de euros al Sistema Nacional de Salud entre 2024 y 2030. Sin embargo, IQVIA advierte de que el 55% de los biológicos que pierdan la patente podrían quedarse sin un competidor biosimilar.
El ahorro anual crecería hasta 2030
Los medicamentos biosimilares podrían ahorrar 22.270 millones de euros al Sistema Nacional de Salud español entre 2024 y 2030, según un informe de la Asociación Española de Biosimilares, BioSim, citado por El Economista. La previsión anual aumenta desde 2.068 millones de euros en 2024 hasta 2.410 millones en 2025, 2.836 millones en 2026 y 3.189 millones en 2027. Para 2028 se calculan 3.536 millones, seguidos de 3.878 millones en 2029 y 4.352 millones en 2030.
La estimación abarca una cartera española que contará con medicamentos de 27 moléculas durante los próximos cinco años. El cálculo parte de los 5.803 millones de euros ahorrados entre 2020 y 2023. Cinco productos aportaron el 73,9% de esa cifra: adalimumab generó 1.814 millones; infliximab, 1.062 millones; rituximab, 529 millones; eritropoyetina, 497 millones; y bevacizumab, 375 millones.
Un grupo reducido concentra el beneficio
Los biosimilares de adalimumab producirían el mayor ahorro anual en 2030, con 1.152,9 millones de euros. Entre los productos que compiten con el medicamento de referencia Humira, de AbbVie, figuran los de Stada, Amgen, Sandoz y Celltrion. Le siguen ustekinumab, con un ahorro previsto de 693,4 millones; infliximab, con 546,4 millones; rituximab, con 212,3 millones; y bevacizumab, con 173,5 millones.
La oferta debería seguir ampliándose. El Economista indicó que en 2025 estaba previsto iniciar la comercialización de biosimilares de denosumab, omalizumab y aflibercept. Golimumab y pertuzumab estaban programados para 2026, mientras que vedolizumab llegaría en 2028. Los biosimilares de nivolumab y secukinumab se esperan a comienzos de la próxima década. Para entrar en el mercado español, el biosimilar debe ofrecer un precio entre un 20% y un 30% inferior al del producto de referencia, según el informe de BioSim.
La baja rentabilidad puede dejar patentes sin relevo
El riesgo principal es que la expiración de una patente no genera competencia por sí sola. Un informe de IQVIA citado por El Economista estima que el 55% de los medicamentos biológicos que pierdan la protección podrían no disponer de un biosimilar. La evolución de los precios y el volumen de ventas de cada molécula determinan si su desarrollo resulta comercialmente atractivo. BioSim también advierte de que una erosión excesiva de los precios puede reducir los incentivos para invertir en investigación y desarrollo y limitar a medio y largo plazo el ahorro para el sistema sanitario.
La adopción es más rápida en tratamientos agudos dispensados en hospitales, seguida por las terapias crónicas, mientras que avanza con mayor lentitud en las oficinas de farmacia. La mayoría de los biosimilares se administra en hospitales, donde su efecto sobre el gasto farmacéutico es más intenso. España necesita, por tanto, precios suficientemente bajos para generar ahorro público, pero también un mercado capaz de sostener a varios proveedores. Sin incentivos a la inversión, conocimiento entre los médicos y una demanda adecuada, los 22.270 millones previstos dependen de una competencia que podría no aparecer en numerosos biológicos sin patente.