El diésel se dispara en Europa y reabre el debate sobre los precios en Alemania
El diésel subió con fuerza en Alemania ante las amenazas al tráfico marítimo por Bab el Mandeb y la tensión en el estrecho de Ormuz. Los impuestos y costes climáticos alemanes reavivan el debate sobre controles, mientras España conserva el segundo diésel más barato de la UE.
Los riesgos marítimos impulsan otra subida de los carburantes
El diésel se ha encarecido con fuerza en varias zonas de Europa porque la tensión en dos pasos marítimos estratégicos eleva la incertidumbre sobre el suministro energético y los costes de transporte. En Alemania, numerosas gasolineras aumentaron sus tarifas al mediodía del sábado, pese a que el crudo no cotizaba en bolsa durante el fin de semana. En algunas estaciones, el diésel subió unos 0,20 € por litro hasta cerca de 2,56 €, y la gasolina también se encareció.
El riesgo más inmediato se concentra en Bab el Mandeb, entre Yemen y el Cuerno de África, que conecta el mar Rojo con las rutas marítimas entre Europa y Asia. La milicia hutí amenaza con bloquear permanentemente el estrecho. Otra escalada podría obligar a los buques mercantes a evitar el mar Rojo y rodear el cabo de Buena Esperanza, alargando considerablemente los viajes y elevando los fletes. El escenario todavía no se ha materializado por completo, pero las expectativas de interrupciones ya afectan al mercado minorista de combustibles.
El diésel alemán supera de media los 2,38 €
El nuevo repunte llega después de que el diésel alemán alcanzara un máximo mensual superior a 2,38 € por litro de media. El anterior récord histórico fue de 2,446 € por litro, registrado el 7 de abril. Como la normativa vigente solo permite elevar los precios una vez al día, a las 12:00, el sábado por la mañana se formaron colas en algunas estaciones antes del ajuste.
La presión no se limita al mar Rojo. El estrecho de Ormuz, entre Irán y Omán, sigue siendo otro foco de riesgo. Es una de las rutas de petróleo y gas más importantes del mundo, por la que pasa una parte significativa de las exportaciones globales de crudo y gas natural licuado. La presión simultánea sobre Ormuz y Bab el Mandeb expone a los compradores europeos tanto a posibles cortes de suministro como a mayores costes marítimos.
Los impuestos y las normas climáticas amplían la brecha alemana
Un estudio de Frontier Economics encargado por la asociación sectorial Fuels & Energie EN2X, que agrupa entre otras empresas a BP, Shell y Esso, concluyó que Alemania tiene el diésel más barato de Europa antes de sumar gravámenes estatales, impuestos y determinados costes regulatorios. Con el mismo criterio, la gasolina alemana sería la segunda más barata. El resultado dirige la atención hacia los cargos que se añaden entre el suministro mayorista y el surtidor.
El estudio señala como factores relevantes la directiva europea sobre energías renovables y los objetivos alemanes de CO₂, más estrictos. Para evitar sanciones mayores por incumplimiento, las compañías compran certificados, incluso a propietarios de vehículos eléctricos. Según el informe, esos certificados añaden 0,18 € por litro al diésel alemán, frente a 0,03-0,09 € en la mayoría de los demás países de la UE.
España y Malta mantienen una ventaja considerable
España ofrece actualmente el segundo diésel más barato de la Unión Europea, a 1,795 € por litro. Malta continúa como el mercado más económico, seguida de España, Bulgaria y Hungría. El Gobierno maltés mantiene los precios congelados desde 2020 en 1,34 € por litro de gasolina y 1,21 € por litro de diésel. Esta intervención directa muestra cómo una política nacional puede aislar temporalmente los precios internos de la evolución general del mercado europeo.
Los elevados precios alemanes han reactivado las peticiones de un límite para los carburantes y un gravamen sobre los beneficios extraordinarios. El Gobierno alemán, sin embargo, responsabiliza a las grandes compañías. La ministra de Economía, Katherina Reiche, prepara una estrategia nacional para las refinerías, con una primera reunión prevista para octubre. El debate combina así la respuesta al choque geopolítico inmediato con la definición del papel futuro de los impuestos, las obligaciones climáticas y la competencia.