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Un panel de expertos australiano señala que los datos satelitales y aéreos podrían cambiar las estimaciones de metano del carbón

Un informe preliminar del panel encabezado por la exasesora científica jefe Cathy Foley concluye que las mediciones con satélites, aviones y drones pueden mejorar las estimaciones australianas de emisiones fugitivas de metano. Las minas de carbón figuran oficialmente con cerca del 5% de las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero, aunque trabajos independientes apuntan a una subestimación. Los satélites todavía no permiten reportar emisiones de instalaciones individuales por sí solos.

Un panel de expertos australiano señala que los datos satelitales y aéreos podrían cambiar las estimaciones de metano del carbón

Un informe preliminar elaborado por un panel de expertos australiano concluye que las técnicas de medición atmosférica —sensores en satélites, aviones, drones y estaciones terrestres— podrían mejorar de forma sustancial las estimaciones nacionales de emisiones fugitivas de metano. La minería del carbón es el sector donde la brecha entre lo reportado y lo medido resulta más discutida. Los hallazgos fueron informados por Renew Economy.

El encargo del panel

El panel, encabezado por la exasesora científica jefe Cathy Foley, debía estudiar si los nuevos enfoques de medición atmosférica pueden mejorar las estimaciones australianas de metano fugitivo. El informe señala que existe un interés creciente en nuevas formas de detectar y cuantificar el metano en la atmósfera, y afirma que estos enfoques «descendentes» pueden mejorar los cálculos oficiales, ya que reducir las emisiones de metano contribuye a frenar el cambio climático en el corto plazo.

La recomendación original provino de la Climate Change Authority federal, que aconsejó al gobierno mejorar la precisión de la medición, el reporte y la verificación del metano y apoyar su mitigación en los subsectores del carbón y del petróleo y el gas. El panel continuará evaluando distintos enfoques descendentes, tipos de fuente y casos de uso, con el objetivo de determinar cuáles pueden emplearse para actualizar las estimaciones oficiales.

El peso del carbón en el balance de emisiones

Según los métodos que emplea actualmente el gobierno federal, las minas de carbón representan cerca del 5% del total de emisiones de gases de efecto invernadero de Australia, más del triple de las emisiones fugitivas atribuidas a las instalaciones de petróleo y gas. La Agencia Internacional de la Energía figura entre los organismos que han cuestionado la exactitud de los reportes de metano frente a lo que realmente se libera a la atmósfera, siendo el sector energético potencialmente el más desviado.

La organización sin fines de lucro Climate Council plantea la misma duda sobre el carbón australiano. Su informe de 2024 concluyó que minas que producen el 7% del carbón del país emitían alrededor de la mitad del total nacional de metano, a partir de estimaciones que incorporaron sensores aéreos y satelitales. La potencia del gas agrava el problema: en un horizonte de 20 años, el metano tiene un potencial de calentamiento global más de 100 veces superior al del CO2.

Lo que la tecnología puede y no puede hacer

El informe delimita con claridad los alcances de las herramientas disponibles y subraya que los métodos descendentes deben complementar, y no sustituir, la contabilidad ascendente que hoy utilizan las mineras:

  • Los satélites sirven para localizar grandes emisores y entender las emisiones a escala regional, pero todavía no pueden usarse por sí solos para reportar emisiones de instalaciones individuales.
  • Los enfoques aéreos resultan prometedores porque detectan emisiones más pequeñas en superficies extensas.
  • Los sensores terrestres y los drones forman parte del mismo conjunto de herramientas; las detecciones se utilizan después para cuantificar las emisiones.

David Etheridge, antiguo investigador principal senior del CSIRO, explicó a Renew Economy que medir con precisión es difícil porque las lecturas de concentración deben corregirse por la dispersión atmosférica. «Si estás cerca de una fuente cuando la atmósfera se mezcla poco, puedes obtener una concentración enorme aunque no sea realmente una fuente muy grande», señaló. Hace una década, su grupo aplicó mediciones de emisiones a un yacimiento de gas de carbón en la cuenca de Surat, en Queensland, y encontró algo más de lo que estimaba el cálculo ascendente.

Minas subterráneas frente a cielo abierto

Etheridge indicó que las estimaciones del carbón subterráneo están razonablemente bien hechas, porque esas minas suelen tener un gran reservorio de metano con pocas salidas. Cuando se ventila, se puede medir la concentración que sale y multiplicarla por el caudal del conducto. Las minas a cielo abierto son más complicadas: el metano escapa por muchos puntos y en momentos distintos, y los operadores extrapolan unos pocos experimentos pequeños a un yacimiento enorme, un procedimiento que, según dijo, puede generar todo tipo de errores que los métodos descendentes corregirían.

La dimensión comercial no se limita al cumplimiento normativo. La investigación de Etheridge, incluido un artículo de 2020 dirigido por Ben Hmiel, halló que las emisiones fósiles de origen humano estaban subestimadas en unos 58 millones de toneladas de metano al año. Calificó esa subestimación global de buena noticia, porque identifica metano que puede mitigarse y capturarse en lugar de perderse: «Es un producto perdido. Nos gustaría recoger ese metano, quemarlo y usarlo». Con el gas ahora más caro, añadió, las empresas tienen más incentivos para detectar y reparar fugas. El informe llega mientras Coal Australia, grupo de presión de las mayores mineras de carbón del país, desarrolla su campaña «Forging the Future».

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