Bangladés lidera el rendimiento arrocero en Asia del Sur, pero apenas supera la media mundial
Bangladés obtuvo unas 5,3 toneladas de arroz cáscara por hectárea en 2024, el mayor rendimiento de Asia del Sur pero cercano a la media mundial de 4,7 a 4,8 toneladas. Con 41,9 millones de toneladas producidas en el ejercicio fiscal 2025, la factura de importación alcanzó un récord de 682,4 millones de dólares tras las inundaciones. El límite real está en la adopción tecnológica y el manejo agronómico, no en la falta de variedades.
Bangladés registró en 2024 el mayor rendimiento arrocero de Asia del Sur, con unas 5,3 toneladas de arroz cáscara por hectárea, por delante de India con cerca de 4,3 toneladas, Nepal con 4,19 toneladas y Pakistán con 3,74 toneladas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) citados por el diario The Business Standard. Frente a las referencias mundiales, esa misma cifra sitúa al país en la mitad de la tabla.
La media mundial ronda las 4,7 a 4,8 toneladas por hectárea. China alcanza unas 7,1 toneladas, Estados Unidos 8,68 toneladas y Australia 11,9 toneladas. Egipto, un productor semidesértico, se aproxima a 9,1 toneladas por hectárea. Esa distancia entre el liderazgo regional y la frontera mundial es lo que convierte una estadística de productividad en un problema de abastecimiento.
Las inundaciones disparan la factura importadora
Bangladés produjo alrededor de 41,9 millones de toneladas de arroz en el ejercicio fiscal 2025, según el Departamento de Extensión Agrícola, y aun así importó 1,436 millones de toneladas, el mayor volumen en siete años. En valor el cambio fue mucho más brusco: las importaciones de arroz pasaron de 25,4 millones de dólares en el ejercicio 2024 a 682,4 millones de dólares en el 2025, un aumento del 2.584 %, después de que las inundaciones dañaran más de 1 millón de toneladas de arroz nacional.
La base de recursos que sostiene esa producción también está tensionada. El sistema boro, intensivo en agua subterránea, presiona cada vez más los recursos hídricos, sobre todo en el noroeste propenso a la sequía, lo que limita cuánto puede aportar más riego a la producción nacional. Con el crecimiento del rendimiento en desaceleración y los choques climáticos exponiendo los límites de la oferta interna, la importación funciona como colchón y no como complemento marginal.
La tecnología llega al laboratorio, no al campo
Sayla Khandoker, profesora auxiliar del Departamento de Economía Agrícola de la Universidad Agrícola Sher-e-Bangla, señaló que la productividad depende del potencial genético, del uso de insumos como semilla, fertilizante, mano de obra y riego, de la adopción tecnológica, la calidad del suelo, el riesgo climático y factores socioeconómicos como la experiencia agrícola, la educación y el contacto con los servicios de extensión. La dificultad de Bangladés, afirmó, es convertir la tecnología disponible en una adopción rentable y fiable a gran escala.
El Instituto de Investigación del Arroz de Bangladés (BRRI) ha desarrollado unas 127 variedades modernas de alto rendimiento, incluidas tolerantes a la salinidad, tolerantes a la sequía y de ciclo corto. «Pero ¿cuántas están realmente en los campos de los agricultores? Esa es la principal preocupación», dijo Khandoker, que identifica como restricción determinante la débil articulación entre investigación, extensión y productores. Los estudios citados en el reportaje hallaron que quienes adoptan variedades híbridas son un 6,24 % más eficientes técnicamente y registran rendimientos previstos un 12,03 % superiores.
El manejo pesa más que la genética
Jahangir Alam Khan, economista agrario y ex miembro-director del Consejo de Investigación Agrícola de Bangladés, atribuye el techo productivo a una combinación de límites tecnológicos y de gestión. Las prácticas de manejo son menos eficientes que en China o Estados Unidos, señaló, y el fertilizante y el agua no siempre se aplican en niveles óptimos: en algunos casos en exceso y en otros por defecto. La calidad del suelo se resiente y las medidas de recuperación no se aplican de forma sistemática.
Aun así, la base científica es sólida. Khan cifra en unas 120 las variedades desarrolladas por el BRRI, y en torno a 150 el total sumando universidades e instituciones como el Instituto de Agricultura Nuclear de Bangladés. Un estudio del BRRI titulado «Doubling Rice Productivity in Bangladesh» concluyó que un mejor manejo podría reducir en cerca del 41 % la ganancia genética necesaria para alcanzar los objetivos de productividad a largo plazo, y la investigación a nivel de finca sitúa al manejo por encima de la genética como fuente de variación del rendimiento.
Tres caminos seguidos fuera
Los países de referencia mencionados en el reportaje avanzaron por vías distintas:
- China empujó la frontera genética con décadas de investigación estatal en arroz híbrido: redujo la superficie arrocera cerca del 14 % después de 1978 mientras elevaba la producción más del 44 %; su programa de superhíbridos apunta a unas 12 toneladas por hectárea, con variedades experimentales que superan las 17 toneladas.
- Vietnam apostó por el manejo ante la presión ecológica en el delta del Mekong, con riego alterno de humedecimiento y secado en lugar de inundación permanente, junto al programa «Un Millón de Hectáreas de Arroz de Alta Calidad».
- Estados Unidos y Australia optaron por la agricultura de precisión intensiva en capital, con preparación mecanizada del suelo, fertilización precisa, riego controlado y monitoreo de los cultivos.
Owen Calvert, Chief of Party y jefe de equipo en Bangladés del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), define la próxima etapa como una de eficiencia y no de expansión: la productividad debe subir usando tierra, trabajo, agua y fertilizante de forma más sostenible. Con apoyo del gobierno de Estados Unidos, el CIMMYT desarrolla tecnología para una colocación más precisa del fertilizante en el cultivo de arroz, y Calvert añadió que el trasplante mecanizado puede paliar la escasez de mano de obra y permitir un establecimiento más oportuno del cultivo.